Cómo manejar la frustración (I)

frustración

La frustración, sentirse frustrado, es una emoción muy normal en el ser humano. Cuando te trazas algunas metas y objetivos y trabajas por lograrlos, pero no los consigues, es motivo más que suficiente para sentirse frustrado y decepcionado.

Vamos echar un vistazo a la frustración y, puesto que el tema es muy amplio, le dedicaremos un par de post. Así pues, la definiremos, veremos las consecuencias que acarrea, comentaremos la importancia de tolerarla, nos acercaremos a cuál es el origen y cómo se sostiene la baja tolerancia a la frustración y, finalmente, daremos algunas pautas y consejos sobre cómo poder manejarla de manera correcta.

¿Qué es la frustración?

La frustración es un estado de decepción que se da cuando no se alcanza aquello que se desea. La frustración es una vivencia emocional que se presenta cuando un deseo, un proyecto, una ilusión o una necesidad no se llega a cumplir. Es un estado transitorio, no permanente, que hay que aprender a tolerar y superar.

En efecto, a lo largo de nuestra vida nos planteamos objetivos, deseos y sueños que queremos alcanzar. Sin embargo, no siempre los conseguimos aunque pongamos todo nuestro esfuerzo en ello. De tal manera que cuando nuestras ilusiones no se cumplen, es normal que nos sintamos frustrados, enfadados, tristes, etc., pero también es normal y saludable aprender de nuestros fallos, sobreponernos y volver a intentarlo con mayor esfuerzo, y no quedarnos estancados en ese sentimiento de frustración.

Consecuencias que acarrea la frustración

Al no lograr el objetivo o el deseo esperado, las personas se sienten frustradas y el resultado de ello es un sentimiento de enfado, tristeza o rabia. Cada uno lo vive de forma diferente, pero todos tienen en común la sensación de desánimo y decepción que produce la frustración. De una experiencia frustrante algunas personas salen fortalecidas porque han aprendido y reflexionado sobre esa experiencia. Otras, por el contrario, se deprimen y desesperan, y sólo ven el resultado negativo de esa experiencia sin aprender nada de ella.

De esta manera, las consecuencias que una situación frustrante puede causar en una persona puede ser muy diferentes y esto dependerá, en parte, del grado de madurez de la persona o del impacto que determinada situación pudo causar en ella. Por lo general, las personas frustradas serán muy sensibles a todo aquello que le recuerde el motivo de su frustración. Sentirán ansiedad ante las mismas circunstancias en las cuales fracasaron o no lograron sus deseos, y perderán confianza en sí mismas ante situaciones parecidas, huyendo de las mismas para no sufrir otra decepción.

Otras, sin embargo, sentirán la necesidad de superar su frustración, y aunque les produce ansiedad y temor, se enfrentan a ellas con el único objetivo de superarlas y no tener esa limitación en su vida. 

Tolerar la frustración

A todos no nos afectan las mismas cosas de la misma manera, puesto que hay un umbral de tolerancia y cada persona se ubica en un punto diferente. Tolerar y manejar la frustración que sentimos significa que seamos capaces de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos, a pesar de las molestias e incomodidades que puedan causarnos. La buena noticia es que la tolerancia a la frustración es una actitud que puede aprenderse, trabajarse y desarrollarse.

Insistimos: tolerar la frustración es una habilidad que se desarrolla y que nos permite enfrentarnos con éxito a la vida. Esto implica poder encarar los problemas y limitaciones que tenemos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que nos causan. Tolerancia implica aguantar, soportar con paciencia y con respeto algo que no compartimos o entendemos. Desde este punto de vista, tolerar la frustración parte de un significado positivo, que permite a cada uno superar una situación frustrante con mayor o menor facilidad.

Como ya hemos indicado, cada persona posee un grado diferente de tolerancia a la frustración:

  • Las personas con baja tolerancia a la frustración se enfadan o se ponen tristes ante el más mínimo deseo insatisfecho u objetivo no logrado. Les supone un gran esfuerzo superar esa situación y se sienten desmotivadas para volver a intentarlo o ante circunstancias parecidas. Son personas que suelen sentirse fracasadas a la menor contrariedad.
  • Por otro lado, las personas con un alto nivel de tolerancia a la frustración, para sentirse frustradas, necesitan que las expectativas que tenían sobre un deseo u objetivo que esperaban y no han logrado, sean muy altas. Son personas que poseen una gran fortaleza y equilibrio ante situaciones adversas. 

Origen y mantenimiento de la baja tolerancia a la frustración

Generalmente es en la infancia cuando aprendemos a tolerar la frustración. Cuando un niño es muy pequeño, cree que el mundo gira alrededor de él, y piensa que se merece todo lo que quiere, en el momento en que lo quiere. No sabe esperar, porque no tiene el concepto de tiempo, ni la capacidad de pensar en los deseos y necesidades de los demás. Por eso, cualquier límite o cualquier cosa que le niegan, lo siente como algo injusto y terrible. No puede entender por qué no le dan lo que él desea. Se siente frustrado y despojado de lo que “necesita” en ese instante. No tiene las herramientas para eliminar, disminuir o tolerar su malestar.
 Si los padres o las demás personas le dan siempre lo que pide y en el momento en que lo hace, no aprende a “aguantar” la molestia que le provoca la espera o la negación de sus deseos.
 De esta manera, si a lo largo de nuestra infancia nos hemos salido “con la nuestra” con todo lo que queríamos, crecemos con la sensación de que lo merecemos todo “ahora”, y seremos incapaces de esperar, confundiendo lo que deseamos con lo que necesitamos. Así, al llegar a la edad adulta, seguiremos sintiéndonos mal ante cualquier límite o ante la necesidad de posponer una satisfacción. Sentiremos la necesidad de eliminar inmediatamente dicho malestar. Actuamos como si el malestar y el sufrimiento pudieran acabar con nosotros. Y creemos que estas emociones no deben de ser parte de nuestra vida. 


De esta manera, podemos señalar que la baja tolerancia a la frustración está relacionada con dos elementos:

  1. Una percepción equivocada y exagerada de la situación que estamos viviendo.
  2. La creencia de que es horrible vivir el malestar y no lo podemos ni queremos aguantar.


Ambos elementos están relacionados con con creencias que implican que mi vida debe de ser fácil, cómoda y placentera todo el tiempo. Que es horrible e intolerable sufrir cualquier molestia que va más allá de cierto nivel de intensidad o de duración. Creencias definitivamente erróneas, que nos impiden disfrutar de una gran parte de la vida, ya que siempre podemos aprender a ser más tolerantes ante la frustración.

Es responde a la realidad de que, entre otras cosas, la frustración es parte de la vida y es inevitable.
 No olvides que hay épocas buenas y épocas difíciles o dolorosas y que sí tenemos la capacidad de tolerar o soportar algo, sin alterarnos demasiado.
 El malestar y el sufrimiento son desagradables, pero no nos destruyen.
 Si aprendemos de ellos, nos fortalecemos y desarrollamos y obtendremos nuevas herramientas para lograr nuestro bienestar.


Habrá que asumir que el mundo no gira alrededor de nuestros gustos o deseos y que no pasa nada terrible cuando no obtenemos lo que queremos.
 Siempre hay algo que podemos hacer al respecto, en lugar de enojarnos o quejarnos.
 Recuerda: la frustración es parte de la vida. No podemos evitarla, pero sí podemos aprender a manejarla y a superarla.

Continuaremos la próxima semana.

Hasta entonces, os animamos a que compartáis con nosotros vuestros comentarios y opiniones.

¡Un saludo!

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