Procrastinación: “Mañana, sin falta, lo hago”

 

procrastinar 14     Procrastinación: “Acción y efecto de Procrastinar” (RAE).  Procrastinar: “Diferir o aplazar” (RAE).

      La procrastinación es un tipo de comportamiento que a todo el mundo nos afecta en mayor o menor medida. Consiste en postergar o aplazar de forma sistemática aquellas tareas que debemos hacer, que requieren realizarse, y que son reemplazadas por otras más irrelevantes pero más placenteras de realizar.  O dicho en otras palabras, la procrastinación es eso que muchos tienen como costumbre: dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, o para después lo que es posible hacer ya. 

     La procrastinación afecta a muchos perfiles (desde el directivo que aplaza una y otra vez una reunión porque supone que puede ser muy conflictiva, hasta el estudiante que aplaza indefinidamente estudiar para sus exámenes, etc.). Así, la procrastinación cada vez más se está convirtiendo en un serio de problema que afecta a la salud psicológica de los individuos, pero no hay que alarmarse.  Lo que hay que hacer es actuar para mejorar. Porque procrastinar alguna vez lo hacemos todos. 

     Aunque es asumida popularmente como simple “pereza”, no siempre es así.  Más bien la procrastinación es un fenómeno de tal complejidad que resulta difícil analizarlo, por las complicaciones que presenta en identificar sus orígenes así como las muchas relaciones que se retroalimentan entre sí. Todo esto dibuja un cuadro muy complejo de analizar. En cambio, voy a intentar al menos acercarme al asunto, con la ayuda de algunas referencias que existen dentro de la literatura científica sobre el tema.


¿Porqué posponemos las tareas?

  • Las personas procrastinamos porque le damos más importancia a las ventajas a corto plazo de evitar hacer una tarea que a los beneficios a largo plazo de realizarla. Por ejemplo, posponer el clasificar y archivar el papeleo nos trae la ventaja a corto plazo de no realizar algo que no nos gusta hacer, ya que nos crea molestia, y es obvio que lo queremos evitar a toda costa. Por lo tanto, el posponerlo, nos da el alivio inmediato que sentimos al no tener que hacerlo. Y con la sensación de alivio, olvidamos los beneficios futuros de clasificar y archivar papeles, como sería tener un orden en nuestro lugar de trabajo, encontrar en forma inmediata un documento, etc., por lo tanto, darnos cuenta de los beneficios a corto y largo plazo que trae el no procrastinar, nos evitara muchos dolores de cabeza futuros. 
  • Otra causa es la mala gestión del tiempo. Esto se puede manifestar de muchas maneras: porque queremos abarcar mas de lo que podemos hacer, porque no sabemos priorizar las actividades, etc. El procrastinador suele, o bien sobrestimar el tiempo que le queda para realizar una tarea, o bien subestimar el tiempo necesario (según sus recursos propios) para realizarla. Éstos son solamente un par de los muchos autoengaños en los que el procrastinador incurre, ya que una de las actitudes típicas de un perfil determinado de procrastinador es la excesiva autoconfianza, una falsa sensación de autocontrol y seguridad. Por ejemplo, supongamos que tenemos 15 días para presentar un informe o para preparar un examen. En nuestro fuero interno estamos convencidos de que sólo necesitaremos 5 días para hacerlo, incluso menos. En ese momento pensamos: “hay tiempo de sobra, no es necesario ni siquiera empezar a hacerlo”. Y se posterga día tras otro una tarea que no solamente no nos ilusiona hacer, si no que, en cierta manera “ya hemos terminado” en nuestra mente cuando ni siquiera hemos movido un dedo por ella. Al acercarse el plazo de entrega de forma peligrosa, de repente, nos damos cuenta de que no seremos capaces de cumplir con la tarea que se nos ha asignado. Entonces pensamos “¡No tengo esto bajo control, no tendré tiempo!” y comenzamos a trabajar en ello de forma atropellada, con una gran carga de estrés.  En ese momento aparece en escena otro autoengaño, y es el aquél de: “Solo bajo presión trabajo bien”. Lógicamente porque, llegados a este punto, no hay más opción que ponerse a ello.  Frecuentemente esta actitud y manera de proceder es típica de personas que confían mucho (quizá demasiado) en sus posibilidades. Si, además, es realmente así (la persona tiene realmente esas capacidades) es posible que el final de la historia sea que aquella tarea se entregue en el plazo y con unos resultados óptimos. Esto envía un mensaje aparentemente erróneo al procrastinador: “¡mira qué nota he sacado a fin de cuentas!”, que observa cómo ha obtenido una recompensa a su forma estresada de trabajar; por lo que reiterará en su conducta, aunque ésta siempre le traiga ansiedad y problemas en general. 
  • También podemos encontrar casos de personas que recurren a las procrastinación porque están pasando o han pasado por un estado depresivo o de tristeza profunda, ya que la tristeza y la depresión pueden conducir a estados de letargo e inactividad consentida. 
  • Otro perfil muy distinto sería el de aquellas personas muy activas que disfrutan gestando ideas, pero que no pueden terminarlas porque enseguida se distraen generando ya la siguiente. De esta manera postergan decenas de tareas que obviamente no tienen tiempo para completar. 
  • Otras en cambio son amantes del perfeccionismo, y esto las priva de empezar a realizar proyectos porque temen que no podrán hacerlo tan perfecto como ellas desean, y por lo tanto pierden la motivación. 
  • En ocasiones procrastinamos porque tenemos miedo al fracaso. Así pues, procrastinamos para evitar el potencial fracaso de una acción o decisión. Se sabe que preferimos enfrentar las consecuencias de la inacción, que las asociadas a una decisión potencialmente equivocada. Esto, unido a una baja tolerancia a la frustración, ayuda a “dejar las cosas de lado”, por temor a que nos desborden y por tanto por miedo a cómo nos sentiremos entonces.  

