Rencor: esa cosa inútil que sólo te estorba.

rencor

Las relaciones con los demás nos aportan muchos beneficios pero también implican que puedan surgir conflictos y enfrentamientos. Sentimientos negativos como el rencor, el orgullo o la incapacidad de dar el primer paso, son los culpables de que la reconciliación pueda no llegar a producirse. De esta forma, vamos a considerar cuáles son los enemigos del perdón y qué actitudes y cualidades ayudan a la reconciliación.

Las relaciones con los demás son muy importantes.

Relacionarnos con los demás y contar con su apoyo es algo que ayuda a nuestro equilibrio emocional. Esto contribuye a que estemos cómodos en nuestro entorno. De igual manera, la amistad supone compartir, conocer y participar en la vida del otro y hacerle partícipe y cómplice de la nuestra, apoyándonos en los momentos difíciles. Todo esto se hace de forma desinteresada y recíproca.

No obstante, cuando una relación atraviesa por momentos difíciles, se crean momentos de crisis que ponen en peligro la estabilidad de la misma. Sin embargo, también es cierto que una vez superadas consiguen reforzar la amistad y crear un vínculo más fuerte, que nos va a ayudar a comprender mejor a la otra persona. Por esta razón, merece la pena tratar de solventar y resolver los momentos difíciles por los que podamos pasar en nuestras relaciones interpersonales.

Los enemigos del perdón.

La incapacidad de perdonar implica cierta rigidez emocional y un desconocimiento de uno mismo. Los principales enemigos son el rencor, el orgullo y la incomprensión:

  • El rencor es un sentimiento de enfado profundo y persistente; un resentimiento arraigado que desequilibra y enferma el cuerpo y la mente. El origen del rencor puede deberse a varias razones y el resentimiento que genera se va acumulando hasta que, finalmente, se convierte en deseo de venganza. Así pues, si se toma la decisión de convertir la amargura, y la rabia profunda en un resentimiento duradero, estaremos fabricando rencor, un arma peligrosa que desequilibra y enferma el cuerpo y la mente impidiéndonos disfrutar de la vida. Y no olvidemos que muchas veces, hace más daño el rencor que las ofensas recibidas.
  • La persona orgullosa es exigente con todos los que le rodean excepto consigo misma. Es incapaz de ceder y se enfada con cualquiera que le contradiga o critique. Ante cualquier enfrentamiento con los demás, el orgullo le lleva a pensar que deben ser siempre los demás los que tienen que dar el primer paso. Por este motivo, muchas personas viven durante años enfrentadas o sin hablarse, algunas familias dejan de mantener el contacto, se pierden amistades, se dejan escapar oportunidades de fortalecer nuevas relaciones, etc.
  • La incomprensión está relacionada con la dificultad o incapacidad de ponernos en la piel del otro, de no pararnos a pensar lo que puede estar sintiendo la otra persona. Esto nos convierte en personas intolerantes, incapaces de ver las cosas desde el punto de vista de los demás.
 Hay que evitar actitudes como ir de víctima, culpar siempre al otro, no reconocer que nosotros tenemos parte de culpa, creer que siempre tenemos la razón o poner excusas que justifiquen nuestra forma de proceder, actitudes de desconfianza, etc. No olvides que, ante un resentimiento guardado, cuanto antes lo abordes, más fácil será acabar con el.

Cualidades que ayudan a la reconciliación.

Es cierto que resolver diferencias no es algo que dependa de uno mismo o de tener una buena predisposición para propiciar el acercamiento, ya que el otro puede decidir no querer vernos y no dejarnos ninguna opción. En cualquier caso, de nosotros depende hacer todo lo posible por recuperar la amistad y hacer que la reconciliación se produzca. Vamos a considerar algunas sugerencias para ello:

  • Intenta ser tú quien dé el primer paso para arreglar la situación. No lo veas como una derrota sino como un acto de valentía.
  • Es muy importante desarrollar la capacidad de raciocinio y análisis, aprender a ser objetivos y críticos con nosotros mismos, exigirnos y ser sensatos a la hora de buscar soluciones.  También implicarnos en la resolución de nuestros problemas, intentando evitar esa actitud tan extendida de que sean los otros los que den el primer paso y nos faciliten el acercamiento. Ante esto, es aconsejable acudir al motivo del enfado y tratar de desvelar realmente el porqué y el alcance de tal dolor.
  • Para ello, es muy importante intentar relativizar, tomar distancia y ver aquello que nos preocupa desde una perspectiva clara y objetiva. Después habría que propiciar un acercamiento con la otra persona y procurar que perciba que te importa, que quieres aclarar lo ocurrido y que para ti la relación es muy importante.
  • Escucha al otro con la mente abierta, sin prejuicios y con interés.
  • Intenta desarrollar la capacidad de confiar en los demás y de aprender a reparar en sus cualidades, ser menos exigente, disculpar sus errores, aceptarlos como son y no como nos gustaría que fueran, etc.
  • En el caso de ser nosotros los ofendidos, para aprender a perdonar hay que aceptar el dolor que nos ha producido la ofensa y reconocer que nos han lastimado.
  • Cuando nos pidan disculpas, es muy importante no poner condiciones y conceder el perdón sin pedir nada a cambio, perdonar es un regalo y no un favor que en un futuro nos tengan que devolver.
  • Renuncia a la venganza.
  • No se trata de buscar culpables sino de buscar soluciones e intentar mejorar la calidad de nuestras relaciones con los demás. Quienes llegan a reconocer el porqué de su situación y están dispuestos a perdonar o reconocer que tienen que ser perdonados alcanzarán paz y serenidad interior.

En definitiva, perdonar es una experiencia que provoca que nos sintamos mucho mejor con nosotros mismos y nos ayuda a dejar de recordar cosas negativas que nos entristecen. Y recuerda: para poder perdonar no des cabida en tu vida al rencor, ya que lo único que hará será estorbarte. 

¡Un saludo a todos!

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