Obsesionados con hacer deporte

 

El deporte y la actividad física aportan innumerables beneficios para la salud física y mental, ya que nos ayuda a desconectar del día a día, a combatir el estrés y frenar el envejecimiento, pero cuando se convierte en obsesión es fuente de trastornos como la vigorexia o la dismorfofobia, la depresión y la melancolía.

Hace ya tiempo que proliferan los gimnasios, los maratones, los “runners” o corredores, ciclistas, patinadores… pero no todos entienden que la llave del “éxito” está en saber dosificar el ejercicio físico. Por eso, en demasiados casos nos encontramos con personas que piensan que merece la pena machacarse en el gimnasio con ayuda de anabolizantes, y olvidan que esta práctica perjudica, entre otros órganos, al hígado. Otros creen que el objetivo debe ser correr una maratón, mientras no consideran los riesgos que puede conllevar este sobreesfuerzo.

Esta pequeña muestra es indicativa de cómo cada vez se dan más casos de personas que se obsesionan por el ejercicio físico, desarrollando pautas de comportamiento donde el ejercicio y/o la práctica de un determinado deporte se convierten en lo principal en sus vidas.

Deporte obsesivo.

Cuando el deporte se vuelve un peligro más que un aliado nos podemos encontrar, por ejemplo, con una vigorexia: se trata de un trastorno asociado a la adicción al ejercicio físico y a su práctica de forma compulsiva, de manera que las personas que lo sufren, además de ser más propensos a sufrir lesiones, tienen una visión distorsionada de su cuerpo y suelen tener una baja autoestima.

Sabemos que el deporte tiene que estar acompañado de una alimentación equilibrada y saludable, y toda actividad física requiere un control y una prescripción adecuadas para que no comporte riesgos para la salud. Sin embargo, cuando se ignoran las recomendaciones dadas por un profesional y se comienza con una práctica deportiva obsesiva se pueden producir daños físicos y mentales. 

Esta obsesión por el deporte o el ejercicio físico hace que las personas no se perciban como ellas quieren, y algunas veces pasan de la euforia a la depresión, por lo que las consecuencias podrían llegar a ser fatales. Por lo tanto, centrarse sólo en el beneficio estético, y acudir al gimnasio solamente con la intención de querer ser delgado, o para usar una determinada talla o estar supermusculado, buscando un modelo corporal concreto y basado en una estética determinada es un error, que acaba haciendo que los deportistas se comparen con otros y, generalmente, acaben sintiéndose mal consigo mismos porque pierden dicha comparación.

En relación con esto, hay que asumir que cada cuerpo es diferente, con una estructura ósea, unos músculos y un metabolismo determinado. No asumir esto puede llegar a generar un trastorno conocido como la dismorfofobia que lleva a obsesionarse por defectos que percibimos en nuestra imagen corporal, ya sean reales o imaginados.

¿Cómo saber que se tiene una obsesión por el ejercicio?

Algunas señales que pueden indicar que se sufre de obsesión por el deporte serían las siguientes:

  • Nada es más importante que tu rutina deportiva. Por ello, se abandona actividades sociales, laborales o recreativas importantes por una necesidad compulsiva de mantener un determinado esquema de ejercicio o deporte.
  • Preocupación. Por lo “inadecuado” del tamaño de tu musculatura, o porque no consigues tal o cual marca, o porque no logras superar un determinado reto o lograr una meta, etc. al extremo de que esta preocupación comienza a invadir el resto de tus pensamientos y sólo eres capaz de pensar en ello.
  • Pasas mucho tiempo en el gimnasio, o en la carretera, o en la pista… donde sea que practiques deporte. Aproximadamente entre tres y cuatro horas y media diariamente.
  • No te importa el peligro. Continúas entrenando, haciendo dieta o utilizando sustancias aumentadoras del rendimiento físico, a pesar de que conoces sus riesgos y consecuencias adversas físicas y psicológicas.
  • Cambios de humor. Que se manifiestan en una especie de “síndrome de abstinencia” con cuadro de irritabilidad, ansiedad y depresión si no puedes hacer ejercicio.
  • Si crees firmemente que “todo tiene un sacrificio”. Es decir, si eres un convencido de que debes aceptar el sufrimiento y, llegado el caso, el daño físico como camino necesario para conseguir los objetivos que te propones: desarrollo muscular, una determinada marca, levantar un número determinado de kilos, etc.

Hacer deporte es muy sano, pero no te obsesiones.

Realizar ejercicio, por poco que sea, es bueno para nuestra salud, y no hace falta ser un deportista de élite para notar sus beneficios. Pero no realizar un deporte acorde con nuestras capacidades o fijarnos entrenamientos o metas muy altas, hace que tengamos más posibilidades de fracasar, lesionarnos o abandonar, no siendo capaces de generar este hábito tan saludable lo que, en consecuencia, afecta a nuestro estado de ánimo y autoestima. Para que esto no ocurra, conviene ajustar el punto de vista, y ver el deporte como salud, no como competición, pensando que en cada momento, edad o circunstancia podremos realizar un tipo de ejercicio físico, que es el que mejor nos va a sentar.

Son muy conocidos los beneficios que tiene el deporte practicado de manera adecuada y racional: liberar endorfinas, que nos ayudan a relajarnos y a sentirnos felices. También es un buen aliado contra la obesidad, la ansiedad y el estrés, ayuda a combatir enfermedades como la diabetes o los accidentes cerebro vasculares, y a frenar el envejecimiento de nuestro cerebro y de todo nuestro organismo.

En definitiva, la actividad física es esencial para mantener una condición corporal y mental ideal y, además, sólo es suficiente con media hora diaria para obtener los beneficios del deporte.

¡Un saludo!