PENSAMIENTOS NEGATIVOS: ¡cuantos menos, mejor!

     web_blog_menMuchas personas sucumben ante sus pensamientos negativos. Un constante “no puedo”, “no sé si lo lograré”, resuena en sus cabezas. No entienden que el pensamiento negativo tiene un impacto directo en cómo se sienten, como se perciben, como se proyectan a otros y eso determina y limita sus acciones y aptitudes. De ahí la importancia de saber manejar adecuadamente este tipo de pensamientos.

Por esto, si a menudo utilizas pensamientos del tipo: “me matriculo en el curso pero ¿para qué?, si voy a suspender los exámenes”, deberías pararte un momento a considerar si estás gestionando adecuadamente tus pensamientos. Esto es más que tener un temor razonable ante una nueva experiencia, es puro pesimismo.

Conviene recordar que un pensamiento provoca una acción, una acción repetida produce un hábito y un conjunto de hábitos ayudan en la definición y descripción de una persona. De aquí que el pensamiento negativo se vuelve un hábito junto con las palabras negativas hacia uno mismo y hacia otros. Es decir, hagas lo que hagas y estés donde estés, siempre acabas pensando lo mismo. Estás atrapado, no has conseguido avanzar ni emprender nada nuevo. Los especialistas se refieren a este estado con el término de “pensamiento rumiante”. Cuando se está en modo rumiante, se lleva ese tema, ese asunto, esa “bola”, que cada vez se hace más grande, de un lado a otro; se amasa, se nutre con nuevas ideas, se pasa al otro lado de la cabeza, se rumia un poco más, y cuando se cree que al fin va a ser expulsada, nos la tragamos otra vez.

Y es que cavilar demasiado no resulta ni siquiera barato. Nos hace gastar tiempo y energía: una inversión que puede ser inteligente o desastrosa. ¿Por qué nos cuesta tanto pasar página y parar de darle vueltas a un tema? “Rumiamos para entender nuestras emociones y nuestra relación con los demás”, explica Xavier Guix en su libro “Pensar no es gratis”. “Somos seres narrativos y necesitamos contarnos las cosas para que tengan sentido”, agrega. Pero ¿cuál es el coste de rumiar?: en primer lugar, se gasta glucosa, el combustible del cerebro. Cuando alguien dice que está agotado de pensar, es literal. Además, estos pensamientos generan y despiertan distintos estados de ánimo. “Al pensar influimos en nuestra química cerebral, y los pensamientos no son neutros, porque están construidos con imágenes, sensaciones y voces que actúan como estímulos para nuestros estados internos. Es así como podemos alegrarnos o destrozarnos el día, a golpe de pensamientos”, asegura Xavier.

Salir del pensamiento rumiante requiere un esfuerzo. No va a ocurrir por casualidad. Si la persona se deja llevar, volverán los mismos pensamientos de siempre. La clave está, según Guix, en poner una distancia cada vez mayor entre el pensamiento y el pensador. “Si vivo identificado con lo que pienso y siento, no hay nada que hacer. A medida que somos capaces de observar el proceso de ida y venida de nuestros pensamientos nos damos cuenta de su fugacidad. Al poderlos observar, tenemos más capacidad para intervenir en ellos y decidir dónde ponemos la atención”.

    Características de una persona de pensamiento negativo:

  1. Su vocabulario le delata: “no puedo, es difícil, no se si lo lograré”.
  2. Altos niveles de estrés por la anticipación al fracaso y su constante dialogo interno.
  3. Su diálogo interno es destructivo, negativo hacia si mismo.
  4. Victimización: “como yo nunca…, como a mi siempre”  
  5. Insatisfacción constante sobre todo y ante todo.
  6. Su actitud es absolutamente negativa, ante la vida, las oportunidades, etc.

Debemos recordar que el pensamiento es como un filtro que se usa para interpretar y dar significado a todo lo que te sucede, y esas interpretaciones de la realidad ejercerán una influencia muy importante en las emociones, haciéndonos sentir de un modo u otro. Cambiar los pensamientos negativos no significa sacar de la mente todo lo malo para pensar “solo en lo bonito” en todo momento. Ni tampoco significa pretender convertir la tristeza en felicidad o la ira en amor. Si tienes motivos para estar triste, para estar enfadado, para estar nervioso, debes sentir esas emociones y no pretender usar tu pensamiento para hacerlas desaparecer y sustituirlas falsamente por las opuestas, porque eso no es más que un autoengaño que al final te pasará factura (seguramente, en forma de síntomas físicos). Pero sí puedes usar tu pensamiento para modular la intensidad de tus emociones y provocar así los cambios que necesitas adoptar para responder a las exigencias de las diferentes situaciones a las que te enfrentes.

¡Un saludo a todos!

Fuentes:  

  • El Pais.
  • Enlace.org
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