No me gustan los amigos de mi hijo

Desde la escuela infantil hasta la Educación Secundaria en la adolescencia, los amigos son parte fundamental de la formación social de nuestros hijos. Sabemos que influyen mucho en su día a día, pero ¿qué hacer cuando no nos gustan algunas de sus actitudes?

Cuando se trata nuestros hijos, nos preocupamos desde temprana edad por su entorno, queremos que sean felices y que estén rodeados de, lo que nosotros creemos y pensamos, es lo mejor para ellos. Y uno de los aspectos fundamentales de ese entorno son las amistades.
Al respecto, en cada etapa de la edad escolar la
amistad tiene un grado de compromiso y afecta de diferentes maneras. Podremos elegir el barrio donde vivir, la escuela, o las actividades extraescolares que van a hacer nuestros hijos, pero las amistades que tengan, los amigos que hagan ya no dependerán de nosotros. Como padres la tarea principal es la de formar a los hijos, y si bien la escuela coopera para ese fin, la base es la familia. Por lo tanto, la educación que reciban en casa será la que demuestren en sus otros ámbitos.

Es importante comprender (y aceptar) que una vez que los hijos entran en la escuela, en cualquiera de sus etapas, necesariamente algo va a cambiar. Será ese el momento de detectar si lo que vemos en sus amigos son buenas o malas influencias para nuestros hijos.

En la Escuela Infantil
Para muchos niños es el primer lugar de socialización fuera de casa y los padres tendrán la oportunidad de observar cómo reaccionan sus hijos en el contacto diario con otros en un ambiente que no es familiar. Es en esta etapa cuando los padres empiezan a no estar conformes con la actitud de algún
amigo de su hijo y dan la señal de alarma ante algún cambio de comportamiento. Cualquier cosa que resulte extraña o novedosa en la conducta de su hijo como pueda ser: decir malas palabras o mostrase agresivo.

¿Cómo actuar ante estas circunstancias? Sin enfadarse ni preocuparse en exceso por estos nuevos comportamientos, lo importante es acompañar a los hijos en esta primera experiencia de inicio en la escolaridad y darles un espacio para dialogar acerca de su día en la escuela. Otra manera de cuidar a los hijos es tomarse el tiempo de conocer a los padres de los niños de clase y ver cómo actúa cada familia con sus hijos.

En la Educación Primaria
Como padres somos el espejo donde los niños se ven reflejados y mucho de lo que hagamos nosotros, aunque sean actos pequeños e imperceptibles, son elementos que modelan la conducta de nuestros hijos. Así pues, si ellos nos ven felices en las reuniones de
amigos y observan que podemos vincularnos con otras personas, aún cuando tengamos opiniones o puntos de vista diferentes, en un marco de respeto y calidez, probablemente esto mismo es lo que lleven los chicos a la escuela y logren una buena convivencia en el día a día.

La elección de los amigos no está bajo el control de los padres por eso es importante que sean los hijos los que aprendan a diferenciar los que son buenas influencias de las que no. En este sentido, decirles cosas como “ese chico no me gusta para ti” o “no quiero escucharte hablar de él”, no es lo mejor porque les estamos dando un mal mensaje: les hablamos de puertas cerradas y temas de los que no se hablan en casa, subestimando su capacidad de respuesta y comprensión al respecto.

Por el contrario, incentivarlo y motivarlo en las actitudes positivas que tengan sus amigos sí es algo beneficioso. Un buen paso para conocer mejor a los amigos de nuestros hijos es sugerirles que los inviten a casa, así se puede observar cómo se comportan entre ellos. Por otro lado, cuando los amigos le inviten a un cumpleaños, a dormir, o le llamen para ir a jugar, se les puede transmitir la tranquilidad de que esas son las actitudes que tienen los buenos amigos. Decirle “¡qué bueno que vayas a jugar a la casa de tu amigo!” o “cuéntame cómo te fue en la fiesta”, son puertas que como padres abrimos al diálogo y damos un mensaje claro: “de esto se trata una buena amistad”; es una manera sutil de señalarle qué hacen los amigos.

También conviene señalar que es importante no censurar ni cortar el diálogo sino, por el contrario, abrir siempre la posibilidad de que el niño converse acerca de sus amigos y nos dé sus puntos de vista. No es lo mismo decirle a un niño “no me gusta tu amigo porque le grita a los demás”, que preguntarle “Hoy estaba pensando en tu amigo justo ayer le escuché gritándole a otro chico… a ti ¿qué te parece eso?”.

En la Educación Secundaria
Durante la secundaria los chicos prefieren pasar más tiempo con sus
amigos que en casa y por eso las amistades en esta etapa son sumamente importantes. Los adolescentes tienen la imperiosa necesidad de formar un grupo de pertenencia y el grupo tiene una influencia absoluta, donde sus acciones y palabras son conductas a seguir. De tal manera que el adolescente puede aceptar cualquier propuesta de su grupo para no quedar afuera, por lo que hay que acordar nuevos límites entre padres e hijos siendo firmes pero no rígidos.

Con respecto a los amigos, tenemos que considerar que hay una gran diferencia entre mostrar interés por los amigos de tu hijo y meterse continuamente en su espacio. Lo ideal es encontrar el equilibrio: mostrarse interesado por las amistades pero sin juzgar ni criticarlos. Cuanto más intentes alejar a tu hijo adolescente de los amigos, más intentará acercarse, justamente porque en esta etapa hay una lucha de sentimientos encontrados que lo hacen rebelarse y alejarse de lo que lo une a la familia; el adolescente quiere independizarse, siente que no es comprendido por la familia, que en los amigos encuentra su lugar en el mundo. Por este motivo, criticar a los amigos hace que el adolescente se ponga a la defensiva, generando una situación tensa y un clima hostil.

El mejor consejo es tener paciencia y, como padres, estar presentes y atentos a cada situación, sin generalizar y darles la oportunidad de que decidan por ellos mismos y que, por tanto, asuman las consecuencias de esas decisiones. Así pues, preguntas como “¿con quién has ido?”, “¿dónde estuviste anoche?”, “¿qué hiciste?” pueden ser demasiado directas y a los adolescentes pueden resultarles muy invasivas. Hay que recordar que el adolescente está en el proceso de lograr independizarse. Es mejor hacer preguntas abiertas, interrogantes que abran a la charla, y no que cierren ni transmitan una sensación de interrogatorio o censura. Preguntar “¿cómo te fue ayer?” va a ser mejor recibido por ellos. También es válido tener un pacto para que los chicos cuenten dónde están como, por ejemplo, cuando llegan a la casa de los amigos mandar un mensaje avisando que han llegado bien. Por supuesto, esto hay que conversarlo previamente y aclarar que es sólo un mensaje de texto y que es por la tranquilidad de todos.

Cuándo pedir ayuda
Hay situaciones en donde los padres ya no saben qué hacer respecto de los
amigos de sus hijos y todo comienza a tornarse mucho más complejo. Cuando las relaciones ya son tóxicas y graves (como el uso de drogas por ejemplo) se necesita más que una charla abierta y firme con nuestros hijos. En estos casos es saludable pedir ayuda profesional que pueda brindar las herramientas para lidiar mejor con cada situación en particular. Al respecto, ya sabéis que aquí mismo en deMostaza estamos a vuestra disposición.

¡Un saludo!