El Síndrome del Emperador o Hijos-Tiranos

Emperador

No son mayores de edad, pero son los verdaderos jefes de la familia. No son delincuentes comunes, pero pegan, amenazan, roban, agreden física y psicológicamente… Son los protagonistas del llamado “Síndrome del Emperador”, también llamado del niño tirano o del niño rey, un fenómeno de maltrato de hijos a padres que se ha instalado con fuerza en la sociedad.

Permíteme que te pregunte: en tu casa ¿quién manda? ¿Tú o tus hijos? Si te encuentras frecuentemente en la posición de complacer a tus hijos y buscar su aprobación constante ¡cuidado!,  podrías estar alimentando la aparición de un pequeño emperador o niño tirano.

También hay que tener especial cuidado porque, además, no existe un patrón que nos permita ubicar qué niño desarrollará el Síndrome del Emperador: unas veces es el hermano pequeño; otras, el mayor; otras, será el hijo único, o el adoptado, otra los hijos de padres mayores, de familia monoparental, etcétera. Eso sí, parece que se da más entre clases altas y medias y entre niños que niñas, aunque las niñas están ganando terreno.

¿Qué es el Síndrome del Emperador?

Definimos el Síndrome del Emperador como el maltrato que algunos niños y adolescentes ejercen sobre sus padres. También, puede darse en personas adultas, pero es menos frecuente.

Este maltrato se manifiesta, indistintamente, tanto en lo físico como en lo psicológico. El maltrato psicológico se realiza mediante desprecios, ironías, insultos, intimidaciones, situaciones donde se ridiculiza a los padres, riéndose de ellos o haciéndoles sentir malos progenitores y culpables de sus fracasos y desgracias. Por otro lado nos encontramos con el maltrato físico que dispensan estos hijos a sus padres y que, en los casos más extremos, pueden hacer intervenir a los servicios sociales ante la denuncia de esos padres u otros familiares.

Ante esta situación, los padres no saben cómo actuar ni dónde pedir ayuda, sienten miedo y terror de sus propios hijos y no saben cómo protegerse de ellos. Normalmente, es algo que tratan de ocultar, en ocasiones para proteger a sus hijos y, otras veces, por vergüenza o por sentimiento de culpa.

¿Qué factores causan la aparición del Síndrome del Emperador?

Como siempre apuntamos y aclaramos, las causas suelen ser diversas y complejas y, además, todas están relacionadas entre si. No obstante, sí podemos enumerar algunas de esas causas, ya que en la mayoría de los casos de Síndrome del Emperador nos encontramos con:

  • Carencias educativas. La ausencia de normas en la familia o el incumplimiento de las mismas, una educación excesivamente permisiva, no corregir conductas inapropiadas y la falta de autoridad de los padres, son factores que favorecen el desarrollo del Síndrome del Emperador en los hijos.
  • Temor a los propios hijos y a sus reacciones. Cuando los niños son pequeños hay ocasiones en las que los padres ceden a sus caprichos por temor a sus reacciones. En ellos prima el deseo de evitar una rabieta, un enfado o una discusión frente al esfuerzo de imponerse y educar. De esta forma, son los niños quienes empiezan a dominar las situaciones. Todo esto derivará en una clara falta de autoridad de los padres. Este es uno de los principales motivos de este maltrato que ejercen los hijos tiranos.
  • Carencia de criterios morales. Estos niños han recibido un tipo de educación carente de criterios morales, por lo que es muy difícil que en ellos nazca el sentimiento de culpa. Se trata de niños que no se plantean si lo que hacen está bien o mal, no tienen empatía, son egoístas porque no les importa lo que puedan sentir sus padres, no sienten compasión por los demás, sólo buscan su bienestar y satisfacer su deseo más inmediato.
  • Mayor permisividad social. Tanto en el colegio como en la sociedad, los profesores y nuestros mayores se sienten prácticamente sin autoridad, se siente incapaces de imponerse y conseguir que la convivencia sea llevadera en las aulas o incluso en las calles.
  • Valores Sociales actuales, donde predominan el hedonismo, la individualidad, el consumismo y la necesidad de satisfacción inmediata de los deseos, donde la frustración se concibe como algo negativo que hay que desterrar.

¿Qué características suelen tener los niños que manifiestan el Síndrome del Emperador?

