Crisis Postvacacional en mi Relación de Pareja

Pareja Crisis

Pareja y Síndrome Postvacacional = ¿Crisis de Pareja?. No se trata de un mito más, en cuanto llega septiembre, el número de demandas de separación y de divorcio aumenta considerablemente. Las estadísticas lo dejan claro: uno de cada tres divorcios se producen a la vuelta de las vacaciones de verano. Todo apunta a que la intensa convivencia hace que afloren muchas discrepancias y desencuentros que a lo largo de los once meses restantes quedan diluidos por las exigencias de la vorágine diaria. Todo esto deriva en una crisis de pareja que, si no se trata y resuelve satisfactoriamente, suele dar lugar a la separación o el divorcio. 

La cuestión es ¿por qué las ansiadas y esperadas vacaciones, que en principio suponen la posibilidad de disfrutar de más tiempo en compañía de la pareja, libres de todo estrés laboral y preocupaciones cotidianas, se traduce en una crisis y/o ruptura? ¿Por qué las vacaciones pueden afectar tan negativamente a la pareja¿Qué es lo que sale mal?

Muchos son los factores que pueden influir para provocar el conflicto  y es cierto que no todos tienen que ver con la pareja en sí. Por ejemplo, ocurre a menudo que al contratar las vacaciones lo encontrado no tiene nada que ver con lo contratado. Hay que ser realistas con las expectativas y tener en cuenta que si uno se va al Levante en agosto, difícilmente podrá encontrar paz y tranquilidad en una playa masificada. Tener unas expectativas ajustadas es el primer paso para no llevarse decepciones en las vacaciones, decepciones que provocaran malestar y peleas en la pareja. Aquí conviene recordar los consejos que dábamos en un post anterior https://www.demostaza.es/vacaciones-en-familia-que-tal.   

Pero al margen de lugares y circunstancias, hay que tener en cuenta que las vacaciones son un momento que pone a prueba a la pareja en sí por el simple hecho de que se pasa más tiempo juntos. Si durante el año la pareja se enfrenta a diversos retos, muchas de estas pruebas se realizan de forma individual. Por ejemplo, en el trabajo fuera de casa o en el momento en el que uno se queda al cuidado de los niños mientras el otro no está. Las decisiones generalmente se toman de forma unilateral, aunque estas se encuentren dentro de un marco común. Pero en las vacaciones cada decisión se toma de forma conjunta, aunque esta decisión radique en resolver si se come en un chiringuito o se lleva el bocadillo a la playa. 

En términos generales, los especialistas apuntan a que durante las vacaciones se suelen plantear demasiados objetivos, planes y actividades a realizar, como si el tiempo fuese infinito. A esto hay que unir el enfoque diferente de la afectividad: un miembro de la pareja (generalmente las mujeres) puede necesitar determinadas manifestaciones afectivas, y el otro (habitualmente los hombres), confunde afectividad con sexualidad. A veces, por sorpresa, se constatan conductas que pasan inadvertidas en el día a día de la vida familiar. Pero, por encima de todo, hay un hecho determinante: es muy difícil la convivencia las 24 horas del día, algo a lo que la mayoría de las parejas no está acostumbrada durante el resto del año.

  • Los “culpables” de la crisis de pareja postvacacional.

Según los expertos en el tema, son cuatro los principales motivos que precipitan la decisión de poner fin a una relación tras las vacaciones estivales:

