Saber Escuchar. Sentirse escuchado/a.

 

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Saber Escuchar. En todas las relaciones sociales que establecemos, la comunicación resulta sumamente importante. Por esto, el lenguaje que los humanos hemos desarrollado (en cualquiera de sus variantes: oral, gestual, icónico, etc.) es el que nos permite vincularnos de manera distintiva del resto de los seres. Ahora bien, esa comunicación que establecemos con los otros tiene algunos aspectos interesantes como, por ejemplo, el saber escuchar.

En efecto, la mayoría de las personas da más importancia a la forma en que se expresa, que a la forma en que escucha. Así que nos preguntamos si, realmente, ¿sabemos escuchar? ¿Relizamos el acto de escuchar al otro de una manera efectiva? Si esto fuera así, no tendría sentido uno de los reclamos más habituales, sobre todo, en las relaciones de pareja o en las relaciones padres-hijos: ocurre cuando una de las partes se queja de que la otra parte no le escucha: “Es que no me escuchas, “no quieres escucharme.

A todos nos pasa que cuando estamos en una situación de conflicto con otra parte, o cuando observamos a dos personas que mantienen un conflicto entre ellas, podemos ver que pareciera que lo más importante para ellas es hablar y, si es posible, hablar primero. Como decíamos, esto sucede porque atribuimos más importancia al hecho de hablar que al de escuchar. 

Saber escuchar. La Escucha Activa.

Saber escuchar es un arte que precisa de gran esfuerzo y paciencia. Para hacerlo adecuadamente, tenemos que atender realmente a lo que nos están diciendo y ponernos en el lugar de quien nos habla, tratando de entenderlo según sus circunstancias y su forma de ver las cosas. A esto se refiere la Escucha Activa.

Tal y como decíamos, una de las necesidades más importantes del ser humano respecto a la comunicación, es sentir que es escuchado. Como sabemos, en la comunicación destacan dos los elementos fundamentales: el emisor y receptor, que en una conversación se alternan. Esto, si lo vemos desde un punto de vista científico. Pero desde el punto de vista social y relacional es diferente. Y es que, además de oír a la otra persona, escuchar es algo fundamental ya que provoca que el mensaje se reciba mucho mejor y que, además, haya una implicación de las personas que hablan. De esta forma, conseguiremos que se sientan más cercanas a nosotros y que se cree un vínculo más estrecho y confidencial.

Por todo esto, saber escuchar no sólo es oír a otra persona, es mucho más. Por un lado se necesita crear cierta empatía entre el emisor y receptor, o que el tema de la conversación sea de interés para ambos. En caso contrario, es mucho más complicado que se quiera escuchar lo que se dice. Una vez que se establece esa relación entre ellos, lo que se expresa es importante para, por lo menos, una de las personas. También, es clave tener en cuenta que, cuando nosotros queremos escuchar a alguien, tenemos que estar abiertos a que lo que se dice e, independientemente de que pueda gustarnos o no, los sentimientos de la persona estarán presentes en la conversación y lo que tiene que interesar es la otra persona y no nosotros.

Escuchar de manera activa implica un máximo esfuerzo, tanto a nivel físico como mental, para tratar de entender la totalidad del mensaje. Al realizar dicho esfuerzo se obtienen una serie de beneficios, tanto para la persona que escucha activamente como para aquella que habla. Entre estos beneficios podemos señalar:

  • Se crea un buen clima para la comunicación, ya que se ve como algo positivo y se favorece la efectividad de los mensajes.
  • Es más difícil que se produzcan malos entendidos, ya que se está prestando atención a la totalidad del mensaje.
  • Se consigue información relevante sobre la persona que habla, el emisor, ya que al demostrarle que tenemos en cuenta sus opiniones y puntos de vista, aumentamos su autoestima y favorecemos que continúe proporcionándonos información importante.

Errores más frecuentes al escuchar.

Como hemos visto, escuchar es una habilidad, en general, poco desarrollada, que requiere gran paciencia y respeto hacia los demás. Veamos cuáles son los errores más comunes que se cometen al escuchar y qué debemos hacer para ser buenos “escuchantes” (sobre el uso del término “escuchante”, nota aclaratoria al final del post).

