Enseña a tus hijos a competir, a saber ganar y a saber perder.

perder

Aprender a ganar es fácil. Nos hace sentir bien y nos alegra. Sin embargo, aprender a perder cuesta un poco más. Muchos niños, e incluso adultos, para qué negarlo, toleran muy mal la derrota: se enfadan, culpan a los demás e incluso reaccionan con rabietas.

Y es que perder es frustrante, pero los niños tienen que aprender a tolerar la frustración, a sobrellevar esa emoción y gestionarla de un modo positivo. Porque la frustración es una emoción muy frecuente en nuestras vidas, y también en la de los niños: suspender un examen, perder un juguete, no ser elegidos para el papel de protagonista en una obra de teatro, etc. mil y una situaciones les pueden generar frustración. Los adultos sabemos que ahí no se acaba el mundo, que después de eso podemos sacar una lección, que podemos volverlo a intentar y hacerlo mejor. Y también sabemos que, a veces, otra persona lo hace mejor que nosotros y aceptamos que merece ganar.

Aprender a tolerar la frustración no es fácil, requiere vivir muchas experiencias de derrota para que uno se adapte a ellas y sepa hacerles frente. Por eso los niños reaccionan con mucha más intensidad: en su vida se han encontrado pocas veces con esa sensación y cuando la descubren les afecta mucho. Ellos viven en la inmediatez del presente, así que les resulta muy difícil entender la utilidad futura de esta emoción. Por más que les digamos “la próxima vez lo harás mejor” eso no logra consolarles. Necesitan vivir esa próxima experiencia y ver su propio progreso, acumular varias vivencias de éxito y fracaso para normalizar esta emoción.

Por todo esto, si estamos de acuerdo en que es importante que nuestros hijos aprendan tanto a saber ganar como a saber perder, ¿Qué debemos hacer nosotros como padres? Echemos un vistazo rápido a tres consideraciones:

Enseñar a competir.

Vivimos en una sociedad muy competitiva en la que todos quieren ganar y triunfar con rapidez, olvidándonos en ocasiones de la importancia de saber competir, poniendo límites, siendo justos y honestos. Debemos saber actuar tanto en la victoria como en la derrota y comportarnos siempre con respeto hacia nuestros rivales. 

En el deporte o en todas aquellas acciones en las que tenemos que competir siempre habrá un ganador y un perdedor, y no siempre gana o pierde el mismo. Este pensamiento hay que tenerlo presente cuando tenemos que competir en algún ámbito de nuestra vida, para no dejarnos influir en exceso por los triunfos ni por las derrotas. Debemos enseñar a competir poniendo límites y siendo justos. No podemos educar a nuestros hijos centrándonos sólo en la victoria, porque eso les haría centrarse tan sólo en ellos mismos y en su objetivo. En cierto modo, si actuamos de esta forma, estaríamos enseñando que el fin justifica los medios, nada más lejos del pensamiento de un buen competidor.

Cuando se trata de una competición deportiva, lo más importante es que nuestros hijos aprendan a disfrutar de la competición, que ofrezcan lo máximo como jugadores, esforzándose en realizar su juego con la mayor perfección y entrega que les sea posible, sin sentirse presionados por sus padres o entrenadores. Tenemos que enseñar a competir centrándonos en el esfuerzo y no en la victoria.

Enseñar a Saber Ganar.

Ganamos cuando conseguimos el objetivo propuesto, cuando tras un tiempo de vencer dificultades, obtenemos un resultado positivo. Ganar supone una gran satisfacción porque es el resultado exitoso del trabajo y del esfuerzo realizado durante un periodo de tiempo. Supone un estímulo, un fuerte empuje para seguir hacia delante en esa línea. Sirve de incentivo para buscar nuevos triunfos. Gana quien saca una buena nota en un examen tras muchas horas de estudio, quien logra un ascenso en su trabajo o quien obtiene una victoria en el deporte. En definitiva, gana todo aquél que logra un objetivo que requiere esfuerzo y lucha personal por lograrlo.