     Y esto solo mencionando una pequeña porción de los muchos perfiles de procrastinador que se pueden encontrar.

     Aunque hemos de reconocer la realidad de que todos, en mayor o menor medida, procrastinamos deberemos estar alertas ante un estilo de vida donde predomine la procrastinación. No debemos olvidar que todos contamos con una tendencia que nos impulsa a escuchar esa voz interna que nos disculpa o nos ayuda a encontrar una excusa “razonable” por la cual procrastinamos. Además esta voz siempre encuentra otras cosas mejores que hacer en lugar de realizar lo que debemos hacer, y encima nos aconseja dejar nuestras tareas para mañana, ya que mañana nos sentiremos más cómodos y de mejor humor para realizar la tarea.

     Si crees que esta puede ser tu situación, no dudes en buscar ayuda profesional ya que la procrastinación tiene un buen pronóstico en cuanto a su ajuste. Recuerda que la procrastinación se inicia como conducta y se convierte en un hábito y, para combatirla, necesitamos crear condiciones que nos permitan remplazarla con nuevas conductas que a la larga también se transformen en hábitos. 

     La próxima semana daremos algunas pautas y sugerencias para combatir y superar nuestra tendencia a la procrastinación.

     Hasta entonces, recibid un cordial saludo.

     ¡Esperamos vuestros comentarios y opiniones!

Fuentes:

  • David Allen, “Getting Things Done”
  • Piers Steel, “Procrastinación: Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy”
  • Timothy Pychyl, “Resolviendo el acertijo de la procrastinación”

 

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3 pensamientos sobre “Procrastinación: “Mañana, sin falta, lo hago”

  1. Berta Pinedo

    Excelente artículo y muy oportuno para este tiempo en el que el sistema nos absuelve tanto que nos olvidamos de hacer lo importante y hacemos solo lo urgente.
    Que Dios les siga dando mas sabiduría para continuar la hermosa labor que realizáis.

  2. Pingback: Ansiedad ante los exámenes.

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