¿Regañar?… Sí, pero regañar bien.

Regañar puede ser útil y beneficioso en un momento determinado para conseguir un cambio de actitud, pero para conseguir esto hay que regañar con un cierto criterio. De lo contrario, si lo hacemos constantemente, de una manera inapropiada o en momentos improcedentes, la regañina se puede volver en contra nuestra y hacer el efecto contrario al que deseamos.

¿Para qué regañamos?

La mayoría de las veces, regañamos con el fin de que se produzca en otro un cambio de actitud o comportamiento. En este caso, el motivo de la regañina ha de ser claro y debemos distinguir entre aquello que personalmente nos molesta y lo que realmente es una conducta inapropiada. Por esto, no podemos dejarnos llevar por nuestras manías ni por nuestro propio interés o comodidad, sino que debe haber un motivo que justifique una regañina. Es decir, no podemos basarnos en motivos personales, sino que hemos de hacerlo ante actitudes que claramente necesiten ser corregidas.

A menudo, creemos que para conseguir un cambio de actitud en los demás es necesario decir las cosas regañando. Sin embargo, esta nos es la forma más idónea para lograrlo y si, además, somos inoportunos en el momento, en el lugar donde lo hacemos y en las formas, no conseguiremos que el otro cambie. Incluso, es muy probable que ni siquiera nosotros seamos la persona indicada para llamar la atención a esa persona o para decirle que cambie su conducta.

Cuando se trata de niños, el propósito de la regañina es que el niño sepa que hay unas normas que tiene que cumplir, que no puede hacer todo lo que le apetezca y que en ese momento su conducta ha sido inapropiada.

Cómo regañar.

  • Debemos buscar el momento oportuno, y esto implica esperar a que esa persona se encuentre receptiva hacia lo que le vamos a decir para que sea capaz de asimilar nuestras palabras.
  • También, debemos buscar el momento en el que nosotros nos encontremos tranquilos y seamos capaces de hablar de manera calmada para poder transmitir nuestro mensaje con claridad. En caso contrario, cuando estamos irritados y enfadados tan sólo conseguimos transmitir sentimientos negativos y, en este caso, la regañina será contraproducente.
  • Concretemos el motivo. No regañemos a nuestro hijo diciéndole que es irresponsable o desordenado, seamos más específicos y digámosle claramente lo que queremos de él como “termina los deberes”, “recoge el cuarto”, u “ordena tu ropa”.
  • Regañar siempre con respeto. Tenemos que saber decir las cosas sin hacer daño y sin ofender, ya que todo el mundo merece nuestro respeto. Es una equivocación insultar, porque eso hace que la regañina se convierta en una pelea y sea imposible la comunicación.

Por todo esto, podemos decir que el objetivo de regañar es conseguir que la comunicación sea efectiva, con el propósito de obtener resultados positivos. De esta forma, será fundamental poder concretar y llegar a acuerdos sobre cómo se va a producir ese cambio de actitud.

Lo que no debemos hacer al regañar.

Cuando regañamos a alguien debemos evitar en todo momento conductas y actitudes como las siguientes:

  • “Sermonear”. Lo único que conseguiremos con esto es que la otra persona se evada de la conversación. Probablemente, pensarán en cualquier otra cosa antes que en lo que estamos diciendo. Así pues, la regañina debe ser breve y directa.
  • Regañar en exceso. Con frecuencia, caemos en el error de regañar una y otra vez por la misma cosa, sin darnos cuenta que con esta actitud tan sólo conseguiremos que el otro se ponga a la defensiva o considere una actitud repetitiva que está harto de oír.
  • Utilizar expresiones como: “cuando yo tenía tu edad”, “que sea la última vez que”, “en mis tiempos”.
  • Nunca regañar delante de los demás. Debemos hablar en privado, donde estemos solos y entonces le diremos todo aquello que necesitemos decirle a nuestro hijo. En caso contrario, si lo hacemos en público, se sentirá humillado y abochornado.
  • No debemos tener una conversación destructiva ni humillar, sino todo lo contrario. Conviene recordar que la regañina debe ser constructiva, con la finalidad de corregir, orientar y evitar que vuelva a suceder aquello que ha ocasionado esa situación.
  • No recurrir a los reproches.
  • No debemos suponer que el otro lo hace con la intención de molestar.
  • No podemos decir las cosas a voces, con resentimiento o con ironía. Si esto sucede tan solo conseguiríamos desahogarnos, pero no obtendríamos ningún cambio en la otra persona.

¡Un saludo!