  • Son egoístas. Los niños tiranos se han quedado en una etapa infantil de enfocarse solamente en sí mismos. Como todos en casa están muy atentos a ellos, llegan a pensar equivocadamente que son el centro del universo. Todo tiene que ver con ellos, y ellos se lo merecen todo simplemente por existir. ¿No los llaman “rey”, “princesa” o “reina”? Y es que es difícil pensar en los demás cuando te han enseñado que tú eres el eje de la familia y que todos los planes, anhelos y esfuerzos giran alrededor de tu satisfacción personal.
  • Son caprichosos e inflexibles. Los niños emperador exigen que se les cumplan los caprichos de inmediato. No son flexibles para modificar sus demandas ni manejan bien las esperas.  Cuando un niño tirano quiere algo, su expectativa es que se cumpla en el momento y, si no, “arde Troya”. ¿De dónde saca esta actitud tan irrealista? De su propia experiencia, que ha estado protegida de la realidad. Si en casa tu hijo está acostumbrado a tu respuesta inmediata a todo lo que dice, es probable que pocas veces lo contraríen y que todos en casa tengan la costumbre de mantenerlo “feliz”, dándole lo que demanda antes de que se enoje o llore.
  • Son intolerantes. Los niños tiranos no tienen la menor paciencia con los demás. Son incapaces de imaginar las situaciones ajenas ni de sentir empatía por nadie. Muchas veces entran en altercados crueles con sus padres, en los que los niños insultan y hostigan a sus mayores, los humillan en público o los interrumpen constantemente demandando su atención absoluta. No conocen la existencia de los turnos. Ellos siempre son los primeros, y no aguantan ningún cambio en su posición. Simplemente no toleran que nadie más amenace su imperio.
  • Mal comportamiento. Si retas al emperador, al tirano, tendrás que hacer frente a su ira. No tiene límites; realmente no los conoce, ya que nunca se ha enfrentado a ellos. Por lo tanto, no sabe tratar a otros con respeto.
  • No tiene la conciencia de lo que es aceptable y lo que no es apropiado. Su conducta puede ser tranquila mientras consiga todo lo que quiere, pero la dimensión de su enojo puede ser enorme en el momento cuando se le niegue cualquier cosa.

La tragedia de los niños y adolescentes que manifiestan el Síndrome del Emperador es que, como son raros y escasos los momentos “perfectos” cuando todo marcha sobre ruedas y el está realmente “feliz”, por lo general, los niños tiranos son personas enojadas e infelices, frustradas constantemente.

¿Cómo se sienten los padres que sufren en casa el Síndrome del Emperador?

  • Los padres se sienten culpables. ¿Trabajas muchas horas fuera de casa y pocas veces pasas tiempo de calidad con tus hijos? ¿Eres padre o madre soltera, sin pareja que te apoye con tus hijos? ¿Te faltan recursos económicos para propiciar a tus hijos todas las ventajas o comodidades que tú quisieras? Entonces: ¡ubícate! Vive en el mundo real tú primero. Analiza tu situación y las decisiones que hayas tomado para sostener a tu familia, y luego acepta la realidad. ¿Mamá trabaja? ¡Estupendo! Es un excelente ejemplo para tus hijos, y no tienes que pedir perdón, ni comprar cosas extras, ni permitir cualquier tipo de comportamiento, para justificarte. Si tú logras aceptar tu propia situación y sentirte orgulloso/a de lo que haces, podrás relacionarte con tus hijos de una manera más sana, teniendo expectativas más altas sobre sus actitudes y su comportamiento.
  • Los padres pueden llegar a tener una idea equivocada sobre la felicidad. No hay padre ni madre que no desee la felicidad de sus hijos. Sin embargo, si reduces este anhelo a un simple cumplimiento de la voluntad inmadura de ellos, te equivocas. Los niños no saben ser felices si no los educas. Ellos piensan que necesitan algo imposible: el cumplimiento de sus deseos inmediatos sin ningún esfuerzo de su parte.  Cuando no lo consiguen, sufren una frustración que probablemente será duradera. Entonces, enséñales el valor del trabajo para que conozcan la satisfacción de lograr algo por su propio esfuerzo. Enséñales a convivir y a ayudar a los demás para que se den cuenta de que ellos son únicos y valiosos y que tienen la oportunidad de mejorar las cosas.
  • Los padres no están seguros de su rol, lo que les genera inseguridad. Esto alimenta que los padres no se sientan capaces de manejar la situación y no se atreven a tomar decisiones que sólo a ellos les competen. No podemos olvidar que uno de los mejores actos de amor de un padre o una madre es entrenar a sus hijos para enfrentar las frustraciones de la vida. ¿Cómo hacerlo? Poniendo límites en casa. Los niños no deben tener el rol de autoridad en la familia, ya que son pequeños y necesitan el liderazgo de sus progenitores. Tú eres el adulto, ejerce como tal.

