Obstáculos en la Comunicación (II)

 

Obstáculos         La semana pasada nos detuvimos en los obstáculos y barreras en la comunicación que tenían que ver, principalmente, con el emisor. Esta semana, vamos a considerar otros obstáculos en la comunicación que se pueden dar, indistintamente, en cualquiera de los elementos que intervienen en la comunicación.

        Echemos un vistazo:

  • No querer escuchar. Supone tener actitudes y comportamientos como: interrumpir, no atender a lo que te están diciendo, pensar en otra cosa, no poner atención, no mirar a los ojos de la persona que habla y mostrarle con nuestros gestos y expresión que lo estamos escuchando, reaccionar (antes de terminar) a los desacuerdos, etc.
  • Faltar el respeto. Se produce cuando no aceptamos al otro, no le damos importancia a sus opiniones y sentimientos, gritamos o nos burlamos, lo ignoramos, etc. Esta actitud trae consecuencias negativas. Recuerda que cada persona es diferente y tenemos que aceptar y respetar esas diferencias. La otra persona tiene el mismo derecho que nosotros a pensar y sentir de manera diferente. También conviene recordar que respetar no quiere decir estar de acuerdo.
  • Etiquetar a una persona. Tú eres “un listilllo”, “un enterado”; o “ella no sabe nada”, “es un arrogante”, “es imposible que entre en razón”, etc. Cuando calificamos a alguien de determinada manera y nos formamos una imagen de acuerdo con esa etiqueta, ya no la vemos, ni la escuchamos: actuamos conforme a la etiqueta asignada.
  • Problemas anteriores no resueltos. Cuando, por ejemplo, en una discusión de pareja se rememoran casos pasados que quedaron sin solucionar y los sacamos a colación en cualquier discusión, tenga o no que ver con el asunto por el que estamos discutiendo. Habrá que tratar, por todos los medios posibles, intentar solucionar los problemas a los que nos vamos enfrentando. De lo contrario, si los dejamos sin resolver, tan sólo lograremos que empeoren y se acaben convirtiendo en “munición” que guardamos y que empleamos en cada ocasión que tengamos. 
  • Mucho enojo o tensión. Si estamos enojados, resentidos, etc., estos sentimientos impiden que atendamos a lo que nos quieren decir. Cualquier palabra o gesto sirve como detonante de nuestras emociones y perdemos de vista el tema que queremos tratar. No importa si nuestras emociones negativas son resultado del tema que se está tratando o no. Si son demasiado intensas nos impiden hablar con claridad y escuchar con atención y respeto. Por lo tanto, aparecen sentimientos que no nos dejan pensar ni expresarnos correctamente. Lo mejor será tratar de calmarse, tomar aire y volver a empezar en otro momento.
  • Experiencias pasadas dolorosas que tienen que ver con la comunicación. Un colega del instituto que se burlaba, un padre autoritario que no permitía a sus hijos hablar en la mesa, etc. Cuando hemos sido criticados, rechazados o ignorados o si, en el pasado, nuestros esfuerzos por aclarar los problemas fueron inútiles, será difícil tener una actitud abierta ante una comunicación importante. Recuerda que es necesario hacer el esfuerzo y ser conscientes de que es otro tiempo y que en este momento tenemos más herramientas y experiencia.
  • Falso orgullo. Se refiere a esa idea de que no podemos pedir perdón porque quedamos expuestos o vulnerables. El falso orgullo busca dar la impresión de una seguridad, confianza y reconocimiento de uno mismo que en realidad no existe. Está basado en el deseo de demostrarle al otro y a uno mismo que uno es mejor que los demás y que, por lo tanto no podemos “perder nuestra dignidad”. Es un orgullo infantil basado en la creencia de que si cedo y/o reconozco mi error, pierdo o significa que soy incapaz o menos valioso que los demás. Ni que decir tiene que hay que sacudirse esta idea y no permitir que nos impida comunicarnos.
  • Falta de claridad sobre nuestros sentimientos, deseos o pensamientos. Es imposible expresarse bien si ni nosotros sabemos lo que sentimos o pensamos. En ocasiones es difícil o doloroso mirar hacia nuestro interior, pero mientras más nos conocemos más probabilidades tenemos de lograr nuestras metas.
  • Pensar que no vale la pena. Cuando damos por “perdida” una batalla, es más probable que terminemos consiguiendo ese resultado. 
  • Uso excesivo de generalizaciones. El abuso de los “nunca” o los “siempre”:                                              “Tú nunca/siempre…” Esto, generalmente, no es cierto y se acaba convirtiendo en un arma arrojadiza que no tiene en cuenta la realidad del hecho, sino la interpretación del mismo que se le da.
  • Economía de las palabras. “Tienes 140 caracteres”. ¡Cuidado con la comunicación “tipo Twitter”! No todo se puede (ni se debe) decir economizando palabras. Hay asuntos y temas que requieren conversaciones en las que deben utilizar muchas y variadas palabras, así como muchos y variados gestos y actitudes.

         ¿Os suenan este tipo de barreras y obstáculos a la hora de comunicaros? 

         ¡No dejéis de aportar vuestros comentarios y opiniones!

         Un fuerte abrazo.

 

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