  • 1. Infidelidad. Las estadísticas subrayan que la causa principal del divorcio en España es la infidelidad. Respecto a este tema, se pueden dar dos circunstancias: que uno de los miembros de la pareja sea infiel precisamente en la época estival (el “Síndrome del Rodríguez”) o que, debido al mayor tiempo que se pasa con la pareja, salga a la luz o se descubra una infidelidad cometida.
  • ¿Qué se puede hacer al respecto? En la práctica totalidad de los casos, la infidelidad suele ser consecuencia de un problema mucho más profundo entre la pareja, agravado por una alarmante falta de comunicación. Así pues, con una adecuada orientación por parte de un terapeuta familiar, muchas parejas consiguen perdonar el suceso, y volver a confiar en el otro. En estos casos, resulta especialmente importante determinar el motivo por el que se ha buscado una relación paralela para tratar de establecer alternativas de cambio si es posible. En todos los casos, resulta de especial ayuda el apoyo de un terapeuta especialista, sobre todo en aquellas parejas en las que uno de los miembros no puede integrar ni entender el suceso en su vida cotidiana, atribuyéndole significados ocultos a la infidelidad lo que, si no se actúa a tiempo, puede convertir la relación en un auténtico infierno.
  • 2. La familia política. Este asunto suele ser un tema que con frecuencia sale a relucir cuando la pareja acude sesiones de terapia después del verano.  Sabemos que, aunque lo ideal es pactar de antemano con la pareja lo adecuado o no de que compartir las vacaciones con la familia política, en ocasiones esta decisión nos viene impuesta, lo que puede suponer un coste emocional muy alto.
  • ¿Qué se puede hacer al respecto? A no ser que la situación se derive de un hecho grave o esté muy deteriorada previamente, lo mejor que puede hacer una pareja para evitar que la actitud de las respectivas familias mine su relación, es intentar una comunicación eficaz. Hay que expresarle al otro de forma franca y abierta, pero positiva, cómo nos sentimos y de qué modo nos afecta el hecho de que la familia política interfiera en la vida cotidiana, intentando en la medida de lo posible evitar adjetivos del tipo ‘insoportable’, ‘terrible’, etc.
  • 3. El síndrome postvacacional. El síndrome postvacacional puede afectar al estado de ánimo, haciendo que a la vuelta de las vacaciones se produzca un replanteamiento del esquema vital y se decida arreglar o romper con aquellos aspectos que no funcionan, entre ellos, la relación de pareja. No debemos ignorar que este síndrome conlleva síntomas físicos y psíquicos, como tristeza o irritabilidad, que pueden inducir a tomar decisiones equivocadas.
  • ¿Qué se puede hacer al respecto? Es aconsejable esperar al menos un mes después de la vuelta para empezar a plantearnos grandes cambios, ya que necesitamos estar lúcidos de mente para afrontar la decisión con seguridad y nunca con dudas. Para superar esta situación, hay que intentar tener una actitud positiva para ir adaptándose poco a poco al cambio de vida después de las vacaciones y evitar la ansiedad que genera el volver a la rutina y a los problemas cotidianos del trabajo y la familia.
  • 4. Otros motivos. El desgaste de la relación, las dificultades de comunicación entre los cónyuges, el cambio de estilo de vida y de valores de uno de los miembros de la pareja; falta de amor; abusos verbales; problemas en el ámbito sexual… Todas estas circunstancias, a menudo solapadas por la inmediatez de las necesidades y las rutinas diarias, pueden hacerse mucho más evidentes durante las vacaciones.
  • ¿Qué se puede hacer al respecto? Conviene tener en cuenta que el desgaste en una relación no se produce de la noche a la mañana; es un proceso de duración variable, en algunas ocasiones bastante largo, que puede sustentarse en la pérdida progresiva de interés por el otro o en la monotonía de la relación. Llegado el caso, interesa revisar la relación y tratar de establecer si aún es posible encontrar puntos en común, o ser honestos y determinar si algún día existieron.

¿Seguimos juntos? 

Todas las parejas atraviesan crisis y baches. Sin embargo, no todos estos “desencuentros” tienen por qué acabar en divorcio, por mucho que el verano haya crispado la situación. Según los expertos, el hecho de promover algunos cambios en la trayectoria matrimonial puede hacer que una relación a la deriva vuelva a ser placentera y feliz. Para ello, se aconseja poner en práctica dos estrategias:

  • Recordar por qué nos enamoramos en su día de nuestra pareja. Resulta muy clarificador identificar el sentimiento que sustentó la relación y reconocer aquellas circunstancias que han hecho que la llama se haya ido apagando: expectativas no realistas, promesas incumplidas, pequeños incidentes que poco a poco han ido minando la confianza… Reconocerlo es dar el primer paso para restaurar la relación.
  • Revisar el compromiso y volver a comprometerse. El compromiso es importante porque sin él suele buscarse la forma de huir cuando surgen los problemas. Está demostrado que el hecho de sentirse de verdad comprometido en un proyecto común y a largo plazo hace más factible decidirse a encontrar soluciones en vez de tirarlo todo por la borda.

Para todo este proceso puede ser muy importante la asistencia, el consejo y ayuda de un profesional. Así que, si te/os encontráis en esta situación, no lo dudes: pide y busca ayuda profesional. Recuerda que aquí, en deMostaza estaremos encantados de atenderte y acompañarte en este proceso.

Esperamos vuestras aportaciones, comentarios y opiniones.

¡¡Un saludo!!

 

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