Padres helicóptero. Sobreprotección del S. XXI

Padres helicóptero es un término coloquial de principios del S. XXI que se le da a un padre que presta mucha atención a los problemas y experiencias de su niño(s). Este post es una vuelta más de tuerca a propósito de Los Peligros de la Sobreprotección, nuestro post de la semana pasada.

Nuestros jóvenes son cada vez menos independientes, no sólo económicamente, si no también anímicamente. Y la sobreprotección paternal que antaño se extendía hasta los 15 o 16 años, ahora se eleva hasta casi los 30. ¿Tu hijo tiene 25 años y todavía te empeñas en acompañarlo al médico? ¿Llamas a su universidad para preguntar sobre los master que podría estudiar? ¿Le acompañas a echar la matrícula del próximo curso? ¿Pasas el día buscando un empleo para él? ¿Pides acompañarle a las entrevistas de trabajo? Si has respondido afirmativamente a alguna de estas preguntas, te guste o no, eres un padre/madre helicóptero.

Así es como se conoce a los padres sobreprotectores que vuelan sin descanso sobre la vida de sus hijos, pendientes a todas horas de sus necesidades, sus deseos y de su futuro. En Escandinavia, este fenómeno se conoce como “Curling Parenthood” (Curling se refiere al popular deporte de invierno) y describe a los padres que tratan de barrer todos los obstáculos del camino de sus hijos. También se le llama “overparenting” porque en este tipo de crianza los padres tratan de resolver los problemas de sus hijos, y de evitar que sean perjudicados al mantenerlos fuera de situaciones peligrosas.

Además, debemos reconocer que algunas de estas situaciones son totalmente ridículas. De hecho, no es extraño comprobar cómo los padres acompañan a sus hijos a las Pruebas de Acceso a la Universidad y comen con ellos cuando acaban la primera tanda de exámenes. No hace mucho tiempo, ante situaciones similares, los hijos sentían vergüenza al verse acompañados por sus padres. ¿Por qué ya no ocurre? Esto es porque son chicos sobreprotegidos, no se sienten seguros e incluso son ellos quienes piden a sus progenitores que les acompañen en estos momentos de tensión.

Algunos autores se están refiriendo a este tipo de padres como “los padres cortadores de césped” para describir a las madres y padres que tratan de suavizar y masacrar todos los obstáculos, al grado en que incluso algunos departamentos de recursos humanos están familiarizados con un fenómenos así y algunos han informado que los padres han comenzado a inmiscuirse en las negociaciones salariales.

La paternidad helicóptero es algo muy serio y va más allá de las historias de los padres que discuten con los profesores sobre las notas, o que llaman a posibles jefes para convencerles para que contraten a sus jóvenes adultos. Así, los padres helicóptero están profundamente dedicados a sus niños y se pueden identificar tres tipos diferentes de padres helicópteros:

  • El helicóptero de combate: Este tipo de padre se lanza en picado y lucha por sus hijos. Es normalmente el padre helicóptero que los administradores y empleados de la escuela, universidad o centro de trabajo encuentran de menor ayuda.
  • El helicóptero de tráfico: Este padre proporciona guías a sus hijos y les ayuda a tomar las decisiones a lo largo de sus vidas. La diferencia entre este helicóptero y el helicóptero de combate es que el helicóptero de tráfico finalmente permite al estudiante tomar algún tipo de decisión, siempre y cuando esté dentro de las opciones que el padre helicóptero de tráfico le ha presentado.
  • El helicóptero de rescate: La función de este tipo de padre es sacar a sus hijos de la situación de crisis y llevarlos a lugar seguro, o proporcionarles suministros. Lo perjudicial de este tipo de involucramiento del padre o madre ante los hijos es que ellos no podrán tener la confianza suficiente para convencerse de que pueden resolver los problemas por sí mismos.

Visto lo visto, podemos concluir que es necesario darnos cuenta de que no apoyamos a nuestros hijos si les damos solución a todo, si nos prestamos a ser su apoyo en cada decisión que tomen y, lo que es peor, si intentamos influir ante terceras personas con el objetivo de mejorar su situación.

Si en la adolescencia les cohibimos, les tratamos como seres indefensos y tomamos las decisiones por ellos, nunca tendrán iniciativa y esto producirá una serie de disfunciones sociales que le afectarán especialmente en la edad adulta. Educaremos jóvenes inseguros y totalmente dependientes, desconfiados y muy poco arriesgados, pues les resultará muy difícil perder el miedo al fracaso que les hemos inculcado. Por tanto, déjales volar y no les cortes las alas. En el futuro te lo agradecerán.

¡Un saludo!