Algunos consejos para mejorar la autoestima.

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En el post de la semana pasada (Creencias propias que estorban, ¿las-crees?), tuvimos la oportunidad de comentar acerca de una serie de creencias propias que, si no se gestionaban bien, podían llegar a convertirse en graves obstáculos en el desempeño personal. Obstáculos que, definitivamente, irían minando y erosionando gravemente la autoestima.

A menudo nos confundimos sobre lo que significa tener una sana autoestima. Hay quien piensa que tiene que ver con la manera de entender o de mirar lo que les ocurre en la vida, otros piensan que tiene que ver con lo popular o aceptado que se es para con los amigos u otras personas. Otros llegan a pensar que tener un gran cuerpo le ayudará a ganar autoestima, mientras que otros piensan que realmente necesitan haber logrado algo con el fin de tener una buena autoestima. Reducido a la máxima simplicidad, la autoestima significa, primordialmente, el aprecio por uno mismo, por todo lo que se es y que te singulariza como persona, incluyendo tus fallos y tus debilidades.

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, la autoestima es importantísima, ya que afecta a nuestra manera de estar y actuar en el mundo y de relacionarnos con los demás. Y es que nada en nuestra manera de pensar, de sentir, de decidir y de actuar escapa a la influencia de la autoestima. Entonces, la autoestima supone reconocerse como uno es, pero esto no significa que no se haya de aceptar algunas de nuestras características (nadie es perfecto), o cambiar algunos de nuestros comportamientos con el objetivo de mejorar o crecer personalmente. Merece a pena comentar que otras culturas no lidian tanto con la autoestima como lo hacemos los occidentales, tal vez por el énfasis que ponemos en indicadores materialistas de la autoestima, como: qué tipo de coche conduces, cómo de grande es tu casa, o cuánto dinero ganas.

Las personas con una buena y sana autoestima son capaces de sentirse bien consigo mismas por lo que son, aprecian su propio valor, y se enorgullecen de sus habilidades y logros. También reconocen que, aunque no son perfectos y tienen defectos, esos defectos no juegan un papel abrumador o irracionalmente grande en sus vidas, llevándoles a menospreciar la imagen que tienen de sí mismos.

Todo esto me lleva a tratar de responder brevemente a una pregunta que a menudo me hacen: ¿Cómo mejorar mi autoestima? Vamos a ello.

  • Evalúate de forma realista. Como no se puede arreglar lo que no se sabe, tienes que ser consciente de tus cualidades y defectos. No tengas miedo de examinarte en profundidad, ya verás como encuentras más puntos positivos de los que crees. Todo esto te irá dando pistas sobre qué rumbo tomar para tratar de cambiar lo que no te guste. Si hay algo en ti que no te gusta, mira hasta qué punto puedes cambiarlo y ponte manos a la obra. Puede ser difícil pero el esfuerzo habrá valido la pena.
  • Establece expectativas realistas. Establecer expectativas poco realistas sobre nosotros mismo puede llegar a mutilar cruelmente nuestra autoestima. Hay quien se marca una serie de expectativas que, lejos de proporcionarle un estímulo, se acaban convirtiendo en una losa. Recuerdo el caso de una paciente que me decía que, antes de cumplir los 35 años, tenía que haber conseguido: llegar a ser una mujer de negocios de éxito, haber encontrado un marido atento y cariñoso y tener, al menos, tres hijos “estupendos”. No hace falta decir, que los 35 años llegaron y que nada de lo que se puso como expectativa estaba, ni por asomo, a punto de cumplirse. Todo lo contrario. En este caso concreto, su expectativa era muy poco realista, y su autoestima recibió duros golpes que, finalmente, le llevaron a un estado de tristeza permanente y a verse a sí misma como una fracasada, como alguien sin apenas valor que no merecía nada bueno en la vida. Así que, revisa tus expectativas si te siguen decepcionando. Tu autoestima te lo agradecerá.
  • Olvídate de la perfección. Nadie es perfecto. La perfección es simplemente inalcanzable para cualquiera de nosotros. Déjalo ir. Nunca vas a ser perfecto/a. Nunca vas a tener el cuerpo perfecto, la vida perfecta, la relación perfecta, los hijos perfectos, o el hogar perfecto. Nos deleitamos en la idea de la perfección, porque vemos mucho de ella en los medios de comunicación y la publicidad, pero eso es simplemente una creación artificial de la sociedad. No existe.

