Invierte en Valores. Tus hijos te lo agradecerán.

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Invierte en valores, sí, no tengas ninguna duda. Haz todo lo necesario para asegurarte la inversión. Merece mucho la pena. Antes de seguir, quiero aclarar que no he cambiado el enfoque del blog. Evidentemente no estoy hablando de los valores del mercado bursátil. Más bien estoy hablando de otros valores: los personales, los que te enriquecen como persona y te ayudan en tu día a día. Y, como bien sabemos, este tipo de valores se inculcan, fundamentalmente, en la familia. Por eso la invitación que hago desde el mismo título del post: invierte en valores, ocúpate de educar en valores a tus hijos porque, sin ninguna duda, te lo van a agradecer.

Se dice a menudo que los niños de ahora no tienen valores: que no respetan nada ni a nadie y que los padres tendríamos que educarles en valores. Obviamente se trata de una generalización y además se aprecia un poco de falta de memoria porque muchos en nuestra infancia también las hicimos y, en algunos casos, gordas.

Sin embargo sí coincido en que a muchos niños les iría bien que sus padres trataran de transmitirles valores para que fueran más respetuosos en general, más responsables, más solidarios, más honestos y más empáticos, por nombrar algunas de las características que más valoramos en las personas. 

Sabemos que todos los valores contribuyen positivamente al enriquecimiento personal. Por ello es necesario que los padres se conciencien de la importancia de una educación en valores para sus hijos y que conozcan cómo transmitirlos de modo que no existan contradicciones entre lo transmitido y lo vivido.

¿Qué son los valores?

Llamamos valores a todo aquello que enriquece a la persona y contribuye a su perfeccionamiento. Los valores son modelos de realización personal que orientan nuestras decisiones y comportamientos; son guías de conducta, nos ayudan a encontrar sentido a lo que hacemos, a tomar decisiones y resolver problemas.

El valor es la convicción que tiene cada ser humano de que algo es bueno o malo, de que algo conviene o no. Sirven como referencia y punto de partida. Muchas de nuestras decisiones inmediatas o los planes a largo plazo, están influidos por el sistema de valores que cada uno tiene. Todo lo que una persona considera importante está relacionado con sus valores individuales, y en la medida en que uno respete y realice los valores en los que cree, mejorará la satisfacción personal.

Por todo ello, educar en valores a los hijos es una de las tareas más importante que deben realizar padres y educadores. Son ellos los que deben de propiciar el descubrimiento de valores importantes y contribuir a que poco a poco los hijos vayan creando una escala de valores que oriente sus conductas de forma coherente, ya que estos van a tener mucha importancia en el ajuste personal, social, familiar y profesional.

¿De qué valores estamos hablando?

Los padres deben enseñar a los hijos a tener criterios con los que vivir, enseñarles a razonar, a tener juicio crítico, a discernir lo que les conviene o no. Veamos algunos valores como ejemplo:

  • La tolerancia es un valor universal y es pieza clave para educar en la pluralidad. Es una forma de enseñar a los hijos a ser solidario con la realidad propia de los demás.
  • Hay otros valores como la sinceridad, la lealtad, la bondad, la generosidad, el respeto, el optimismo, etc. que son realmente importantes, y que se deben transmitir a los hijos desde que estos son pequeños.
  • Otro valor es la responsabilidad. Es muy importante que los hijos aprendan a prever las consecuencias de tomar una determinada decisión, y a ser responsables con las decisiones tomadas.
  • Enseñarles a saber renunciar a lo que no les conviene, aunque aparentemente sea algo muy apetecible e interesante para ellos.
  • Fomentar en los hijos el autocontrol y desarrollar la capacidad de autodominio. Esto les va a ayudar a controlar un impulso, resistir el dolor, terminar las tareas empezadas, aceptar alguna contrariedad, etc.
  • Enseñarles a poner en práctica proyectos personales y educar en el esfuerzo. De esta forma irán adquiriendo el entrenamiento que van a necesitar para conseguir las metas que se propongan, aprenderán que esforzarse es lo más natural, y que gran parte de las cosas valiosas de la vida requieren esfuerzo y responsabilidad.

