Miedos y Temores Infantiles.

miedo

Reír, llorar, enfadarse, tener MIEDO… Experimentar emociones es algo común en niños y adultos. Sentir miedo, también. Es normal e incluso positivo, ya que supone un estado de alerta que protege de posibles riesgos. Hay miedos y temores comunes en casi todos los niños, propios de cada etapa evolutiva, los cuales se superarán con un poco de ayuda de forma casi espontánea. Solo debemos preocuparnos si los miedos perduran demasiado o provocan un estado de ansiedad desproporcionado.

El Miedo como aspecto evolutivo

Hay etapas en las que, evolutivamente hablando, el miedo es normal. Se da una prevalencia especial a los dos, los cuatro y los seis años. Estos miedos están asociados a las distintas fases del desarrollo y van variando a medida que evolucionan las características cognitivas, sociales o emocionales de los niños. Así, según la edad del niño, los miedos cambian:

  • Cuando son bebés, son más frecuentes los miedos relacionados con estímulos intensos o desconocidos, como ruidos fuertes y personas extrañas.
  • Hasta los seis años son comunes los temores relacionados con animales, tormentas, oscuridad, seres fantásticos, catástrofes y separación de los padres.
  • A partir de los seis años aparece el miedo al daño físico y al ridículo.
  • Algo más tarde, aparecen los miedos a las enfermedades y accidentes, al bajo rendimiento escolar y a la separación de los padres.

No obstante, no hay porqué alarmarse ya que son miedos que suelen desaparecer por sí solos, así que por lo general no debemos darles mucha más importancia. 

Cómo reacciona un niño ante el Miedo. ¿Cuándo pedir ayuda?

Cada niño es diferente y también serán diferentes las reacciones que manifiesten ante el miedo. Además, estas reacciones estarán también condicionadas por las experiencias previas que hayan podido vivir. En efecto, no reaccionará de la misma manera un niño que ha sido mordido por un perro que otro cuyas experiencias con animales han sido positivas.

No obstante, sí hay una serie de conductas y patrones de comportamientos que suelen ser comunes a todos los niños. Así, por ejemplo, cuando son bebés pueden reaccionar con sobresalto o llanto; más tarde, además de llorar, intentan evitar a toda costa la fuente que les causa el temor, buscan la compañía de un adulto que los proteja. A veces, simplemente, experimentan algún cambio en su conducta habitual: por ejemplo, pueden manifestar alguna regresión en sus hábitos, volviéndose a hacer pis en la cama o a chuparse el dedo cuando ya habían dejado de hacerlo.

Queremos volver a señalar que los miedos no son motivo de grandes preocupaciones, por lo que no tienen que interferir en la vida cotidiana ni tienen que impedir que el niño se desarrolle con absoluta normalidad. Pero si empezamos a ver que el niño deja de hacer determinadas cosas, que su nivel de angustia o de ansiedad empieza a ser muy elevado, que por mucho que el adulto le presione para superarlo, el niño no puede porque su nivel de angustia es alto o que está completamente bloqueado, hay que empezar a darse cuenta que puede estar pasando algo, y es el momento de pedir ayuda

Cuando tu hijo siente Miedo no:

  • No evoques el miedo. Frecuentemente, los padres recurren al miedo para proteger a sus hijos de situaciones peligrosas (enchufes, animales, tráfico), pero también, les meten el miedo en el cuerpo innecesariamente para controlar su conducta. Es una práctica educativa que, aunque consiga que el niño obedezca en ese momento, puede originar a la larga problemas más serios.
  • No obligues a tu hijo a afrontar su miedo en solitario. Los miedos no se superan enfrentándose a la situación de una vez por todas. En lugar de ayudar, algunas veces esto intensifica el miedo. Si, por ejemplo, tiene miedo a la oscuridad, nunca obligues a tu hijo a entrar a oscuras en su habitación si no quiere hacerlo. Lo único que vas a conseguir es que provocar que aumente su ansiedad y contribuirás a alargar ese miedo e incluso a perpetuarlo. Además, el sentimiento de no ser capaz de afrontar la situación no le dejará sentirse orgulloso de sí mismo, sino todo lo contrario.
  • No te rías de los miedos y temores que tu hijo expresa. Si ridiculizas o burlas de su miedo disminuirá su confianza. Frases como: “No seas tonto, niños como tu no deben tener miedo de eso”, o “¿No te da vergüenza, con lo mayor que eres, tener miedo?”, etc. no contribuirán para disminuir el temor que él siente. Al revés, le desanimará a compartir sus temores contigo.
  • No transmitas tus miedos y/o temores personales a tu hijo. La forma en que enfrentas tus propios miedos le da a tu niño el patrón a seguir para enfrentar situaciones similares. Recuerda que el miedo también se aprende.

Cómo ayudar al niño a superar el Miedo

  • Identificar lo que produce miedo. Para este será muy importante hablar sobre las cosas que le causan temor, que se sienta escuchado.
  • Reaccionar con mesura y normalidad. Si se reacciona de forma exagerada, el niño puede ver en ello más atención y concesiones de las normales, que le libran de tareas y obligaciones, reforzando accidentalmente los temores. 

  • Tener un talante comprensivo. Procurar que no se sienta avergonzado ni regañado. 

  • Transmitirle seguridad y confianza, siempre con un tono relajado. 

  • Alentarle a que se enfrente a sus temores de forma gradual, aunque al principio sea con nuestra ayuda, sin forzarlos y elogiando sus conductas valerosas. 

  • Fomentar su autoestima y autonomía. 

  • Enseñarle maneras de contrarrestar la ansiedad: escuchar música, relajarse, o actividades que le mantengan ocupado (recordar buenos momentos, anticipar planes, enumerar comidas favoritas). 

  • Concederle algún poder sobre la situación (encender una pequeña luz, tener una pequeña mascota). Aquí conviene señalar que permitir al niño dormir en la cama con los padres debe ser algo muy excepcional, pero nunca como medio para solucionar el problema.

  • Predicar con el ejemplo, de forma que tenga en nosotros un modelo adecuado de superación. Insistimos: los miedos se aprenden, al igual que la manera de enfrentarlos y manejarlos.

  • Ofrecer al niño una visión positiva del mundo. Hay que enseñarle a no preocuparse excesivamente por las cosas y a encontrar soluciones a los problemas que le surjan. 

  • Mucho humor. Un buen antídoto contra el miedo es transformar aspectos aterradores en características graciosas mediante dibujos y bromas.

Esperamos vuestros comentarios y opiniones.

¡Un saludo!

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