Exámenes e Hijos Agobiados: Una Guía para Padres

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        Se acerca una nueva evaluación y con ella los “temidos exámenes”. Los niños, y sobre todo los adolescentes, suelen sufrir una gran presión en esta época. Esto es aún mayor si se van a enfrentar a las pruebas de selectividad o a otras en las que se jueguen todo el curso académico.

        Los exámenes suelen generan ansiedad por distintos motivos y es un mecanismo de activación de nuestro cuerpo absolutamente normal. De hecho los adultos también la experimentamos cada vez que hacemos frente situaciones tensas. Aún así, la situación ideal es aquella que conduce a que el alumno pueda controlar su estado para que no le impida responder al examen con ciertas garantías.

        Y aunque sabemos que los exámenes no miden con exactitud los conocimientos adquiridos, porque pueden intervenir otros factores (además de haber estudiado) en que la prueba salga más o menos bien, sí estamos inmersos en una política educativa donde se puede llegar a concebir los exámenes como una “prueba absoluta”, que lo único que provoca es aumentar el agobio y el estrés que los alumnos suelen soportar. 

        Así pues, queremos dar unas pautas para que padres, abuelos, tíos y todos aquellos que estén en contacto con los chicos que se examinan, les puedan ayudar a manejar correctamente el agobio ante los exámenes y así puedan dar lo mejor de sí mismos en las pruebas a las que se presentan. 

      Sugerencias para ayudar a los niños y adolescentes con sus exámenes.

        El principio básico sería tratar de ayudar a tus hijos a desarrollar una actitud positiva hacia los exámenes. Para ello, sugerimos que trates de:

  • Conservar la calma. Tanto para padres como para hijos, es el primer paso para poder enfrentarse a este reto, ya que en muchas ocasiones son los propios padres quienes más sufren de nervios y ansiedad ante un examen. Así pues, lo que más necesitan nuestros hijos son unos padres tranquilos.
  • Fomentar su autoestima. Haz ver a tus hijos que si bien te interesa su rendimiento escolar, hay otros aspectos que valoras y que son tanto o más importantes. A veces los niños y adolescentes piensan que a sus padres sólo les interesan los resultados y no ellos mismos, lo que es fácil de creer si las únicas preguntas que les hacen es cómo les ha ido o si han subido las notas. Recordarles que el esfuerzo es más importante que la nota, y que no serán más o menos inteligentes por el resultado de un examen. De tal manera que, si el alumno se valora a sí mismo como persona sin depender de las calificaciones, su confianza aumentará y mejorará el rendimiento escolar. 
  • Transmitir mensajes positivos. Los adolescentes suelen caer en la ansiedad ante la posibilidad de una mala nota, pensando que no lo conseguirán. Es importante transmitirles confianza y seguridad en su trabajo, hacerles entender que sólo suspenden los que se examinan y cuando nos dan un revés, por injusto que sea, uno se levanta y sigue luchando. Que valoramos la constancia y que tropezarse, que tener fracasos, es algo natural de los que intentan hacer cosas. 
  • Establecer expectativas altas pero realistas. Fijarle expectativas irreales al niño puede obstaculizar su interés por tener buen rendimiento y provocarle tristeza, ansiedad y falta de confianza.
  • Esfuérzate en que entiendan que sus pensamientos regulan su conducta y que si piensan “me voy a quedar en blanco”, se están entrenando para eso. Cuando te digan que se han quedado en blanco, pídeles que se sienten, que se tranquilicen, que cojan un bolígrafo y un papel, y que esperen hasta que se acuerden. 
  • Evitar declaraciones negativas sobre los exámenes. Frases como “a mí tampoco me iba bien en los exámenes” o “en esta familia nadie saca buenas notas” no ayudarán a tus hijos a valorar su proceso de evaluación. 
  • Evitar las comparaciones con otros compañeros, vecinos, amigos o familiares, incluso con los propios padres. Cada persona es diferente y tiene un ritmo de aprendizaje que depende de muchos factores.
  • Ayudar a tu hijo a preparar un plan de estudios para las pruebas. Especialmente con los adolescentes hay que asegurarse de que no alteran sus costumbres, ya que los maratones de estudio y el abuso de productos con cafeína o azúcar rompen los ritmos vitales del adolescente, y acaban provocando más cansancio y menos concentración. Los hábitos de estudio se crean y generan a lo largo de todo el curso, no en dos semanas de atracón. 
  • Preocúpate de que no deje de lado otras actividades importantes. El estudio no debe excluir actividades físicas, ni descuidar las indispensables horas de sueño, así como una buena alimentación. Aprender algunas técnicas de relajación suele dar también buenos resultados.
  • No utilizar premios o castigos en relación con las notas. Un niño podría aprender a valorar sus calificaciones sobre la base de recibir un regalo o por miedo a un castigo, en lugar de por el propio aprendizaje, y esto genera más presión.
  • Dar la importancia que corresponda al examen. Puedes bromear o realizar comentarios para tranquilizarle y reducir la ansiedad. Saber que hay otras opciones u oportunidades ayudará a disminuir la presión sobre la siguiente prueba.

        Para terminar, debemos de ser capaces (todos) de aprender de los errores de forma positiva. Por ejemplo es mucho mejor plantear: “¿Crees que podrías haber estudiado de otra forma?” a: “Ya te dije que no lo dejaras para los últimos días, ¡eres un desastre!”.       

        Y sobre todo, tienen que saber que el mundo no se termina nunca después del examen. Que, pase lo que pase, siempre hay un plan B o plan C que podemos ejecutar.

        Esperamos vuestros comentarios y opiniones.

¡Un saludo a todos!

 

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