Ansiedad ante los exámenes.

Ya en plena recta final del curso, se aproximan las fechas de los exámenes y, en general, es cuando suelen aparecer ciertos “enemigos” en nuestro interior que nos incomodan bastante: la ansiedad, el miedo, o la culpa, por poner unos ejemplos. Normalmente no pensamos en los exámenes como una oportunidad de demostrar nuestra valía, sino como un obstáculo terrible que hay que sobrepasar para continuar con la vida normal del curso o como la prueba final antes de las vacaciones. En este sentido, quizás demos a los exámenes una importancia desmesurada y de ahí que, a veces, los abordemos con una ansiedad incontrolada o con un miedo insuperable.

Causas de la ansiedad ante los exámenes

La ansiedad tiene que ver con la manera en que cada alumno valora o interpreta la situación a la que se ve sometido. En general, la ansiedad no viene provocada por un examen en sí, sino por las consecuencias que cada alumno deriva de ello.
Como ejemplo podemos pensar en un alumno que necesita obtener una matrícula o un sobresaliente para continuar manteniendo su beca de estudios. Esta situación: el pensar que no sacará esa nota, perderá su beca y no podrá continuar con sus estudios, es lo que provocará que su nivel de estrés tenga un efecto amplificador o multiplicador y que acabe convirtiéndose en ansiedad.

Síntomas de la ansiedad ante los exámenes

Es importante detectar esta ansiedad y estrés para poder, después, combatirlos. En relación con esto, los síntomas de la ansiedad en época de exámenes vienen dados en tres planos que se relacionan y retroalimentan mutuamente.

  • En primer lugar nos encontramos el nivel mental o cognitivo. Los síntomas más comunes serían: preocupación extrema, inseguridad, falta de confianza, desconcentración, dificultad para tomar decisiones, aprensión, sentimiento de inferioridad, sensación de pérdida de control, dificultades a la hora de leer y comprender, dificultades para recordar palabras o conceptos y bloqueo mental (“quedarse en blanco”).
  • En segundo lugar, nos encontramos el nivel fisiológico. Los síntomas más comunes serían: respiración agitada o entrecortada, sudoración, sequedad de boca, opresión en el pecho, náuseas y dolor de estómago.
  • Y por último, a nivel conductual, los síntomas más comunes serían: falta de apetito o comer en exceso, tartamudeo, hablar rápido, risa nerviosa, manipular continuamente objetos, reacciones impulsivas (como abandonar un examen) o responder sin reflexionar.

¿Pueden la ansiedad y el estrés ser beneficiosos?

El estrés no es otra cosa que energía que nos ayuda a ponernos en marcha. Por tanto, podemos afirmar que el estrés (en su justa medida) es una reacción normal y positiva ya que actúa como un mecanismo de activación que nos prepara para la acción. Por eso, el estrés regulado y adecuado contribuye positivamente a la concentración y a la potencia física. De hecho, los deportistas cuando van a competir suelen obtener mejores resultados si su nivel de estrés y ansiedad es más elevado de lo habitual.

En el campo de la psicología existe una evidencia muy estudiada que recibe el nombre de ley de Yerkes y Dodson que describe la relación que existe entre ansiedad y rendimiento y establece que el rendimiento óptimo se obtiene con niveles medios de ansiedad y activación. Sin embargo, no siempre es así. En algunas ocasiones, la ansiedad deja de ser adaptativa y acaba provocando muchas molestias, desasosiego y sufrimiento. En este caso se convierte en un inhibidor del rendimiento, entorpeciendo la capacidad de atención y concentración.

¿Cómo podemos gestionar bien la ansiedad ante los exámenes?

Vamos a proponer unos consejos para mitigar la ansiedad previa a los exámenes, de manera que se puedan realizar las pruebas con la mayor tranquilidad posible y rendir mejor en su desarrollo.

