Discutir en casa. Ni mucho ni poco, lo normal.

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¿Quién no discute con la familia de vez en cuando? ¿Quién no ha tenido algún conflicto con su hermano/a, marido/mujer, hijo/a por algo? ¿Acaso no se discute con la familia? ¿Es malo discutir, reñir, enfadarse con alguien de tu familia? ¿Implica que estoy/estamos haciendo algo mal?

Antes de continuar, hay que precisar que el concepto de discusión, riña y conflicto al que nos referimos aquí, contempla situaciones que suelen darse en todas las familias y que se pueden definir como las discusiones y los enfrentamientos que surgen en el día a día como resultado de la convivencia normal de una familia.

Así, en efecto, es frecuente que en las familias se produzca, en algún momento, una situación que genere discusiones o conflictos entre sus miembros. No debemos olvidar que nuestras vidas no carecen de conflicto y los primeros se van a dar, precisamente, en el núcleo familiar. Entonces, la gran pregunta sería: las discusiones, riñas y conflictos ¿se pueden convertir en algo constructivo?

Vamos a intentar responder a esto, pero antes, queremos dejar muy claro que cuando nos referimos a discutir, reñir o pelear, descartamos completamente cualquier forma de agresión física.

Discutir de forma constructiva.

La respuesta a la pregunta es: sí. Sí se puede discutir y reñir en la familia de manera constructiva. Ahora bien, para ello hay que considerar lo siguiente:

  • Las discusiones en la familia son completamente normales y frecuentes; por lo que nuestra familia no es peor ni mejor que el resto por tenerlas. Es parte esencial del crecimiento personal, y es tan importante como el contacto físico y el afecto.
  • Hay que comprender y usar los resultados de una discusión de forma beneficiosa para el crecimiento y la mejora de la familia.
  • Se debe tener mucho cuidado con las discusiones “injustas” y sus resultados, ya que pueden influir en muchos aspectos de la dinámica familiar de forma perjudicial.

Discutimos en casa. ¿Nos pasa algo fuera de lo normal?

Aunque ya hemos contestado a esta cuestión, conviene ahondar un poco más. Y es que hay una serie de creencias erróneas en torno a la familia y las discusiones que en ella pueden surgir, como por ejemplo:

  • Discutir es malo”. No hay nada esencialmente malo en la discusión, pues permite que los sentimientos ocultos salgan a la superficie. Lo importante es que la discusión tenga un motivo claro y definido, y sea establecida dentro de unos límites razonables y controlados.
  • “La familia que discute está enferma y necesita ayuda”. Esta creencia no es cierta. Una familia que discute dentro de límites razonables es saludable, mantiene una dinámica vital y no debe ser considerada, por ello, de enferma.
  • “La discusión familiar puede evitarse”. Discutir en casa no sólo no es inevitable, sino que en algunos momentos no debería evitarse, pues a través de ella pueden aclararse y solucionarse los conflictos, malos entendidos o confusiones.
  • “Todas las disputas familiares pueden resolverse mediante un acuerdo”. Tan importante como resolver la situación a través de acuerdos es saber tolerar y aceptar las diferencias de los demás. Las familias que aprenden a vivir aceptando las diferencias individuales son más fuertes.
  • “Cuando los padres y los hijos discuten es que no se llevan bien”. Esto es totalmente falso, y no creo que se necesite precisar mucho más.

Aunque estas cinco interpretaciones erróneas sobre las discusiones y los conflictos son las más comunes, no son las únicas que podemos encontrar.

Estrategias y recursos para discutir de forma constructiva.

Debido a la inevitabilidad de la discusión familiar, es necesario que aprendamos a discutir de forma constructiva y respetuosa. Así, algunas estrategias y recursos que podemos poner en marcha son los siguientes:

  1. Colaboración. 
Es un recurso de gran eficacia en la resolución de conflictos. Cómo utilizarlo:
    • Cuando no se logra la solución y se está estancando, podemos aplazar la discusión a otro momento, en el que tras periodos de reflexión y ya en “frío”, se tenga mejor disposición para lograr un acuerdo.
    • En ocasiones, en el estancamiento, podemos arriesgarnos a ser el primero en acercar posturas, dando un poco nuestro “brazo a torcer”. Esto puede que cause el mismo efecto en la otra parte y se alcance la solución.
    • Repasar de forma histórica toda la evolución de la disputa hasta el momento actual, puede ser también ventajoso a la hora de lograr la solución al conflicto. Pero cuidado con no convertirlo en una “historia de reproches”.
  2. Negociación. 
Es fundamental para lograr un acuerdo que satisfaga a ambas partes. Cómo utilizarla:
    • “¿Qué opciones hay?”: buscar con, por ejemplo, una lluvia de ideas, nuevas opciones a las que se han planteado hasta ese momento.
    • “Intercambiar favores”: uno cede en esa situación, a cambio de que el otro ceda en la próxima ocasión. Este es un método enormemente usado por los padres que tienen más de un hijo y se produce una disputa entre ellos.
    • “Yo propongo tú eliges”: uno de los implicados se dedica a proponer alternativas, mientras que el otro escogerá entre una de las propuestas.
  3. Comunicación. 
Es fundamental escuchar y hablar de forma sosegada. Recuerda la importancia, tanto de lo que se dice con las palabras, como lo que se dice con los gestos y lo no verbal. Cómo utilizarla:
    • No dar por sentada la versión de la otra parte. 

    • No etiquetar a una persona por su actuación en un conflicto, ya que no siempre tiene porqué cumplirse dicha etiqueta para futuras ocasiones.

    • No debemos ser solo “emocionales” ni tampoco solo “racionales” en las discusiones. Hay que encontrar el equilibrio entre ambas partes.
    • Hay que frenar y controlar los impulsos que nos pueden jugar malas pasadas, y pensar siempre antes de actuar.

En definitiva, las discusiones y los conflictos son algo propio de la convivencia y la vida familiar. Además, tener diferentes visiones de una situación es normal y saludable. Por otra parte, podemos convertir la solución del conflicto en algo fructífero. Si es así, se puede aprender mucho: sobre nosotros mismos, sobre el otro,  y sobre cómo salir ganando en crecimiento y madurez personal. 

¡Un fuerte abrazo!

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