Estudiar eficazmente: pautas básicas.

¿Sabemos estudiar? ¿Nos han enseñado? ¿Aplicamos métodos para sintetizar los temarios y memorizar? Hacer nuestro el estilo de estudio es el punto fundamental y hay algunas consideraciones básicas que conviene tener en cuenta desde el inicio del curso para poder ponerlas en práctica cuanto antes.
Para crear nuestro propio medio, método o estilo de estudio necesitamos tener en cuenta tres puntos básicos: el lugar, la planificación y los métodos.

Tu lugar de estudio
El primero es quizás el punto más simple pero no por ello el menos importante. El ambiente donde estudiamos tiene una gran influencia sobre nuestro rendimiento. Entre los aspectos que definen el lugar de trabajo y que valoramos los psicopedagogos, destaca la exclusividad del mismo.  Que dicho espacio sea siempre igual y, a ser posible, no se utilice para otras actividades (mirar la tele, jugar al ordenador, etc.), ayuda a focalizar la atención y rendir más.

Sin planificación no hay éxito
El estudio, para que sea eficaz (aprender más en menos tiempo), requiere de una buena planificación. Muchas veces programamos los momentos de trabajo sin tener en cuenta nuestro ritmo, los momentos del día que mejor estudiamos, qué nos resulta más fácil y qué más complicado, etc. Intentar adaptar el estudio a nuestra persona y no al contrario, facilita el encontrar un equilibrio entre los tiempos personales y la actividad.
Así pues, para hacer efectiva la planificación, tomaremos especial atención a las necesidades individuales y los contenidos, siempre teniendo en cuenta que un buen plan de estudio debe ser: realista, flexible y revisable, sencillo y práctico y, por último, hecho a medida.

Tus propios método y técnicas de estudio… sin olvidar los básicos
Para estudiar bien, cada persona tiene que encontrar los métodos y las estrategias que mejor le funcionen. No obstante, existen pasos básicos que conviene seguir: la lectura, el subrayado, la preparación de materiales de síntesis y la memorización.
Para ser más concretos, tomando como ejemplo la lectura, el trabajo dependerá de si se trata de una primera lectura rápida o de una segunda en la que prestemos atención a cada apartado.  Entender el contenido antes de pretender memorizar, aprender a localizar las ideas principales de cada apartado y organizar las ideas secundarias, entre otros, son algunos pasos básicos para crear la metodología de estudio.

La importancia de subrayar bien
Algo de lo que pecan muchos estudiantes es de subrayar antes de leer. El subrayado debe ser posterior, de lo contrario, estamos atribuyendo importancia sin conocer el total del contenido (el alumno termina por subrayarlo todo, lo que, a parte de no ser útil para estudiar, aumenta la ansiedad al ver tanto contenido “importante”). El criterio de inclusión o exclusión de ideas principales es un modo de integrar la materia estudiada.
Otro punto importante es no olvidar señalar diferencias entre contenidos subrayados, por ejemplo, a partir de etiquetas que detallen la temática (Ej.: “causas”, “consecuencias”, “fases”, “tipos”, “características”, etc.).  De este modo conseguimos no únicamente resaltar la información, también organizarla y empezar a crear una estructura mental que permita llevar a cabo un estudio comprensivo.

Un buen resumen: básico para aprender y expresar lo aprendido
Es habitual escuchar frases del tipo: “no elaboro resúmenes para no perder tiempo estudiando”, “yo voy directo a memorizar”, etc.
En realidad, la misma tarea de síntesis facilita la integración de contenidos.  Los materiales de síntesis son útiles para comprender mejor el texto, estructurar ideas, detectar conceptos clave, ser conscientes de la cantidad de información existente, memorizar de un modo visual, obtener una idea global del tema y repasar de forma rápida.
Por otro lado conviene recordar que, además de los resúmenes, existen más materiales de síntesis: los esquemas, los cuadros comparativos, los mapas conceptuales y los glosarios, son algunos ejemplos.  Conocer qué material es más conveniente según el contenido y el tipo de demanda, así como aprender a construirlo, es una de las tareas fundamentales que todo estudiante debe acometer.

Ten buena memoria… Así que: memoriza bien
La memorización es uno de los temas que más preocupa a los estudiantes. Y no es para menos.
En los últimos tiempos ha recibido mala prensa, seguramente motivada porque en algunos estilos académicos arcaicos se premiaba básicamente la capacidad memorística, de reproducción de cierto contenido, sin atender al aspecto comprensivo y de integración del aprendizaje.
Alejándonos de esta postura, tampoco se puede obviar que no hay aprendizaje sin memorización. Es decir, hay que ser capaz de demostrar que el contenido trabajado se puede reproducir y exponer, y para ello se hace imprescindible la memorización.
En primer lugar, es importante recordar que no memorizaremos hasta que no tengamos el temario leído, entendido, organizado y plasmado en un resumen, esquema u otro material de síntesis. La memoria que buscaremos potenciar es una memoria comprensiva, es decir, que entienda y relacione los conceptos aprendidos con otros ya conocidos. Esto ofrece sentido al estudio y facilita recordar el material trabajado.
Existen pequeños trucos que pueden ayudar a memorizar. Entre todas las herramientas que se pueden utilizar, resultan especialmente interesantes los ejercicios de rellenar vacíos para rehacer el resumen sin mirar, las construcciones de historietas que contengan palabras clave, así como reescribir la información y recitarla en voz alta para elaborar un discurso. También es interesante realizar ejercicios mediante la memoria visual, una herramienta muy potente y poco explotada en ocasiones.

¡Un saludo!