  • En relación con esa idea de perfección, es importante afirmar la siguiente: asume tus errores. Los errores no son fracasos de los que lamentarse permanentemente, sino enseñanzas para aprender a hacerlo mejor la próxima vez. Controla tu nivel de exigencia.
  • Íntimamente relacionado con la anterior, será muy bueno entender y asumir que es imposible hacerlo todo bien a la primera. Tampoco puedes ser bueno/a en todo, ni satisfacer a todo el mundo. Habrá cosas que no se te den bien, pero eso no es un fracaso, sino un aprendizaje.
  • Ajusta tu propia imagen de manera dinámica y actual. Todos cambiamos. Aunque sólo sea por el mero paso del tiempo, pero también por algo que (espero) todos vayamos conquistando poco a poco: la madurez. De esta manera, la autoestima es inútil si se basa en una versión anterior de uno mismo que ya no existe. Quizás te sientas tentado a pensar siempre en “cómo era antes”: “Antes solía ​​ser bueno en muchas cosas en las que ya no soy bueno”. Aunque no es del todo negativo echar la vista atrás y un poquito (pero sólo un poquito, ¿eh?) de nostalgia, lo recomendable es ir ajustando las creencias acerca de uno mismo a medida que se avanza. Así pues, se trata de ir ajustando tu autoimagen y la autoestima para que coincida con las habilidades y destrezas actuales, no las del pasado.
  • Evita los pensamientos negativos. Si te culpas y te autocompadeces no te servirá de mucho. En cuando detectes que estás fabricando un pensamiento negativo, intenta reconvertirlo en uno positivo. Por ejemplo, si piensas que no serás capaz de aprobar este examen, cámbialo por uno del tipo de que la asignatura es difícil, pero con un esfuerzo extra podrás aprobarla. 
Por cierto, a este asunto hemos dedicado más de un post: (Pensamientos negativos: ¡cuantos menos, mejor); (Pensamientos autodestructivos. Un lujo demasiado caro)
  • Deja de compararte con los demás. Las comparaciones son auténticas bombas de relojería para la autoestima. Por todos los medios, es imperativo evitar caer en la trampa de este tipo de comparaciones: “Daniel tiene 3.000 amigos en Facebook, mientras que sólo tengo 300”. “Laura tiene una casa más grande y un mejor coche que yo”. Sé que es duro, pero tienes que dejar de compararte con los demás. La única persona que debería estar compitiendo contra es ti eres tú mismo. Estas comparaciones son injustas porque, entre otras cosas, no sabes tanto como crees acerca de la vida de estas otras personas, o lo que realmente implica ser ellos mismos.

Soy consciente de que todo esto no es fácil. En efecto, no lo es. Y conozco situaciones de verdadero sufrimiento por este motivo. Cambiar, ajustar la autoestima lleva tiempo, implica ensayar, acertar y equivocarse; además de requerir buenas dosis de paciencia. Y como he dicho en muchas ocasiones, si crees que necesitas ayuda extra para mejorar y ajustar tu autoestima, no lo dudes: búscala. Recuerda que, aquí mismo, en deMostaza podemos ofrecerte esa ayuda profesional que puedes necesitar. Haz un esfuerzo para ser más justo y más realista con tu propio ser. Merece la pena. Creo que te sorprenderás por los resultados que puedes lograr.

¡Un saludo!

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