Desafíos y desplantes. Cómo responder a tu hijo (sin perder los nervios)

 

desafío

En nuestro anterior post La importancia de los límites en la educación de los hijos ya decíamos que poner tales límites no es algo agradable. De esta manera, son muchos los niños que manifiestan frustración ante el “no” que se ha puesto como límite a una petición o conducta. Y así, no son pocos los niños que expresan abiertamente desafíos y desplantes a los padres.

Seguro que te suena: el desafío o desplante ocurre en ese momento cuando tu hijo te mira fijamente a los ojos y te dice: “No, no voy a hacerlo” o “No puedes obligarme”. En este preciso instante sientes que te está desafiando y, quizás, no sabes cómo actuar. Tranquila/o, no sois los únicos.

No obstante, se puede llevar mejor este comportamiento incómodo si se trata de que la relación con vuestro hijo se base en la motivación más que en las consecuencias negativas y en el castigo. De esta manera, ofrecemos aquí algunas estrategias que os ayudarán a reaccionar y actuar cuando tengáis que enfrentaros a un comportamiento desafiante por parte de vuestros hijos.

  • No te lo tomes de forma personal.  
    • Cuando tu hijo se niega a desayunar, no lo hace con la intención de frustrarte. Cuando la niña no quiere subirse al coche, no lo hace para molestarte. Un comportamiento desafiante y fuera de lugar es la señal de que tu hijo se siente “desconectado”, o en otras palabras, alejado de ti. Los niños que se portan mal no suelen hacerlo para conseguir la atención de sus padres. Lo hacen porque necesitan atención y mantener esa “conexión” con vosotros. Enfadarte es lo peor que puedes hacer en ese momento.
  • Piensa en el motivo de su reacción.
    • Imagina que un día te levantas y, antes de que puedas desperezarte, alguien te dice lo que tienes que hacer. Te dicen lo que tienes que ponerte, lo que tienes que comer, a la hora a la que deber salir de casa, y así sucesivamente. No digo que haya que dejar que los niños tomen las riendas, pero si intentas ponerte en su lugar, con su casi inexistente autonomía, quizás entiendes su deseo de poder, aunque sea poder para desafiar.
  • Habla contigo mismo y apuesta por el dominio propio.
    • No hay mejor manera para tranquilizarse, para ejercer dominio propio, que hablar con uno mismo. Para asimilar que no es un ataque personal contra ti, tendrás que hablar con tu yo interno y dilucidar qué es lo que está ocurriendo. Esto significa que cuando el niño empieza con su “No quiero vestiiiirme” y tu primera reacción es “¡NO ME IMPORTA! ¡VÍSTETE AHORA MISMO!”, podrías guardarte eso para ti en vez de exteriorizarlo, y decirte a ti mismo algo así como: “Respira hondo. El niño se niega a vestirse y yo lo que quiero es chillar, pero puedo tranquilizarme”. Si te dices a ti mismo que no quieres comenzar una discusión, te convencerás para reaccionar de forma más efectiva.
  • Reflexiona en voz alta sobre los sentimientos del niño y muéstrale que los tienes en cuenta.
    • Deja que el niño exprese sus quejas, tómatelas con calma y háblale con dulzura. (Sí, se supone que esto es posible si antes has tenido una conversación contigo mismo). Inténtalo con algo así: “Ya sé que no te quieres bajar del coche. Ya veo cómo te agarras al asiento y quizás estás pensando que no te vas a bajar del coche por nada del mundo”. Así, haces una pausa en mitad de la espiral de enfado en la que os habíais metido. Cuando pronuncias en voz alta (y tranquila) qué es lo que sucede, cuál es el problema, tu hijo se siente reconocido. Y como no te estás implicando en ningún tipo de lucha por el poder, no hay ni autoridad ni control contra la que el niño pueda reaccionar.
  • Párale los pies cuando se ponga agresivo.
    • Me refiero a la situación en la que tu hijo pierde completamente los nervios y no hay forma de hacerle entrar en razón. Si se pone tonto por algo, mantén la calma y déjale hasta que se tranquilice. Eso sí, si empieza a dar golpes, sujétale los brazos y dile “eso no te lo consiento”. Si contraataca y se pone a gritar “te odio, eres la peor madre/padre del mundo”, no tengas en cuenta sus palabras. Al menos ha pasado de expresar de forma muy inapropiada su agobio y su enfado (mediante golpes) a otro modo un poco más civilizado (ponerse a gritar). No lo hagas más difícil y recuerda que tú sigues siendo el adulto y que eres quien debe manejar la situación.
  • Ten una opinión positiva de tu hijo.
    • Considera que criar a unos individuos respetuosos, amables y productivos forma parte de un maratón, no de un sprint. Este es otro momento perfecto para que te recuerdes a ti mismo algo así como: “Mi hijo es pequeño, todavía está aprendiendo y necesita que le guíe con cuidado”. Confía en él para las cosas del día a día. Quizás se empeña en no salir de casa a una hora concreta, pero probablemente no tenga problema en hacerlo diez minutos más tarde. Piensa que al final te hará caso.
  • Utiliza el humor.
    • El humor, si se usa de manera sabia, es una herramienta muy valiosa. Te sugiero que emplees un tono gracioso evitando el sarcasmo y la burla. Si tu hijo se resiste a lavarse los dientes, puedes decir: “Mmm, pues si cierras la boca, me imagino que es porque prefieres cepillarte la nariz y los oídos en su lugar”. Ríete y ellos se reirán… y después de las risitas, serán obedientes.

Sé que cuando las cosas se van de las manos, resulta difícil (muy difícil) mantener el control y la calma en vez de reaccionar mal, pero recuerda que tus hijos se fijan en tus gestos y los imitan.

Estos consejos te ayudarán a no perder los nervios; pronto verás los resultados: mejorará la relación con tus hijos así como su comportamiento. Y si precisáis de algo más de ayuda, recordad que desde deMostaza podemos ayudar a los padres en este trabajo ofreciéndoles la orientación y el asesoramiento que precisen.

¡Un saludo!