Navidades sin un ser querido

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Navidad y Año Nuevo no son sólo fechas de celebración, regalos y brindis para la gran mayoría, sino que para una parte importante de personas es sinónimo de nostalgia, pena y hasta algunas lágrimas. Son aquellos que han perdido hace unos meses o pocos años a un ser querido y que ha dejado un dolor que a veces cuesta afrontar. Entonces ¿Cómo vamos a celebrar las fiestas si estamos tristes por la pérdida de un ser querido? ¿Cómo afrontamos esta primera Navidad?

Y es que cuando se ha sufrido la pérdida de alguien querido, la Navidad puede provocar un tremendo vacío y mucho dolor por la ausencia de esa persona que nos ha dejado. Incluso mucho antes de que lleguen estas fiestas, hay quienes ya empiezan a temerlas, a preguntarse cómo van a poder con ellas, a desear que pasen lo antes posible. Suele suceder que, cuando nos reunimos año a año con la misma gente, tal vez con la totalidad de la familia, notemos con mucha tristeza la ausencia de alguna persona que falleció, no pudiendo evitar tener un poco de nostalgia.

Todos tenemos a alguien que ya no está, alguien con quien ya no compartiremos las fiestas. A esto se le conoce como el “síndrome de la silla vacía”. Y es que en Navidad las ausencias y los vacíos en la mesa se notan, y mucho. Tristezas que el resto del año quizá se tornan más llevaderas, vuelven a doler de una forma especial en Navidades y en los días de fin de año. A la hora de sentarse a cenar, la ausencia de los seres queridos es más latente, se avivan los recuerdos de forma aguda y sentimos una catarata de emociones y sentimientos ante esa silla que queda vacía en casa. Así, en medio de la alegría y el festejo que suponen las reuniones familiares de fin de año o Navidad, puede ocurrir que no tengamos ganas de reunirnos ni de celebrar nada.

El sólo hecho de pensar que esa persona querida ya no compartirá la mesa con nosotros, nos entristece. La sola posibilidad de reunirse con la familia activa el recuerdo de esa persona, y nos somete a todo tipo de sentimientos, tales como desesperación, llanto, rabia, soledad, culpa y negación. Todos ellos sentimientos normales que pueden aparecer cuando una persona nos deja para siempre. Una pérdida provoca reacciones físicas, emocionales e incluso espirituales, que forman parte del proceso de curación de las heridas, el proceso de duelo, en definitiva. Emociones como éstas pueden entrar en conflicto con el ambiente festivo en estas fechas. Pueden activarse recuerdos  e incluso estar enojados por la ausencia que provoca la pérdida de ese ser querido.

No hay una fórmula única para los que perdieron a un ser querido porque cada pérdida es distinta y cada uno muestra, oculta o siente el dolor de diferente forma. Pero sí hay algunas consideraciones que podemos tener en cuenta:

Consejos para afrontar las Navidades sin un ser querido

  • Convocar una reunión familiar antes de que lleguen las Navidades, en la que participen todos los miembros, niños y adolescentes incluidos. Ahí, cada uno habla de lo que le gustaría hacer estos días, de sus miedos y necesidades, como una forma de compartir los sentimientos por los que están atravesando y, juntos, decidir qué es lo mejor para todos en estos momentos tan difíciles. Y después, comunicar a la familia extensa lo que se ha decidido, y lo que necesitan de ellos, para evitar así la falta de comprensión que suele haber entre los allegados a la hora de celebrar estas fiestas.
  • Buscar una manera de recordar al ser querido, por ejemplo, en la cena de Navidad, en Nochevieja o en Reyes, recordarles con una foto, nombrándolo, contando algo de él, etc.
  • Expresar el sentir con respecto al familiar “ausente”: Dejar aflorar los sentimientos y las emociones, sean cuales fueran, incluso la alegría.
  • No abusar de sustancias que “tapen” los sentimientos.
  • Tener en cuenta que celebrar no es olvidar. Es posible recordar con amor el tiempo compartido con el que ya no está. Si bien puede presentarse una discordancia entre la experiencia que uno está viviendo por dentro y los estímulos exteriores que de alguna manera dicen que hay que estar alegre, celebrar la Navidad no significa olvidar; es posible recordar con cariño que el tiempo que se ha compartido con ese ser querido.
  • No forzar al que no quiere. Lo principal, es respetar el estado emocional de cada uno, y aquel que no tiene fuerzas para celebrar, deberá ser respetado en su sentir. Se trata de enfrentar las ausencias como se puede. Aunque todo duelo es singular y tiene su proceso, nos ayudará a afrontarlo si nos apoyamos y compartimos los sentimientos juntos.

Qué hacer respecto a los niños

Es importante, que los niños estén y que ellos también aporten cosas. No es bueno hacer como si nada hubiese pasado. Hay que hacer partícipes a los niños de lo que está pasando en la familia.

Así, es bueno que los adultos manifiesten y expresen su dolor delante de los niños, siempre que no sea de modo desconsolado. Eso les enseña que ellos también pueden llorar delante de los demás. Ahora bien, sin que el niño se sienta obligado a tener que estar triste porque los demás lo están. En este sentido, como en cualquier otra época, hay que invitar al niño a que entre en contacto con sus emociones, desde un contexto de confianza generado por el adulto. Por tanto, es fundamental explicitar lo que se siente, a cualquier edad.

También hay que tener en cuenta la importancia de que los adultos “den permiso” al niño para que disfrute de la Navidad. Esto es fundamental, porque los niños no deben sentir culpa por querer jugar y disfrutar, que para eso estamos en Navidad.

¡Un saludo a todos!

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