Pautas educativas a evitar con adolescentes

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Pautas, orientación educativa, consejos… Todos los padres de adolescentes están, en mayor o menor medida, preocupados por su tarea educativa y suelen buscar información y orientación al respecto. Eso sí, las preocupaciones de los padres y madres de adolescentes suelen ser bastante más serias que habitaciones desordenadas, cambios de tallas en ropa y calzado, o el olor de las zapatillas deportivas. Las familias que tienen un preadolescente en casa se preocupan, entre otras cosas, por el paso de Primaria a Secundaria, los cambios de humor, las influencias de los amigos, el riesgo de fracaso escolar, el posible consumo de drogas, la información sexual, y otras cuestiones de similar importancia. E, inevitablemente, a todos los padres les invaden una serie de preguntas del tipo: ¿Es realmente tan difícil comunicarse con un adolescente?. ¿Hasta que punto debo darle libertad?. ¿Cómo puedo ayudarle a mejorar la confianza en sí mismo?. ¿Es posible contrarrestar la influencia negativa de algunos amigos? ¿Es la Secundaria tan fiera como la pintan? ¿Hasta qué punto debo controlar su actividad escolar? ¿Cómo ayudarle a distinguir lo bueno y lo malo? 

La verdad es que puede resultar abrumador, ¿no? Ahora bien, no hay que ser catastrofistas ya que los estudios confirman que, si bien es cierto que algunos adolescentes encuentran obstáculos, la mayoría los superan llegando a ser adultos que encuentran su lugar en la vida, se relacionan satisfactoriamente y llegan a ser buenos ciudadanos. Así pues, como primera medida: tranquilidad y calma.  

Por otra parte sabemos que la adolescencia supone una etapa de incertidumbre, sorpresa y rápidos cambios que sorprende a los padres pero también a los propios protagonistas. Lidiar con adolescentes es un reto, un desafío para los progenitores pero, a la vez, es una aventura trepidante, estimulante y llena de buenos momentos. Si nos paramos a pensar un poco sobre los comportamientos más típicos del adolescente, seguro que podemos identificar algunos como: la particular forma de manejar los arrebatos, el espíritu crítico, la manera contundente y radical de expresar sus opiniones, nuevas apetencias, la necesidad de ruptura con lo establecido, etc.  

Es mucha la información y la documentación sobre lo que sí se debe hacer en la educación de los adolescentes, pero creo que es igual de beneficioso apuntar algunas pautas y sugerencias sobre lo que no se debe hacer en la educación con los adolescentes para, así, minimizar los posibles errores que (sin duda) se van a cometer. De esta manera, aquí presentamos algunas pautas educativas a evitar con los adolescentes. 

Pautas educativas sobre lo que no sirve con un adolescente: 

  • No ponerles límites. Se suele pensar que son edades en las que son ellos quienes se han de  autorregular por sí mismos y, en muchas ocasiones, que ya no se puede hacer nada desde el entorno. Aunque es cierto que hay que ir tendiendo a crear las condiciones óptimas para que los adolescentes desarrollen sus propias pautas autorreguladoras, los límites (ajustados a cada situación) siguen siendo necesarios, entre otros motivos, para que puedan adquirir criterios válidos y para darles la seguridad que ellos no tienen. 
  • Mostrarse débiles. No se trata de hacer demostraciones constantes de fuerza, pero mostrar debilidad supone dejar una puerta abierta ante la que el adolescente se va a sentir inseguro y puede favorecer su tendencia a manipular y conseguir lo que quiere, por la presión y la fuerza. Ver a los padres seguros y fuertes tranquilizará al adolescente. 
  • Actuar “en espejo”. Cuando el adolescente se enfada, los padres también lo suelen hacer y en ocasiones basta con verse las caras para que se desencadenen respuestas de ira que pueden ir en aumento con demasiada facilidad y que pueden mantener un clima negativo que condicione las relaciones familiares. Es como una trampa porque al adulto le cuesta mucho más salir del enfado y emociones que lo acompañan, mientras que el adolescente, al instante, puede estar hablando con sus amigos tranquilamente o divirtiéndose con un sinfín de cosas. 
  • Tendencia a explicarles demasiado. Aunque a nivel evolutivo el adolescente aumenta las capacidades de razonamiento o la comprensión, en la práctica disminuye sus verbalizaciones y su lenguaje se vuelve mucho más parco, es decir, limita sus canales de comunicación. Por eso tiende a escuchar las tres primeras palabras y, a partir de ahí, desconectar. Es un error echarle sermones o dar largas explicaciones porque, generalmente, esto obedece más al estado de necesidad de hacerlo de los padres que al de escucha de los hijos. 
  • Estar encima de ellos constantemente para que cumpla las normas. Nunca es la estrategia adecuada pero, además, genera fácilmente crispación y conflicto. La presión paterna abruma y lejos de ser una solución supone permanecer cotidianamente en el enfado. Hay que controlar y supervisar, pero no se debe notar tanto. Entrar en el terreno de la discusión supone abrir la puerta a la confrontación que es el campo en el que el adolescente se desenvuelve mejor. 
  • Querer atacar sus ideas y pensamientos directamente. Es lo peor que se puede hacer porque genera rabia y les afianza en esas ideas y pensamientos aún más. Cuando son pequeños suele resultar muy fácil hacerlo, pero a estas edades pretender hacerlo directamente puede producir el efecto contrario y, además es posible que dejen de compartirlas a partir de ese momento. 
  • Darle mucha importancia a sus quejas. El adolescente suele decir a los padres en ocasiones cosas muy duras del tipo “os odio” o “sois los peores padres”. Desarrolla una queja que es normal, porque se encuentra en una fase en la que empieza a experimentar contrariedades. Hay que darle el valor justo y entender que es fruto del enfado del momento. Sin embargo, los padres suelen caer en la trampa y se sienten tremendamente mal y culpables. 

Está claro que todo esto no es una receta mágica, pero como decíamos antes, sí puede evitar muchos problemas. Y recordad que, a pesar de todo, ¡merece la pena!

¡Un saludo a todos!

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