Dependencia Emocional. Vivir atrapado/a por tus relaciones (II)

 

Dependencia 8

 

Continuamos esta semana tratando el tema de la Dependencia Emocional. Así, tal y como lo anunciamos, en esta ocasión vamos a considerar cuál es la base del problema. Es decir, qué es lo que provoca que una relación se desarrolle y se mantenga en términos de Dependencia Emocional. De igual manera, queremos dar algunas sugerencias de actuación para los dependientes emocionales y sus familiares.

Pero antes, queremos recordar que la Dependencia Emocional se caracteriza porque en la relación se prodigan comportamientos sumisos, falta de confianza, dificultad en la toma de decisiones e inhabilidad para expresar desacuerdo. Todo ello motivado, a grandes rasgos, por un temor extremo al abandono, la soledad y la separación que resulta, en definitiva, en miedo a la libertad. De tal manea que la conjunción de todo esto provocará pasividad, negación de la realidad y sentimientos de culpa.

 ¿Qué provoca la aparición de la Dependencia Emocional?

Como podéis suponer, hay muchos factores que inciden en la aparición y el mantenimiento de la Dependencia Emocional. Y, aunque sería imposible enumerarlos todos, sí que existe un consenso generalizado sobre la presencia de algunos muy identificados, tales como:

  • Pobre Autoestima y un Autoconcepto Negativo (no ajustado a la realidad). En general, se tiene una autoimagen de perdedor, o de no valorarse lo suficiente, que minimiza o ignora lo positivo de ellos mismos y de sus vidas. Esa bajísima autoestima lleva a los dependientes emocionales a despreciarse. Son críticos consigo mismos hasta el extremo y por ello se sienten culpables, incluso, del desprecio que puedan sufrir por parte de sus parejas. Lejos de mejorar, esta situación empeora con el paso del tiempo agudizándose esa relación de “dueño/a-súbdito” que se establece en la pareja.
  • Distorsión de la Realidad y Autoengaño. La pobre autoestima conduce a los dependientes emocionales a idealizar a su pareja, maximizando sus virtudes y negando los defectos de esta. Así, el dependiente verá siempre en su pareja una imagen ficticia de felicidad y plenitud, de un ser perfecto sin ninguna clase de defecto que será el mejor marido/mujer, el mejor padre/padre y una persona amable y cariñosa en todo momento. Una figura que percibe desde el principio como superior y más importante que uno mismo. Todo esto lleva a una continua y progresiva degradación, donde el dependiente emocional observa cómo sus gustos e intereses son relegados a un segundo plano, cómo renuncia a sus opiniones o a sus ideales, etc, pero lo asume siempre y cuando sirva para preservar la relación.
  • Necesidad excesiva de afecto. El dependiente querrá que su pareja esté siempre a su lado, pendiente de él o ella. Sus ratos libres tendrá que pasarlos siempre a su lado o empezará a preocuparse en todo momento por la pérdida, el miedo a que le dejen, etc. Estas personas tienen una necesidad excesiva de cariño y de demostración de él en todo momento, ya que lo necesitan para sentirse seguros y no fantasear con el abandono y el miedo que les provoca.
  • Miedo, a la soledad, a los cambios, etc. El miedo alimenta la dependencia emocional y provoca que el dependiente siempre trate de acomodarse a su estado, evitando cualquier tipo de variación en la relación, desarrollando un ideal de relación feliz y estable con una fuerte unión en todos los aspectos de su vida diaria. El dependiente siente un miedo atroz a cambiar esa situación, imaginando que no podrá soportar realizar sus actividades sin el apoyo y ayuda de la otra persona.
  • Angustia permanente.  El dependiente emocional sufre de una permanente angustia a hacer o decir algo que al otro no le guste, y que esa persona decida dejarle o retirarle su amor y su cariño. Por ello, busca continuamente complacerle, hacer lo que suponen que el otro quiere o desea.
  • Inseguridad. A lo largo de su vida y de su relación, los dependientes emocionales han ido renunciando a tantas cosas (materiales y sobre todo personales) que a veces ni siquiera saben quienes son. Cada vez titubean más al tomar una decisión, son personas muy inseguras, que necesitan que su pareja o los demás le digan si lo que ha pensado o hecho está bien o no, y además se sienten vacíos por dentro, ¿qué han hecho en su vida? ¿qué les queda de todos sus esfuerzos?
  • Pérdida de Identidad. Es el resultado final (y esperado) de la conjunción de todos los factores que hemos mencionado. Los dependientes emocionales entienden el amor como apego, sumisión y admiración a la persona idealizada, y no como un intercambio recíproco de afecto, responsable del aumento de la autoestima y la calidad de vida. Y las consecuencias finales de vivir relaciones basadas en la Dependencia Emocional es que en el dependiente se acaba produciendo una pérdida de identidad personal. Así, el dependiente emocional ya no sabe quien es, ni qué le gusta, ni qué desea, ni como esforzarse y cultivar lo propio. No se conoce y por tanto no se quiere. De aquí que el patrón relacional nocivo, basado en la Dependencia Emocional, se retroalimente aun más.

¿Qué puedo hacer si soy un/a Dependiente Emocional?

Es fundamental iniciar cuanto antes la terapia necesaria para conseguir desengancharse de la pareja. No hacerlo puede tener consecuencias nefastas puesto que, con frecuencia, se pasa al maltrato físico y/o psicológico. Sin embargo, esto que es tan obvio, resulta muy difícil que se lleve a la práctica. Como en cualquier otra adicción, es preciso que quien lo sufre reconozca que tiene un problema y desee buscar solución. Esto resulta harto difícil puesto que el dependiente siempre encontrará mil y una excusas para justificar su comportamiento: “No lo/la conocéis bien”, “Me quiere muchísimo”, “Yo también tengo la culpa”… Así pues, no funcionará nunca ninguna terapia que no sea iniciada por propia voluntad y, como en las demás adicciones, el primer paso sería la ruptura total con la pareja para conseguir salir de la situación problemática.

¿Cómo puede actuar la familia en estos casos?

La familia, amigos y personas cercanas al dependiente emocional deben actuar bajo un principio muy claro: No ceder nunca para no fomentar la situación. Es decir, no hay que hacer caso al dependiente que pretenderá que se siga tratando con deferencia, respeto absoluto y sumisión a su pareja. Se trata, por un lado, de no abandonar al dependiente pero, a la vez, no ser cómplice de su relación patológica. Sólo se puede hablar con el que sufre la Dependencia Emocional y explicarle que siempre podrá contar con la ayuda de la familia cuando desee poner fin a la situación. Si esto se produce, acogerlo e impedir todo contacto con la pareja y acompañarlo a terapia. El terapeuta no sólo trabajará con el dependiente, sino que también irá dando pautas a los familiares sobre cómo actuar en situaciones concretas.

Esperamos que haya sido de vuestro interés. Y os animamos a que nos dejéis vuestros comentarios y aportaciones.

¡Saludos!

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