No olvides que, aunque parezca lo contrario, los niños tiranos no son felices. No abdiques de tu puesto de padre o madre en casa. Tus hijos necesitan ubicarte como figura de autoridad para que ellos se puedan desarrollar como niños felices.

Cómo actuar ante el Síndrome del Emperador

  • Ambos progenitores deben estar de acuerdo en cómo quieren educar a sus hijos, en cuál va a ser su modelo educativo y actuar ante él sin fisuras, porque si las hay, el niño se aprovechará enseguida de ellas.
  • Los padres deben ser capaces de admitir que su hijo es un tirano y no buscarle atenuantes.
  • Establecer reglas y rutinas claras, con consecuencias predecibles. Poner límites a los hijos y saber decirles “no” sin temor a sus reacciones. No podemos permitir que no cumplan con lo establecido, ellos tienen unas mínimas obligaciones que cumplir y los padres son los encargados de hacer que las cumplan. En caso contrario, los padres perderían todo tipo de autoridad y, probablemente, se llegaría a la falta de respeto.
  • Es importante tener una visión de futuro y si observamos que nuestros hijos tienen comportamientos tiranos con nosotros o con los demás no debemos permitirlo. Ese tipo de actitudes no se corrigen solas, tenemos que intervenir para evitarlas, de lo contrario tan sólo conseguiremos que nuestros hijos sean unos auténticos maltratadores.
  • Imponer el respeto como la base inviolable de las relaciones en tu casa.
  • Enseñar a los hijos la forma apropiada de verbalizar sus ideas y sentimientos, incluyendo su desacuerdo.
  • Marcar con claridad lo que está bien y lo que está mal. Los hijos necesitan que les guíen en su comportamiento y formas de actuar. Necesitan que les marquen unas directrices para aprender a distinguir lo que está bien de lo que está mal.
  • La frustración es un sentimiento indispensable en el desarrollo infantil. Y es que educar no es fácil, y debe implicar ciertas dosis de frustración para equilibrar el amor infinito que sentimos por nuestros hijos. Si los padres ejercen su autoridad con cariño y constancia, los apuntes de tiranía deberían ir poco a poco mitigándose. El problema llega si no hay reacción por parte de los progenitores que, en su afán de buscar una explicación o excusa a todo: “el niño tiene mucho carácter”, “lo que hace es normal a su edad”…, no se atreven a imponer la mínima disciplina. El problema se va agrandando hasta que la familia tiene la sensación de que se le ha ido de las manos.
  • Rutina, rutina y más rutina. Sobre todo cuanto más pequeño es el niño, su día a día debe estar pautado: horas fijas para comer, para acostarse, para hacer los deberes. También debe tener una serie de obligaciones en casa (hacer la cama, poner y quitar la mesa, etcétera) de las que no se puede escabullir. Y normas muy claras sobre su tiempo de ocio.
  • Nada de amenazas. Las amenazas transmiten inseguridad al niño y sólo logran aumentar su tendencia a la negación.
  • No se trata de prohibirlo todo después de haberle dejado hacerlo todo. Una vez dicho una cosa, no hay que retractarse, así que más vale pensar con calma antes de hablar y actuar.
  • No sirve de nada argumentar sin fin, el niño tirano no está acostumbrado a las palabras. En vez de discutir, hay que recordarle cuáles son las reglas que hemos fijado y su deber de respetarlas.
  • Tampoco sirve pedirle que se ponga en tu lugar: justamente una de sus características es su falta de empatía.
  • Recordar que los milagros no existen y la educación es una carrera de fondo: puede que no haya resultados inmediatos, pero, según va creciendo, el niño logrará interiorizar nuestras enseñanzas.

Un último apunte para afirmar que no podemos culpar siempre a los padres de estas situaciones. Los niños con Síndrome del Emperador no son simples niños malcriados, aunque a veces se confundan estos términos. Por eso el papel de los padres se hace muy complicado y en muchas ocasiones es necesaria la ayuda de profesionales. De esta manera, si los padres han llegado al punto límite con sus hijos tiranos pueden (y deben) pedir ayuda externa. Algunos niños y sus padres necesitarán terapia dependiendo de los síntomas y de su edad. Si se trata de preadolescentes o adolescentes y ya se han vuelto agresivos, el problema es más serio y la terapia, más larga.

Os animamos a compartir vuestros comentarios y opiniones.

¡Un saludo!

Un pensamiento sobre “El Síndrome del Emperador o Hijos-Tiranos

Deja un comentario