  1. El que planifica un examen tiene la mitad del mismo hecha. Drucker decía que planificar no significa necesariamente pensar en el futuro, sino preparar mejor el futuro de lo que hacemos en el presente. Es decir, planificar ahora para evitar arrepentirte en el futuro. Es durante el curso cuando se tiene tiempo de sobra para preguntar dudas al profesor, completar los apuntes, saber más o investigar, etc. Cuando el examen se acerca ese tiempo de planificación parece que entra en un embudo, haciéndose cada vez más pequeño hasta quedarse en la inminencia de unas horas en las que se va acercando la prueba.
  2. Hacer, la clave de todo. Planificar es bueno y esencial, pero lo determinante es HACER. Que, por cierto, es lo que más cuesta. Por ello, mucha gente se atasca en el “para mañana dejo esto” y vuelve a posponer la tarea al día siguiente. De esta manera, se va acumulando mucho trabajo para el examen, lo que llevará a noches sin dormir, y a un gran tapón de conocimientos apiñados en la cabeza. Por cierto, aprovechamos `para recomendaros un par de post que publicamos sobre esto: Procrastinación: “Mañana , sin falta, lo hago” y Procrastinación: “Mañana , sin falta, lo hago” (II). ¿Has tenido alguna vez la sensación de entrar en el aula del examen y decir “No me acuerdo de nada!”. Puedes evitarlo si te has ido marcando objetivos previamente y los has ido resolviendo con eficacia. La eficacia, al final, significa “hacer”.
  3. Llegar al examen en las mejores condiciones mentales y físicas. Hay mucho que contar sobre lo que la salud corporal puede reportar a tu mente. Pero vamos a ser breves y aconsejarte que tengas hábitos saludables a lo largo de todo el curso para reducir los niveles de ansiedad previos a los exámenes y pruebas finales. En concreto, que mantengas una dieta sana evitando azúcares innecesarios, comiendo mucha fruta y verdura, que hagas algo de deporte, o como mínimo, salgas a caminar una hora al día, y que descanses dedicando al menos 6 o 7 horas al sueño.

Intenta relajarte, también te va a ayudar

El estrés y la ansiedad son emociones naturales. Nos ayudan a estar alerta y, como decíamos, a afrontar distintos retos en la vida. Pero, cuidado: magnificar o sobredimensionar de forma terrible un examen solo va a servir para que te pongas más nervioso, nervios que te producirán más ansiedad y, seguramente, terminarás totalmente bloqueado. No dejes que por esta “bola” tu cuerpo se colapse y seas incapaz de sostener el bolígrafo.

Por todo esto, estaría muy bien que encontrases un mecanismo de relajación los días previos a las pruebas, a la Selectividad, o a los exámenes de fin de curso. Es complicado gestionar esa ansiedad para que no se transforme en miedo que te paralice, lo sabemos, pero hay que intentarlo. Pasear, mantener conversaciones que te distraigan del problema, o probar técnicas de relajación pueden ser un buen remedio. Yo que tú probaba.

Una buena actitud también ayuda

Hemos dicho que la ansiedad y el estrés desmedidos suelen magnificar el problema. Y a lo mejor no es tanto ese problema. ¿Y si piensas en los efectos positivos de superar el examen? Piénsalo: vas a estar más libre, a lo mejor puedes descansar unos días, irte de fin de semana, o de vacaciones de verano sin ninguna asignatura, con la satisfacción del trabajo bien hecho, o vas a tener una buena nota y te vas a poder matricular en la Universidad deseada… ¡muchas cosas buenas! Y todo eso está también en ti, en tu interior, como lo están esa ansiedad y el estrés. Tenemos el potencial también de sacar lo mejor de nosotros y una buena actitud ayuda mucho más para motivarte.

Así que, ¿Por qué someterte a la ansiedad ante un examen, pudiendo ir a las pruebas con una mentalidad a prueba de bombas? Piénsalo, tienes opciones, elige bien.

¡Un saludo!

PD: Algunos post que pueden completar y dar más información sobre el tema:

El Estrés. Cómo controlarlo, manejarlo y prevenirlo.

Estudiar eficazmente: pautas básicas.

Exámenes e Hijos Agobiados: Una Guía para Padres.