“Casados a primera vista” ¿Realidad o ficción? Asuntos propios del matrimonio

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Desde hace un par de meses aproximadamente, se emite en Antena3 TV un programa de (lo que se denomina) “telerrealidad” llamado “Casados a primera vista”. Como indica el título del programa, se trata de ocho solteros que se casan (en matrimonio civil) sin haberse visto antes y tras someterse a un test de compatibilidad.

Según la propia presentación del programa, los cuatro hombres y las cuatro mujeres son emparejados por un equipo de expertos que, tras examinar los resultados de los tests, entrevistan individualmente a los candidatos para completar sus perfiles y formar las parejas.

Sin duda alguna es un producto de entretenimiento televisivo y como tal hay que tomárselo. Pero, a fuerza de conocer situaciones por las que pasan algunos matrimonios, da la sensación de que en más de una ocasión parece que, efectivamente, han tomado la decisión de casarse “a primera vista”.

Por ello, creo que merece la pena pararse a considerar algunos aspectos que son propios de la relación matrimonial. Aspectos que conviene conocer, hablar y discutir antes de tomar la trascendental decisión de compartir la vida en matrimonio. Vamos a ellos:

1. El amor es imprescindible, pero no es suficiente para formar un matrimonio y convivir día a día.

Sin ninguna duda, el amor como sentimiento es fundamental para el adecuado desarrollo del matrimonio, pero también necesita de otras habilidades para que pueda desarrollarse en un entorno adecuado. De esta manera será preciso, por ejemplo, conocerse a fondo mútuamente para saber si se tienen hábitos, proyectos y costumbres similares o si, al menos, son compatibles y flexibles al principio para luego ir haciendo los ajustes necesarios.

También hay que considerar cómo gestionamos nuestro carácter: si tenemos facilidad para llegar a acuerdos que satisfagan a ambas partes; qué decir de si nos comunicamos con claridad o de si somos capaces de hacernos felices recíprocamente con pequeños gestos cotidianos.

No hay que olvidar que la decisión de contraer matrimonio es muy importante ya que, en muchas ocasiones, hay que hacer muchos esfuerzos y sacrificios para conservar esa unión.

2. Determinar si en el matrimonio la prioridad es el proyecto familiar o el afectivo.

En los momentos de crisis (que, por cierto, ocurren en todas las relaciones), muchas parejas salen adelante porque, lejos de poner por delante sus necesidades afectivas (estar enamorado, sentirse querido, etc.), tienen como objetivo la consolidación de un proyecto familiar (matrimonio, hijos, etc.). De tal manera que si, por ejemplo, el proyecto preferente es el afectivo, entonces será necesario atender especialmente a las necesidades que tengan ambas partes para que el amor vaya creciendo y profundizando con el paso de los años.

Ni que decir tiene que ambos proyectos no son incompatibles y que, de hecho, la mayor satisfacción se produce cuando ambos proyectos se engarzan y se alimentan mútuamente, pero es preciso tener muy claro qué papel queremos otorgar a ambas partes en el nuevo proyecto en común.

3. Gestionar vida laboral, vida familiar, obligaciones derivadas de ambas y, además, cumplir con ellas.

Esto es de sobra conocido por todos: largos horarios laborales, presión económica y laboral, junto a muchas obligaciones en casa: barrer, poner lavadoras, planchar, limpiar, cocinar, hacer la compra, etc. Y si hay niños, estas tareas aumentan, no aritméticamente, sino exponencialmente. Si la pareja no tiene capacidad para organizarse, y cumplir con las partes asignadas a cada uno, el conflicto está asegurado. Organización es una de las claves.  

4. Cortar el cordón umbilical con las familias de origen.  

Cuando se inicia un nuevo proyecto familiar, un matrimonio, la familia primera es la que uno forma, no de la que uno procede. Por lo tanto, es importante que la pareja hable primero entre ella de qué manera quieren relacionarse con sus familias respectivas, y luego comunicárselo, cada uno a la suya. En breve, los nuevos “papá y mamá” serán ellos mismos, y han de relacionarse con sus padres respectivos al mismo nivel.  

5. Hablar previamente de temas básicos como fidelidad, dinero, vida social, ocio, sexualidad y creencias.

Muchos temas se quedan sin tocar desde el principio y, con el paso del tiempo, uno puede encontrarse con desagradables sorpresas en el matrimonio, debidas principalmente a la falta de claridad respecto a ciertos asuntos. Lo que uno esperaba no es la realidad, y a veces tiene difícil solución.

El paso que se va a dar es muy importante como para obviar un barrido profundo por todas las cuestiones que suponen el pilar de una buena relación matrimonial y, definitivamente, de una vida satisfactoria.

6. Ser conscientes de que cuando contrae matrimonio se abandona la soltería

¿Obvio? Quizás no tanto. Querer seguir viviendo como si se fuera una persona sin responsabilidades, con sus horarios y preferencias a la vez que se está con otra persona es más frecuente de lo que pudiéramos pensar.

Formar un vínculo con alguien va a suponer un cambio en nuestras vidas, principalmente porque compartimos no solamente un espacio físico, sino principalmente emocional y no se puede convertir en dos compañeros de piso que cada uno va “a la suya”, sino dos individualidades que se comprenden y se complementan, con sus espacios para sí, pero formando un ente muy particular, llamado matrimonio. Y ahí, el tiempo, el espacio, las responsabilidades, las obligaciones son compartidas. El 100%, de lo que sea, ya no le pertenece a uno, sino a los dos. Y por propia decisión.

7. Cuidar la relación, cuidar el matrimonio, más allá de las obligaciones laborales y familiares

Por mucho estrés que nos supongan los trabajos y los hijos, es preciso dejar un espacio, de forma regular solamente para la pareja. No vale irse a cenar con amigos. Tiene que ser únicamente para ellos, para compartir, hablar y, sobre todo, disfrutar juntos. 

En definitiva, cuando se toma la decisión de compartir la vida como matrimonio, de lo que se trata es de construir no tanto una casa de ladrillo, sino un auténtico hogar, al que uno esté siempre deseando llegar. Porque, al final, lo que queda y de lo que nos acordamos, es de la calidad de las relaciones, no de dónde se produjeron éstas. Y la calidad requiere de atención, cuidado, emoción, mucho conocimiento y todo ello, regado con mucho amor.

¡Un saludo a todos!

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