“Papá y mamá discuten, ¿es que ya no se quieren?”

En ocasiones los padres discuten delante de los hijos sin sospechar hasta qué punto puede afectarles o cómo se pueden sentir. Es importante saber discutir y procurar que nuestros hijos no se vean afectados por nuestras discusiones. Por ello, es imprescindible tener presente qué conductas y actitudes debemos evitar cuando discutamos con nuestro cónyuge.

Todos los padres discuten.

Las discusiones entre los padres son frecuentes y se originan por muy diversas razones:

  • Unas veces, se producen por motivos importantes y transcendentes como la decisión en la compra de una vivienda, la elección de un cambio de ciudad, poder cambiar de puesto de trabajo, la forma de educar a los hijos, etc.
  • Sin embargo, la mayoría de las veces, los padres discuten por cosas que carecen de importancia como las tareas domésticas, la elección de un canal de televisión o donde salir a comer.
  • Las discusiones surgen, básicamente, porque no estamos de acuerdo en algo o con alguien y no somos capaces de llegar a un entendimiento hablando con tranquilidad, o exponiendo nuestros argumentos con claridad.
  • Otras veces, la discusión se origina porque nos cogen en un mal momento y no controlamos nuestras emociones, ya que nos sentimos enfadados, cansados, preocupados, o porque hemos tenido un mal día en el trabajo… y cualquier intento de tratar algún tema controvertido o intentar llegar a un acuerdo o, simplemente hablar sobre algún tema que no nos apetezca, puede ser el detonante de una discusión. En definitiva, podemos decir en estos casos que el momento era inoportuno.

Discutir de vez en cuando es natural y sano. Puede ser muy positivo para los padres ya que ayuda a exteriorizar sus sentimientos, a expresar sus diferentes puntos de vista y a decir qué piensan y qué sienten sobre diferentes temas. No hay que darle excesiva importancia a las discusiones, siempre que no sean muy frecuentes, que los padres no lleguen a faltarse el respeto ni a decirse palabras ofensivas y que, tras la discusión, se haga evidente el perdón y la reconciliación.  

Sería conveniente explicarles a los hijos que discutir es algo normal, que forma parte de las relaciones personales, que a través de ellas los padres pueden llegar a un mejor entendimiento. Sobre todo, aclararles y explicarles con detenimiento que cuando esto se produce no es motivo para que se asusten ni para que piensen que por ello sus padres están dejando de quererse.

Por esto, el problema no es que los padres discutan, sino que las discusiones sean destructivas donde no se escucha al otro ni pretendemos llegar a un acuerdo y, por tanto, lo único que queramos sea ganar y tener la razón.

¿Cómo se sienten los niños cuando sus padres discuten?

Los niños se preocupan y se angustian cuando sus padres discuten. El tono de las discusiones y las palabras de enfado que se emplean en ellas, suele asustar e inquietar a los hijos, incluso pueden llegar a pensar que sus padres no se llevan bien y se van a separar. Ellos no distinguen si el motivo de la discusión es importante o no, tan sólo observan cómo sus padres se hablan de forma alterada y cómo se produce una situación tensa en la familia.

Cuando las discusiones son fuertes los niños se intranquilizan y se ponen muy tensos. Ellos viven ese momento de forma muy intensa, temen por lo que pueda suceder, no piensan que es un hecho aislado en la vida de sus padres y ello les produce una gran tensión y estrés.

Cuando los padres discuten delante de otras personas o de los amigos de sus hijos, éstos sienten vergüenza y lo viven como algo personal, ya que no pueden entender por qué sus padres les hacen eso a ellos.

Además, conviene destacar que en las familias donde las discusiones son muy frecuentes los hijos suelen presentar retrasos a nivel académico. Está demostrado que los niños que viven en familias donde la discusión es una práctica habitual y, por tanto, no tienen un buen ambiente familiar, tienen un rendimiento académico inferior.

Lo que nunca se debe hacer en las discusiones.

  1. Faltarle el respeto a nuestra pareja, utilizar palabras que puedan ser ofensivas o causarle daño intencionadamente.
  2. Jamás una discusión puede terminar en violencia. Los padres no pueden llegar al extremo de empujarse, lanzarse objetos o incluso llegar a pegarse. Los padres no pueden perder el control hasta ese extremo y si así fuese, tendrían que pedir ayuda para solucionar sus desavenencias y para aprender a discutir sin llegar a la agresión.
  3. Implicar a los hijos en la discusión e intentar que tomen partido, haciéndoles que se pronuncien a favor de uno de los dos. 
  4. Ponerse a la defensiva o sentirse atacado antes de escuchar.
  5. Recriminar o recordar otras situaciones parecidas que ya han pasado. Hay que centrarse en el problema que ha dado origen a esa discusión y olvidarse de otros temas ya pasados.
  6. No debemos guardarnos los problemas para evitar una disputa, porque conforme pasa el tiempo, lo más probable es que esa actitud se vuelva en nuestra contra, el problema se agrave y se convierte en algo aún más difícil de solucionar.
  7. Aunque estemos muy enfadados no debemos irnos a la cama sin antes desearnos las buenas noches.
  8. Si estamos muy alterados y pensamos que es imposible razonar o discutir con cierta tranquilidad, debemos dejar un momento la discusión hasta que estemos un poco más serenos. Debemos tener cuidado y no permitir que esa pausa se convierta en una huida del problema, tan solo es para relajarnos ya que los problemas siempre hay que afrontarlos.

¡Un saludo!