Saber ganar demuestra elegancia y educación. Siempre hemos oído decir que hay que saber perder, pero rara vez, hemos reflexionado sobre la importancia de saber ganar. Sabe ganar quien muestra la mejor actitud hacia su rival, no haciendo manifestaciones que le humillen ni deleitándose en su victoria frente al contrario. Tenemos que aprender a ponernos en el lugar del otro y reconocer y valorar el esfuerzo que ha realizado nuestro rival. También demuestra que sabe ganar, quien no presume de lo conseguido y quien es agradecido, no olvidándose de quien les ha ayudado. Cuando uno gana, tiene que ser consciente de lo efímero que es el éxito, saber relativizarlo y no darle excesiva importancia. Es muy positivo disfrutar de los triunfos, pero siempre con mesura.

Enseñar a Saber perder.

Cuando se pierde, hay que aceptar esa situación. Ya no se puede hacer nada que la cambie, tan sólo aprender de esa experiencia y de los errores que hemos cometido para la próxima vez. No debemos justificarnos cuando las cosas no han salido como esperábamos, tan sólo aceptarlas. Muchas veces influyen factores que no dependen de nosotros y que pueden hacernos fracasar en nuestro objetivo como: fijarnos objetivos inalcanzables, no ser realistas con nuestras capacidades o limitaciones, subestimar a nuestros rivales, o simplemente porque nos enfrentamos a un rival superior. La derrota hay que saber superarla. No podemos permitir que nos afecte hasta el punto que nos suponga un freno para futuros intentos. Hay quien por temor al fracaso, deja de actuar. Consideran que es mejor no arriesgarse a perder, se paralizan y no se esfuerzan en conseguir aquello que tanto anhelan.

Hemos de tener en cuenta que ni siempre se gana ni siempre se pierde. Por ello, no podemos dejarnos llevar por la desazón que produce la derrota, sino pensar que habrá otra oportunidad que podamos aprovecharla mejor. Perder cuesta asumirlo, duele y supone una decepción, es difícil encajarlo porque es el resultado de un esfuerzo no compensado.

Saber perder también atañe a nuestra actitud con nuestros rivales. Cuando perdemos, nuestra actitud debe ser cordial con nuestro rival, ya sea en el deporte o en otro ámbito de nuestra vida como el profesional, y felicitar a quien ganó con prontitud. No debemos enfadarnos ni enfrentarnos a nuestro rival, y en ningún momento faltarle el respeto porque creamos que el resultado ha sido injusto. En el caso de que así fuese, tendremos que aceptarlo igualmente, mejor hacerlo con elegancia. Nunca podemos perder los nervios o las formas, tenemos que tener autocontrol.

Para concretar un poco más estas ideas sobre cómo enseñar a saber perder, diremos que:

  • Predicar con el ejemplo. Recuerda: los niños aprender por imitación, así que hay que ser consecuentes entre lo que decimos y hacemos. Tenemos que aprender también nosotros a perder y a medir nuestras reacciones. 
Cuando el adulto gane o pierda con el niño o con otros, debe hacerle de modelo en sus reacciones (p. ej. “he ganado, pero no ha sido fácil, o” felicidades, has ganado merecidamente”
.
  • Es normal que tras perder uno se sienta un poco triste y decepcionado, pero no se deben permitir reacciones desproporcionadas (agresiones verbales, físicas o contra el material). Si se producen hay que dejar muy claro al niño que en esas condiciones no puede jugar y se queda fuera del grupo hasta que se calme.

  • Hay que mantener las formas. Se gane o se pierda hay que felicitar al adversario. 

  • Tanto los padres como los hijos tienen que aprender a hacer autocrítica para saber qué aspectos tiene uno que tener en cuenta para mejorar. Es más fácil criticar al otro que a uno mismo. Cuando el niño esté triste porque ha perdido, ayúdalo a analizar la situación para mejorar en el futuro. 

  • Enseñar a jugar limpio. Hay que establecer reglas y hay que respetarlas.


A ningún padre le gusta ver sufrir a su hijo, y a todos les gustaría que su hijo fuese el mejor, pero no puede ser. La vida no es siempre un camino de rosas y por tanto los niños tienen que aprender a tolerar la frustración y a sobreponerse de ella. En este sentido, el aprendizaje de cómo competir, cómo reaccionar al ganar y, sobre todo, cómo reaccionar al perder serán fundamentales. Y recuerda que aquí, en deMostaza, te podemos ayudar y estamos a tu disposición.

¡Un saludo!

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