Cómo transmitir los valores a los hijos

Lo primero a tener en cuenta es que los niños son, en cierto modo, el reflejo de lo que nosotros somosSólo por el hecho de convivir con nosotros, sólo por el hecho de estar con nosotros mientras nos relacionamos con otras personas, mientras solucionamos problemas, mientras argumentamos, mientras actuamos responsablemente, etc., ellos van asimilando cuál es nuestro sentido de la responsabilidad, cuáles son nuestros valores y, algo muy importante, cuán consecuentes somos con lo que decimos o hasta dónde llegamos a la hora de defender nuestras creencias, es decir, demostrar que nuestros actos son coherentes con nuestras palabras. 

Por todo esto que acabamos de señalar, hay que tener claro que no se puede transmitir algo que no se tiene. Por consiguiente, es muy importante que los padres consideren sus propios valores para poder educar a sus hijos en esos mismos valores, así como transmitir lo que ellos intentan vivir. Sabemos que una forma de aprender es por imitación de modelos, por ello es muy importante que los padres sean los modelos principales para los niños.

Lo segundo que puede ayudar a educar en valores a un niño es tener claro que no podemos exigirle que esté de acuerdo en todo lo que le decimos. No podemos imponer los valores a la fuerza. Los padres pueden orientar o sugerir, pero no obligar a adoptar los valores que ellos no quieren. Y es que nuestra misión no es llenarles de opiniones y contenidos como si fueran un libro en blanco y esperar que los interioricen y actúen en base a ello. Más bien nuestro objetivo tiene que ser ayudarles a pensar, explicarles las cosas de manera sincera y clara, de manera que entiendan nuestras motivaciones y las razones que hacen que actuemos de un modo determinado para que ellos entiendan qué hay detrás de cada acto. Es más importante que entiendan por qué respetamos a los demás y por qué tratamos de ser buenas personas, que no que sepan, simplemente, cuáles son los actos que están bien o mal.

Para ello es recomendable hablar, hablar mucho con ellos. Preguntarles, dialogar sobre nuestra manera de ser y actuar, querer conocer sus opiniones y buscar sus argumentos a favor y en contra de lo que hacemos. Si los niños ven que nuestras acciones son consistentes, si ven que somos consecuentes con nuestras palabras, si ven que somos respetuosos, sinceros y honestos, y si entienden por qué lo hacemos, es muy probable que acaben actuando del mismo modo.

Si en cambio ven que nuestras palabras se las lleva el viento, que pedimos a los demás que hagan lo que les decimos, pero no lo que hacemos, si mentimos, si nos ponemos la chaqueta que más nos convenga según el momento, no siendo consecuentes con la chaqueta que elegimos un buen día llevar para siempre, ellos lo notarán y perderemos autoridad como padres y educadores. Quizás hasta nos reprochen nuestro modo de hacer las cosas y se distancien aún más.

Y lo tercero que debemos tener en cuenta es que el camino no es fácil, que no somos perfectos y que nuestros hijos tampoco lo serán. En ocasiones lo haremos mejor y en otras peor. Lo importante y lo que ayuda a crecer (a los niños y a nosotros mismos) es ser capaces de poner en relieve nuestras carencias para mejorar. Podemos explicarles honestamente que nos hemos equivocado en algo, podemos pedir perdón, podemos fijar como objetivo hacerlo mejor la próxima vez y podemos explicárselo porque es una buena manera de que vean que ellos también se equivocarán muchas veces y que, si se lo proponen, pueden también tratar de hacerlo mejor.

Todo ello nos ayudará a transmitir nuestras creencias, nuestros valores y nuestra manera de ver el mundo. Ellos deben ser libres para escoger sus propios valores y sus propios principios, pero nosotros tenemos la obligación (nosotros, y no la escuela ni nadie más) de proporcionarles los fundamentos, la base, a través de nuestras opiniones, nuestras elecciones, nuestras buenas acciones y nuestra conducta.

¡Un saludo!

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