Adolescencia. Consideraciones para convivir (o sobrevivir) en casa

ADOLESCENTES

Adolescencia. He conocido a más de un padre y una madre (muy) preocupados por lo que puede llegar a ocurrir cuando su hijo o hija llegue a la adolescencia. Y es que esta etapa en la vida, por las características propias que tiene, puede ser una de las más complicadas y tormentosas en cuanto a la relación y convivencia padres-hijos. Así, podemos llegar a pensar que, durante los años en los que nuestros hijos transitan por esta etapa vital, parece que nos los han cambiado. De repente, la princesita que era tu niña se convierte en la madrastra del cuento. Y qué decir de tu príncipe: es como si hubiera sufrido un mal hechizo y se ha convertido en una especie de ogro al que, ni tan siquiera, se le puede hablar.

Bromas aparte, hay que tener muy claro que la adolescencia es una etapa más por la que hay que pasar en la vida y que, dicho sea de paso, no hay fórmulas mágicas que aseguren una buena y agradable transición entre esta etapa y la juventud. Por no decir que una gran parte de cómo sea la convivencia en casa durante esta etapa, va a tener mucho que ver con las experiencias previas cuando el adolescente era un niño. Por ejemplo, si cuando nuestros hijos son niños acostumbramos con ellos a conversar y charlar, nos resultará mucho más fácil acercarnos a ellos en la adolescencia para tratar de hacerlo, que si no lo hemos hecho con anterioridad. Y es que esto me recuerda a un caso que atendí en consulta: el de unos padres angustiados que querían que viese a su hijo porque el chaval no hablaba con ellos, que no les contaba las cosas que le pasaban. De esta manera, cuando me dispuse a indagar por la cuestión y pregunté que cuándo había dejado de hablarles, resultó que los padres reconocieron que nunca habían tenido la costumbre de conversar con su hijo.  Así pues, aquí va una primera consideración para los padres que, o bien ya tenéis hijos adolescentes o, por el paso inexorable del tiempo, los vais a tener: la adolescencia se prepara desde la infancia

Una de las notas más características de la adolescencia es la rebeldía. En efecto, es durante esta etapa cuando el adolescente empieza a cuestionar las normas impuestas por sus progenitores. Este hecho resulta complicado de abordar por muchos padres, pero es parte esencial del desarrollo sano del adolescente hacia la vida adulta. Desafiando los límites marcados, se lleva a cabo la búsqueda de la propia identidad y el autoconocimiento. Además, como factor fundamental en esta etapa, se presenta también la identificación del adolescente con el grupo de iguales o amigos, alejándose de sus padres, quienes pierden el protagonismo de la infancia.

Así pues, apuntado todo esto, quisiera dar algunas pautas de acción para los padres que tenéis hijos adolescentes, con el fin de que la convivencia en casa sea lo más llevadera posible o, al menos, se pueda sobrevivir a esta etapa de la vida.

  1. Comunicación y Conducta.
    • Es importante ayudar a los adolescentes a que sean capaces de expresar sus sentimientos, las razones y explicaciones para las conductas que llevan a cabo. De esta forma se podrán plantear alternativas saludables a esas conductas no deseadas. Un ejemplo sería la expresión de la ira de forma más saludable que la mera agresión a un amigo en el ámbito escolar. En este sentido, los progenitores deben ser ejemplo y modelo de dicha conducta positiva, tratando de representar siempre la alternativa que se pide que siga el adolescente, por ejemplo, evitando levantar la voz durante las discusiones.
  2. Límites y Normas.  Ni que decir que, llegada la adolescencia, la disciplina sigue siendo vital para la educación y el adecuado desarrollo del adolescente. Es muy importante no olvidar que:
    • Es fundamental que los padres se presenten ante el adolescente como unidos en un frente común. No deberían contradecirse ni formar alianzas con el adolescente, quien debe comprender que las normas y límites son compartidos entre ambos progenitores.
    • Es crucial que los límites que se marquen y las normas asociadas a ellos se fijen sobre aquellas cosas que supongan un riesgo para el adolescente en este proceso de experimentación que atraviesa, respetando su necesidad de individuación cuando esta no le vaya a generar ningún daño.
    • Las normas nuevas deben introducirse seguidas de una explicación para el adolescente del por qué de la necesidad de dicha norma. No deben establecerse nuevas normas de forma impulsiva, fruto del enfado.
    • Permitir la participación del adolescente en la creación de nuevas normas, enseñándole así a que sepa negociar, demostrando que se valora su opinión. Está implicación puede hacer que se sienta más comprometido con el cumplimiento de la nueva norma, ya que ha contribuido en su elaboración.
    • Una vez establecidas, las normas deben ser consistentes y firmes, lo que quiere decir que no pueden ser sujetas a cambios o excepciones indiscriminados. Si las normas cambian según conveniencia, o se cede ante las insistencias del adolescente, este aprenderá a burlar el límite e incluso en ocasiones, a desafiarlo abiertamente portándose mal, sabiendo que de esta forma conseguirá aquello que quiere.
    • No obstante, a medida que el adolescente crezca, se debe dejar abierta la vía de la negociación, posibilitando la adaptación de las normas y límites a la edad y la madurez que demuestre. Algunos ejemplos podrían ser la hora de llegar a casa o la privacidad demandada.
  3. Autonomía. Los adolescentes deben aprender a solucionar sus propios problemas y diseñar sus propias estrategias de afrontamiento de los mismos, y los padres deberían apoyar este aprendizaje, pero permitiendo a la vez la autonomía. El adolescente, preferiblemente, debería conocer los límites de antemano, así como las consecuencias de llevar o no a cabo una conducta. Esto quiere decir que el adolescente, antes de incumplir una norma, podría conocer la consecuencia de hacerlo y entonces tomar una decisión libre al respecto. Además, de este modo también se evitaría poner normas en los momentos inmediatamente seguidos al incumplimiento, que habitualmente llevan a amenazar al adolescente con castigos que no se van a poder cumplir o no se van a mantener en el tiempo.
  4. Tareas de casa. Es buena idea colaborar con el adolescente para seleccionar qué tareas prefiere realizar, de modo que sirva como compromiso para su realización. La asignación de tareas favorece la autonomía y el aprendizaje de cara a la vida adulta, lo que a su vez puede influir en el desarrollo de una autoestima positiva.
  5. Refuerzo Positivo. Es crucial ser capaces de reconocer al adolescente aquello que hace bien y reforzárselo, sobre todo si esperamos que esa conducta sea repetida en el futuro.
  6. PACIENCIA, Cariño, Amor, Empatía y HUMOR. Nunca estará de más todo lo que podáis añadir de estos ingredientes en la convivencia en casa con vuestro/s adolescente/s.

Sin duda alguna, hay muchas más consideraciones al respecto y algunas las reservamos para posteriores blogs. Pero nos gustaría conocer vuestras opiniones, así que os animamos a que dejéis vuestras vuestras impresiones en los comentarios.

¡Un fuerte abrazo!

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