La importancia de los límites en la educación de los hijos

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Educar a los hijos no es una tarea fácil. Más aún cuando hay que poner en marcha algo tan frustrante para los chicos como los límites. Eso sí, marcar estos límites en su educación es absolutamente imprescindible si queremos que nuestros hijos sean niños, adolescentes o jóvenes seguros y puedan ir madurando poco a poco como personas.

¿Tu hijo se frustra ante los límites? No te preocupes, es normal.

Es cierto que los límites no son agradables. Así, son muchos los niños que manifiestan frustración ante el “no” que se ha puesto como límite a una petición o conducta. En edades tempranas lo hacen con lloros y pataletas. Cuando son más mayores, muestran la intolerancia al límite a través de respuestas negativas y actitudes desafiantes.

En el caso de las negativas, en ocasiones, no únicamente aparecen como respuesta a órdenes (por ejemplo: “apaga la consola que nos vamos a comprar”), también lo hacen cuando la propuesta es una actividad lúdica (por ejemplo: “nos vamos al cine”).  El niño responde “no” a todo.

Cuando hablamos de actitud desafiante nos referimos al chantaje emocional con el que tratan de sacar ventaja en una determinada situación y “salirse con la suya”. Al no tolerar el límite el niño adopta una actitud que, algunas veces de manera consciente y premeditada, hiere a los padres con el objetivo de conseguir su deseo (por ejemplo: “no te quiero”, “te odio”, “si me quisieras me dejarías”).  Si los padres se sienten vulnerados pueden manifestar su dolor delante del niño e, incluso, en situaciones de alta tensión, lanzar una contrarréplica que responsabilice al hijo del tipo: “estás haciendo que nos disgustemos y estemos todos mal por tu culpa”.

¿Qué ofrece el límite?

Sobre todo: seguridad.  El niño que conoce el límite sabe hasta dónde puede llegar, de lo contrario, se genera una incertidumbre constante donde el niño puede llegar a preguntarse cosas como:“¿será a la cuarta vez que me dirán un no definitivo?”,“¿después será a la quinta?” Todo esto se hace mucho más evidente en la adolescencia. En esta etapa evolutiva, el niño demuestra autonomía y capacidad de autogestión emocional (sobre todo autocontrol) cuando tolera el “no”. En realidad, podríamos afirmar que, juntamente con el refuerzo positivo y el amor, los límites son la base de la educación.

Ponerse de acuerdo en los límites.

El trabajo de poner límites compete a ambos progenitores por igual. De tal manera que si ambos padres aplican y/o siguen caminos distintos en el establecimiento de los límites sin contrastarlo con la pareja, será muy complicado que el niño entienda dónde está el límite y la eficacia de éstos desaparecerá. 

Conviene también subrayar la necesidad de que el límite sea consistente y se cumpla dando igual quién ponga dicho límite, bien sea papá o mamá.

Algunos ejemplos de límites.

Un límite importante es el de “si rompes algo, tienes que repararlo”. Por ejemplo, si el niño ensucia el suelo y alguno de los padres lo limpia sin pedir que le ayude, el pequeño difícilmente aprenderá a ser cuidadoso. En este caso, siendo fiel al mensaje que se quiere transmitir al establecer el límite, se debe pedir al niño que colabore de algún modo a reparar lo sucedido, bien sea trayendo un trozo de papel, acompañándole a la cocina, etc.

Otro límite es dosificar los refuerzos positivos, como por ejemplo: el uso de la consola, tablet, televisión, etc.  Los refuerzos son interesantes para premiar conductas, pero pierden su valor si se utilizan sin más.  Por ejemplo, si el niño sabe que tendrá la tablet veinte minutos cuando termine los deberes, entonces, lo vivirá como “ahora sí y antes no”, es decir, llegará a la conclusión de que “siempre no puede ser, las cosas no llegan únicamente cuando yo lo deseo”.  De este modo educamos ante la espera, la persecución de objetivos, el esfuerzo y la constancia.

Otro punto importante es no centrar la atención en el castigo sino en la recompensa. Por ejemplo, los padres de un adolescente que no ha estudiado pueden retirarle el móvil como castigo o explicarle que el móvil es algo que debe ganarse con esfuerzo y, conforme demuestre esfuerzo, le concederán momentos para utilizarlo.

Pautas incorrectas al aplicar límites.

Ya hemos apuntado que es mucho mejor sustentar la educación en el refuerzo positivo que, por ejemplo, en el castigo o la amenaza. Así pues, deberá evitarse aplicar límites sustentados con amenazas.

Así, cuando el límite se sustenta con una amenaza y, aún a pesar de que el niño sobrepasa el límite, obtiene el premio como por ejemplo:“si no recoges la habitación no verás la televisión”.  Si en este caso el niño no recoge la habitación pero termina viendo su programa favorito, no entenderá dónde está el límite y resultará costoso que acepte futuros “no”.

Otro ejemplo es cuando los padres dicen “a la próxima te quedas sin…”.  Si la próxima no llega y se repite, dos, tres y cuatro veces, el niño sigue sin aprender dónde está el límite

La tarea no es fácil, pero merece la pena.

No nos cansaremos de recordar a los padres la importancia de ser perseverantes y no rendirse, puesto que los cambios no vienen de un día para otro.  Transmitir mensajes centrados en el amor, tales como: “nosotros lo hacemos por tu bien”, “te queremos y pensamos en tu futuro” aunque no sean del agrado del hijo, quedan grabados en su biblioteca emocional y dan explicación a muchas acciones que él, de entrada, no entiende. Todos los mensajes tienen un efecto que, más adelante, llegará.

Poner límites es duro, cansado y sacrificado. No siempre es fácil, sobre todo si no se han puesto desde edades tempranas. Desde deMostaza podemos ayudar a los padres en este trabajo ofreciéndoles la orientación y el asesoramiento que precisen.

Un saludo.

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