Peligros de la sobreprotección. No sobreprotejas a tus hijos.

Una de las atribuciones y responsabilidades que los padres deben acometer en el cuidado y crianza de sus hijos es el de la protección. Así, todo padre y madre desea proteger a sus hijos de todo aquello que pueda herirle o en lo que el propio hijo pueda ser dañado o lastimado.

Esto debe ser así, pero en ocasiones nos encontramos con padres que más que proteger a sus hijos los sobreprotegen. Y esta actitud de sobreprotección, aún hecha con la mejor de las intenciones por parte de los padres, es algo muy perjudicial para los hijos. Vamos a tratar de ejemplificarlo con un caso:

Sofía tiene 15 años y vive a dos kilómetros escasos del instituto, pero su madre «por si acaso» prefiere llevarla cada día en coche. Hoy, antes de salir de casa, le ha preparado un bocadillo para que coma algo a media mañana. «¡Si es que esta niña no ha desayunado nada! Claro, le tengo que insistir para que se levante y luego no tiene tiempo para desayunar con calma».

Cuando llegan al instituto, se asegura de que su hija no se deja la mochila en el coche: sabe que hoy le toca entregar las láminas de Tecnología y los deberes de Matemáticas. Si no estuviera ella siempre detrás, se olvidaría de hacer trabajos y de preparar exámenes. Hoy, además, se queda vigilando desde el coche la entrada de su niña al patio del instituto. Sabe que ayer se enfadó con su amiga Marta y quiere ver si va a hablar con ella o no. La verdad es que vio tan disgustada a Sofía que no tuvo más remedio que llamar por teléfono a la madre de Marta para pedirle que hiciera entrar en razón a su hija. Aún encima va y le contesta que son cosas de crías, y no deben meterse. «De eso nada, a mi pequeña Sofía no le hace sufrir nadie mientras yo pueda evitarlo», le respondió.

Ahora que ya han entrado todos los estudiantes a clase, se dirige hacia la entrada del centro escolar para pedir de forma urgente hablar con el director. «No voy a permitir que desde el instituto se queden con los brazos cruzados. ¡Alguien tiene que hacer algo! No soporto ver llorar a mi hija».

¿Os suena? ¿Pensáis que es muy exagerado o que se aproxima a la realidad que viven algunos padres e hijos? Cuando sobreprotegemos a nuestros hijos calmamos nuestra propia angustia de que algo malo les pueda pasar. Así les evitamos las pequeñas frustraciones del día a día pero, al mismo tiempo, les transmitimos un mensaje subliminal muy destructivo: «Tú solo no eres capaz», «No confíes en ti mismo / No confío en ti», «Tú no puedes».

Por todo ello, el lastre que significa ser hijo de padres sobreprotectores tiene, además de la que acabamos de señalar, las siguientes consecuencias:

  • Son niños inseguros y nerviosos. Sus progenitores les han transmitido todos sus miedos, por lo que han perdido la confianza en sí mismos.
  • Su autoestima es baja. Son conscientes de que deberían poder enfrentarse a actividades que otros niños de su edad sí realizan. En cambio, no se atreven.
  • Son poco autónomos y muy dependientes.
  • No saben cómo resolver problemas por sí mismos. Les cuesta programar los pasos que hay que seguir para alcanzar un objetivo.
  • Tienen frecuentes problemas interpersonales. Están acostumbrados a que sus padres intervengan en los conflictos con sus iguales ya que no han tenido oportunidad de madurar sus habilidades sociales.
  • En el ámbito escolar, es frecuente que manifiesten problemas de adaptación y que se sientan incomprendidos.
  • Les suele costar respetar las normas y asumir sus responsabilidades.
  • Tienen poca tolerancia a la frustración. Quieren ganar siempre y cuando eso no sucede se enfadan y explotan.
  • Le temen al fracaso, ya que no han tenido la oportunidad de fallar y perseverar hasta lograr las metas por sí mismos.

En definitiva, los padres sobreprotectores actúan con la mejor de las intenciones para proteger a sus hijos. Pero lo que consiguen es, justamente, el efecto contrario. Conviene recordar que las emociones y sentimientos que no son agradables, como la frustración, son el mejor entrenamiento para convertirse en adultos equilibrados y maduros.

Y si precisáis de algo más de ayuda en vuestra tarea de educar, recordad que desde deMostaza podemos ayudar a los padres en este trabajo ofreciéndoles la orientación y el asesoramiento que necesiten.

¡Un saludo!

 

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