Fomenta en tu hijo la autonomía y la responsabilidad.

Uno de los objetivos en la educación de los hijos es tratar de orientarles y guiares para que sean capaces de gestionar su propia vida y adquirir una actitud responsable. De esta manera queremos mostrar, a través de ejemplos prácticos, cómo potenciar la autonomía y la responsabilidad en los hijos.

¿Qué entendemos por autonomía y responsabilidad?

La autonomía hace referencia a la capacidad para gestionar la propia vida: ser capaz de tomar decisiones que tienen que ver con uno mismo sin depender de otras personas; tener sentido de la responsabilidad significa aceptar las consecuencias que nuestras acciones puedan tener para nosotros mismos o para los demás. Además, implica asumir unas obligaciones y unos derechos propios.

¿Cómo ayudar a nuestros hijos a ser más autónomos? 

Podemos reforzar la autonomía en nuestros hijos de muchas maneras. Por ejemplo, podemos empezar encargándoles tareas individuales de su propia responsabilidad tales como: hacerse la cama, poner la mesa, comprar el pan, etc. 

Por otro lado, es importante dejar que tomen las decisiones que les correspondan a ellos (por ejemplo, cómo distribuir el tiempo para hacer los deberes) sin guiar totalmente su trabajo, simplemente limitándonos a supervisarlo. Otro ejemplo: si se van de campamento, que sean ellos los encargados de preparar aquello que les hace falta y nosotros repasarlo conjuntamente.

Resaltamos especialmente la importancia de establecer responsabilidades claras en los trabajos que se les pide, es decir, no dar por supuesto y entendido que saben aquello que queremos que hagan. Por ejemplo, si ellos son los encargados de cuidar al hámster, explicarles previamente qué deben hacer (limpiar la jaula, reponer la comida, el agua, etc.).

También es muy recomendable reforzar sus comportamientos y manifestaciones de autonomía. Cuando hagan alguna tarea por iniciativa propia, como preparar la comida, es importante dejar que la realicen y posteriormente felicitarlos. Para terminar, hay que destacar la importancia de establecer normas flexibles que no sean tan rígidas hasta el punto que les impida actuar con cierta autonomía, ni tan leves que no les ofrezca una mínima seguridad.

¿Cómo se puede fomentar la responsabilidad?

Las tareas domésticas pueden ayudar a potenciar la responsabilidad familiar, en el sentido de que cada miembro puede tener asignadas distintas tareas y que estas sean rotativas. Es importante dejar que los niños hagan cosas y no evaluarlo tan solo en cómo nos gustaría en el sentido estético, como por ejemplo, que sus habitaciones pueden estar ordenadas aunque no compartamos la decoración.

Es también interesante señalar la necesidad de implicar a los chicos en la toma de decisiones que afecten a la familia. Por ejemplo, podemos establecer un diálogo en relación a las vacaciones y decidir conjuntamente el lugar de destino, las actividades, etc. Además, es muy recomendable potenciar que tomen las decisiones importantes de su vida (como pueden ser qué tipos de estudios a seguir) por sí mismos y de manera razonada. Como padres, es preferible adoptar más el papel de soporte y orientación, que no de co-responsable.

Por otro lado, recordamos la importancia de ayudar a nuestros hijos a valorar y a darse cuenta de las consecuencias de sus conductas, sean buenas o malas.  Es decir, si el niño toma una decisión, tiene que comprender la importancia de ser consecuente con lo que pueda pasar. Por ejemplo, si decide hacer una fiesta en casa, él se preocupará de organizarla y de limpiar y recoger una vez termine.

Por último, resaltar que los padres son modelos para sus hijos. Supongamos que los padres mienten sobre la edad de su hijo para no pagar una entrada de adulto en el cine o, estando en casa, piden al niño que coja el teléfono y responda a una llamada diciendo que el padre o la madre no están.  Con esta actuación, los niños aprenden que mentir no está mal. Por ello, el primer ejemplo lo deben dar siempre los padres. De este modo se transmite coherencia entre lo que uno pide y lo que uno realiza, es decir, “se predica con el ejemplo”.

¡Un saludo!