Procrastinación: “Mañana, sin falta, lo hago” (II)

     procrastinar 1     Como decíamos en el post de la semana pasada, la procrastinación es un tipo de comportamiento que a todo el mundo nos afecta en mayor o menor medida. Básicamente consiste en postergar o aplazar de forma sistemática aquellas tareas que debemos hacer. O dicho en otras palabras, la procrastinación es la costumbre de dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, o para después lo que es posible hacer ya. 

     Es cierto que todos nosotros, según los momentos y etapas por las que estemos pasando, ejercitamos la procrastinación. Pero, como también apuntábamos la semana pasada, el gran problema es si la procrastinación se convierte en nuestro estilo de vida para todo aquello que debemos realizar. 

     Entonces, ¿qué podemos hacer en el día a día para controlar poco a poco la procrastinación? ¿Hay alguna manera de “luchar” contra la procrastinación? La buena noticia es que sí y mucho mejor si contamos con la ayuda de un profesional. No obstante, se puede intentar poner en marcha una serie de consejos y pautas que pueden ser muy útiles. 

     A continuación, resumimos un artículo escrito por Carlos Arroyo que, en nuestra opinión, es el mejor y más conciso que se puede encontrar en cuanto a consejos para luchar contra la procrastinación. 

     El autor apunta a 1+10 pautas. Y puntualiza que la primera de estas pautas es “la madre de todas las pautas” (en esta vida moderna): 

  • Suprimir las tentaciones electrónicas es la técnica antiprocrastinación más eficaz, por encima de cualquier discurso sobre la importancia de la motivación. El sonido de las llamadas telefónicas, los mensajes, el correo, las redes, etc., nos han convertido en una especie de perros de Paulov, que reaccionan ante estos estímulos como si interrumpir el trabajo tantas veces no tuviera la menor importancia. 

     Una vez establecido esto, veamos la otra decena de pautas que pueden ser de utilidad:

  1. Establecer metas. Las metas generan espirales de éxito muy eficaces. ¿Cómo deben ser? Específicas (no tan genéricas que no muevan a la acción), secuenciales (parciales, pero dentro de una senda global), accesibles (pero no tan ínfimas que no supongan progresos) y temporalmente realistas.  
  2. Tomar decisiones y comunicarlas. Las decisiones formales y explícitas implican compromiso. De tal manera que el compromiso es más difícil de incumplir cuando hay una resolución solemne y pública. 
  3. Apoyarse en rutinas positivas para automatizar el trabajo y alejar tentaciones. Las rutinas son apoyos esenciales de los objetivos a largo plazo, porque, al automatizar el trabajo, alejan tentaciones y distractores. 
  4. Romper la barrera del “minuto -1”. La verdadera barrera que hay que romper es el minuto anterior a comenzar a trabajar. Ese es el gran obstáculo. Si se supera esa gran barrera inicial, todo resultará más llevadero y se habrá evitado el mayor riesgo de procrastinación.
  5. Evitar las tentaciones para evitar los peligros. Distanciar las tentaciones (tareas o distracciones alternativas) multiplica su demora de satisfacción y reduce su poder motivador. Siempre es bueno interponer obstáculos entre el trabajo y la tentación. 
  6. Anotar ideas para expulsarlas de la mente. Anotar las ideas ajenas al tema en el que se trabaja evita un gran riesgo de desconcentración y de procrastinación. Como es difícil suprimir los pensamientos a pura fuerza de voluntad (si nos obligamos a no pensar en algo, probablemente acabemos pensando en ello más aún), necesitamos la ayuda del taco de notas, que los echa de la cabeza y evita que se nos queden flotando.
  7. Buscar la cara agradable de lo desagradable. Así se eleva la valoración de las tareas duras y, por lo tanto, su escaso poder motivador. 
  8. Anticipar los logros deseados para vivirlos por anticipado. Recrear situaciones de forma intensa hace que nuestra mente se active y genere una especie de imagen como si se hubieran producido tales logros. Si somos optimistas y anticipamos las metas, habremos dado un paso hacia ellas. Por el contrario, tener miedo a fallar incrementa las posibilidades de fallo.
  9. Evitar los argumentos autoabsolutorios o autopermisivos. Si decimos “no pasa nada por un día que me retrase, tengo tiempo”; “miro Facebook, pero sólo cinco minutos”; “ya empiezo mañana, que es lunes”, no nos miramos en un espejo real ni daremos pasos hacia el cambio correcto.
  10. Combatir el aburrimiento. El aburrimiento empuja de cabeza hacia la procrastinación. Hay pautas para aumentar artificialmente el interés de las tareas: cambiando la manera de abordarlas, marcando pequeños hitos, etc. Y, desde luego, el cansancio es un factor que multiplica el desinterés y reduce la capacidad de esfuerzo.

     Todas estas pautas son eficaces, lo que no quiere decir que sean sencillas de poner en marcha. El tema no es simple, porque la tendencia a la procrastinación está muy arraigada en nuestro cerebro; de hecho, podríamos decir que es natural, pero es una batalla que merece la pena emprender.

     El premio es mejorar la forma de trabajar. Y sufrir mucho menos, para qué negarlo.

     Nos interesan mucho vuestros comentarios y opiniones.

     ¡Un fuerte abrazo!

Fuentes:

  • David Allen, “Getting Things Done”
  • Piers Steel, “Procrastinación: Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy”
  • Carlos Arroyo, El País Semanal, 14/03/2013 
  • Timothy Pychyl, “Resolviendo el acertijo de la procrastinación”

 

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3 pensamientos sobre “Procrastinación: “Mañana, sin falta, lo hago” (II)

  1. Silvia

    Bufffff….yo si que tengo ese problema…:(. Pero lo que no sabia yo era que se trataba de un problema psicologico y aun menos, que tiene solucion. Pues ala, ahora ya lo se :). A ver que hacemos con esto…jeje

  2. Pingback: Ansiedad ante los exámenes.

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