Algunos de los errores más frecuentes que cometemos cuando somos “escuchantes” en las conversaciones son los siguientes:

  • Interrumpir la conversación. Uno de los errores que con más frecuencia se cometen en las conversaciones es el de interrumpir a quien habla. En lugar de dejar hablar al otro, hay quien se impacienta por tomar la palabra y contar historias similares a las que se están narrando o sencillamente interrumpen y cambian de tema. Piensan que lo que ellos van a decir es más interesante.
  • Alterarse ante cualquier discrepancia. Hay personas que cuando expresan ideas o pensamientos contrarios o diferentes a los suyos, se alteran con facilidad y entran en discusión.
  • Mostrar falta de interés. Cuando permitimos que nuestro tono de voz o nuestros gestos demuestran indiferencia, aburrimiento o agresividad estamos demostrando falta de interés.
  • Criticar a los demás. No debemos hablar ni criticar a personas que no están presentes en la conversación. Demuestra mala educación y poco respeto hacia esa persona.
  • Estar pensando en lo que vamos a decir cuando termine de hablar la otra persona. Cuando nos ocurre esto, dejamos de prestar atención a lo que nos dicen para centrarnos en nosotros y en el momento de poder hablar.

Cómo escuchar bien. Ser un buen “escuchante”.

Por propia salud relacional, todos deberíamos aspirar a ser los mejores “escuchantes” posible. En efecto, quienes escuchan atentamente y saben callar en las conversaciones demuestran una gran inteligencia y sabiduría. Son personas que saben evitar conflictos y problemas innecesarios, pues logran tener un gran conocimiento sobre los demás. Saben cómo son las personas con las que están hablando y qué les gusta, preocupa o desean.

A estas alturas, podemos afirmar que saber escuchar es una cualidad indispensable que facilita las relaciones sociales. Para escuchar bien a los demás debemos de tener en cuenta una serie de conductas en las conversaciones que nos ayudarán a perfeccionar el arte de saber escuchar. Entre ellas destacamos:

  • Escuchar en silencio y con respeto. Escucha atentamente sin interrupciones. No opines, critiques o juzgues hasta que tu interlocutor haya terminado de hablar, entonces podrás exponer con tranquilidad tu opinión.
  • Observar a quien habla. Debemos tener y mantener contacto visual, observar y prestar atención a los gestos, las expresiones no verbales y a las emociones de quien habla. Nos ayudará a comprender con más claridad lo que desean expresarnos.
  • Atentos al lenguaje no verbal. Nuestra postura corporal y gestos han de ser cercanos y lentos para aportar tranquilidad y relajación a quien nos habla.
  • Demostrar que estamos escuchando. Para demostrar a nuestro interlocutor que le estamos escuchando es aconsejable realizar gestos, movimientos de manos o cabeza, una sonrisa o intercalar expresiones como: ¿sí?, claro, entiendo, etc., que indican interés por la conversación. Cuando termine de hablar, también es aconsejable, realizar alguna pregunta sobre lo que nos ha contado. Es señal de que le hemos estado escuchando perfectamente.
  • No ser selectivos. Para ser un buen “escuchante” es fundamental escuchar todas las opiniones y no centrarnos sólo en las que coinciden con la nuestra. Tampoco podemos tener una idea preconcebida de aquello que nos van a decir ya que limitaríamos nuestra capacidad de escucha. 
  • Lograr que la persona que habla se sienta apreciada y valorada por nosotros, y que tenga deseos de expresarnos sus sentimientos o sus opiniones.
  • Mantener una escucha abierta. Tenemos que estar dispuestos a aprender de los demás y saber que toda conversación puede aportarnos algo. No debemos aferrarnos a nuestras ideas o pensamientos, creyendo que son mejores, sino estar abiertos a lo que digan los demás, sin juzgarlos ni subestimarlos.

Todo lo expuesto nos lleva a concluir que, para tener éxito en nuestras relaciones y mantener una comunicación efectiva, es más importante saber escuchar que ser elocuentes y expresarse adecuadamente. Creo que justamente esta es la razón por la que tenemos dos oídos y una sola boca, por lo que deberíamos escuchar el doble de lo que hablamos.

Puede que todo esto te parezca muy complicado o difícil de lograr; tranquilo/a, la buena noticia es que todos estos aspectos se pueden aprender y entrenar. Así que si estás teniendo problemas en tu relación de pareja o en tus relaciones familiares porque no hay una escucha efectiva, o porque no te sientes escuchado/a, no te resignes, se puede mejorar y mucho. Si, acaso, te encuentras en alguna de estas situaciones, recuerda que aquí mismo, en deMostaza, podemos brindarte la ayuda profesional que puedes necesitar.

¡Un saludo a todos!  
 

* Nota aclaratoria sobre el uso del término “escuchante”. Soy plenamente consciente de que el término “escuchante” no está recogido en el Diccionario de la RAE. No obstante, me tomo la licencia de utilizar este término, por cierto acuñado por la periodista Pepa Bueno en su programa “No es un día cualquiera” de RNE (http://blog.rtve.es/noesundiacualquiera/2010/06/oyentes-y-escuchantes.htm), para resaltar y destacar la importancia del acto de la escucha en contraposición al acto de oír. Ambos términos, tienen connotaciones y denotaciones diferentes, siendo mucho más útil para el propósito de este post el uso del término (inventado, eso sí) “escuchante”.