La Autoestima: clave en nuestra vida cotidiana.

autoestimaUno de los conceptos más conocidos del mundo de la psicología es el de la Autoestima. Esto responde a la realidad de la tremenda importancia que ésta suele tener para afrontar los diferentes aspectos de la vida cotidiana. Por lo tanto, la autoestima que cada uno de nosotros tiene, afecta a nuestra manera de estar y actuar en el mundo y de relacionarnos con los demás. Y es que nada en nuestra manera de pensar, de sentir, de decidir y de actuar escapa a la influencia de la autoestima.

¿Qué es la autoestima? 

En términos generales la autoestima es el valor que me doy a mí mismo, la manera como me veo y me siento, lo que yo pienso de mi persona. Poseer una buena autoestima significa quererme, e implica conocimiento, valoración, confianza y respeto a mí mismo.

Pero la autoestima supone alguna consideración algo más compleja: se fundamenta en otros dos aspectos que, al sumarlos, nos dará como resultado lo que hemos denominado como autoestima. Estos dos conceptos se refieren a: la autoimagen y el autoconcepto.

– La autoimagen

Es uno de los elementos que tiene que ver con la autoestima. Se la define como: “la representación mental que hacemos de nosotros mismos”. Respondería a la pregunta “¿cómo te ves?”, tanto a nivel físico como psicológico. Cada uno de nosotros nos vemos de determinada manera, y puede que tengamos una imagen de nosotros que aceptamos o no. En lo referido a nuestro modo de ser, nos vemos simpáticos o menos simpáticos, alegres o menos alegres, felices o menos felices, divertidos o callados, colaboradores o individualistas. En lo referido a nuestra imagen personal, nos vemos atractivos o menos atractivos, altos o bajos, con “buena pinta” o con peor aspecto. Esta manera de percibirnos va a influir positiva o negativamente en la autoestima.

– El autoconcepto

Es la parte cognitiva de la autoestima, es decir, lo que pensamos de nosotros mismos como personas. El autoconcepto respondería a la pregunta: “¿qué clase de personas somos?” Se trata de puntos de vista sobre nosotros mismos que nos otorgan una imagen y un valor personal. En resumen sería:

• Lo que yo sé, pienso y siento de mí.

• Lo que otros piensan y sienten de mí.

Lo que me gusta de mi: mi temperamento, mis habilidades, mi forma de hacer las cosas; lo que puedo hacer, mi apariencia, mi presencia física, la historia de mi familia y cómo me afecta a mí, mi pasado cultural, etc., son elementos del autoconcepto. Ellos construyen y reflejan la imagen o el concepto que tenemos de nosotros mismos. Con frecuencia oímos hablar de personas tímidas, de personas con complejos a veces de superioridad, otras veces de inferioridad, conocemos personas que se arriesgan a hacer las cosas rápidamente, mientras otras piensan un poco o mucho más antes de arriesgarse, todo esto depende de la clase de autoconcepto o de la imagen que tengan de sí mismos.

– La autoestima

Después de saber quiénes somos y la idea que tenemos sobre nosotros mismos, somos capaces de valorarnos, de estimarnos, de querernos en mayor o en menor medida. Eso es, pues, la autoestima: la valoración o agrado que se tiene de uno/a mismo/a. Diríamos que es la dimensión afectiva de nuestro comportamiento en la medida en que nos estamos gustando o no, agradando o no, valorando positiva o negativamente nuestro autoconcepto y nuestra autoimagen.

Los tres términos van necesariamente relacionados. Si pensamos que somos una buena persona (autoconcepto), nos podemos ver bien a nosotros mismos (autoimagen) y como consecuencia, nos valoraremos como valiosos por lo que pensamos, decimos y hacemos (autoestima).

* Tipos de autoestima: 

La autoestima puede ser equilibrada o distorsionada: 

La subestima o baja autoestima: En este caso, experimentamos sentimientos que nos hacen pensar que somos menos que los demás, lo cual nos puede llevar a sentimientos de inferioridad, rechazo e inseguridad. Las personas con una baja autoestima tienden a sentirse a disgusto consigo mismas y proyectan en los demás ese estado de insatisfacción personal que les provoca el no valorarse adecuadamente.

La sobrestima: Es cuando negamos nuestra inseguridad y nos consideramos con más valor que los demás, haciendo alarde de cualidades, habilidades o poder, y lo demostramos perjudicando a otros mediante humillación, burlas o desprecios. 

La autoestima equilibrada o sana: Es cuando nos valoramos y reconocemos todas nuestras capacidades, habilidades y limitaciones en una base real (sin subestimarnos o sobrestimarnos), sin sentirnos ni más ni menos que nadie, respetando el comportamiento de cada ser humano. La sana autoestima es el reconocimiento de lo positivo que tenemos en nosotros mismos y el reconocimiento de aquellas cosas o aspectos menos positivos que también tenemos y que no funcionan tan bien como desearíamos. Si somos conscientes de qué aspectos de nuestro comportamiento son los que debemos cambiar, estaremos en el camino de aumentar, mejorar y desarrollar la autoestima.

Formación de la autoestima 

Nadie nace con un sentimiento de valía personal. Éste se adquiere principalmente en el núcleo familiar y en la interacción con el medio ambiente. A través de sus mensajes tanto verbales como no verbales, de aceptación o rechazo, la familia nos transmite confianza. Si en el seno de la familia se vive un clima de comunicación afectiva adecuado entre los padres y hermanos se estará aprendiendo a desarrollar la autoestima. Si se le elogia y valoran las cosas positivas que dice, piensa o siente, se estará desarrollando su autoestima.

Si los hijos observan en los padres que ellos mismos poseen una autoestima sana y así lo transmiten en sus relaciones con ellos, estarán en condiciones adecuadas de poder “copiar” el modelo de los padres y aprender por esta vía a desarrollar su propia autoestima.

La autoestima supone reconocerse como uno es, pero esto no significa que no se haya de aceptar algunas de nuestras características (nadie es perfecto), o cambiar algunos de nuestros comportamientos con el objetivo de mejorar o crecer personalmente. 

En definitiva, podemos afirmar que la autoestima influye en nuestra vida cotidiana: afecta en nuestro modo de pensar, de sentir y actuar. Una persona con baja autoestima, por ejemplo, se verá reflejada en las dificultades de relación social y en la excesiva dependencia de otros, por miedo al fracaso o a cometer errores, consecuencia de la excesiva necesidad de aprobación. A nivel personal, la imagen física está totalmente distorsionada y los sentimientos de inferioridad y las continuas comparaciones con los demás van potenciando la imagen y valía personal negativas.

De esta forma, si las dificultades para mejorar la autoestima persisten en el tiempo, lo mejor es consultar con un profesional, que tratará de identificar las causas que mantienen el problema y analizar los pensamientos que ha desarrollado sobre sí mismo y la evidencia que los sustenta, proporcionando las técnicas y habilidades necesarias para poder mejorar la autoestima, prevenir la aparición de trastornos y mejorar las interacciones sociales.

Esperamos vuestros comentarios y opiniones.

¡Un saludo a todos!

 

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